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20 hoteles en los que dormir es lo de menos

Los alojamientos en esta nueva década que ahora comienza serán cada vez más multimodales. Es una tendencia que apunta lejos y que crece de manera imparable desde que el número de plazas por alquileres turísticos ha superado en todo el mundo a los registros de la industria hotelera. Esta nueva fórmula es resultado de una hibridación entre las instalaciones y servicios propios de los hoteles y la vivienda turística. Y aún más con los denominados hostels para jóvenes (habitaciones con literas), el glamping (campamentos, albergues, autocaravanas y casas en los árboles con mucho glamur) y otros complementos imprescindibles para los nuevos nómadas digitales, como los crecientes espacios compartidos de trabajo (coworking).

Un paso más allá en el desarrollo de esta multimodalidad, hoy representada por la comunidad viajera de ­Airbnb, lo acaba de asumir una marca que va a dar mucho que hablar en el panorama turístico durante los próximos años. Creada en Panamá por dos jóvenes emprendedores israelíes, la cadena de alojamientos Selina ha logrado en apenas cinco años abrir 64 alojamientos multimodales en 15 países diferentes de América Latina y Europa.

Nuevas medidas post Covid

La pandemia ha obligado a estos hoteles a adoptar nuevos protocolos de seguridad y saneamiento, como check-in sin contacto, desinfección periódica y frecuente de lugares comunes, limitaciones en la ocupación y cambio de política en las habitaciones comunitaras, que ahora solo podrán ser utilizadas por un máximo de dos o cuatro personas, pertenecientes al mismo grupo de viaje, o por familias.

Las experiencias Selina —no les gusta a sus fundadores llamarlos hostels— incluyen, además del hospedaje, un programa común de bienestar con talleres de yoga y sesiones de relajación, cocina en grupo y clases de elaboración para niños, espacios escénicos para conciertos y otras expresiones artísticas, salas de coworking con refrigerios y restauración, además de un club de surf en los destinos de playa. Estos servicios van dirigidos a los nómadas digitales que poblarán, aún más, el mundo del trabajo y del ocio en los próximos tiempos. Y se sustentan en una filosofía comprometida con la sostenibilidad y la conciencia medioambiental, el bienestar personal, las relaciones con las comunidades locales y el fomento de sus artesanías, el voluntariado y las redes colaborativas, la vida natural, el espíritu libre, el valor de la autenticidad y la personalización de toda la oferta, mediante actividades coloristas, multidisciplinares y con especial énfasis en la arquitectura.

Cada lugar tiene su propia personalidad, a cargo de un gestor de experiencias y de un comité de ciudadanos locales que opinan y recomiendan cómo hacer las cosas mejor durante la estancia de los huéspedes. En sintonía con el espíritu Airbnb, los fieles a Selina conforman una comunidad de viajeros que se reconoce entre sí en todas partes del mundo. Ya sea en Palermo Soho, un establecimiento con generosas vistas a este barrio porteño, o en La Candelaria, empedrada zona histórica de Bogotá con el encanto de los edificios coloniales; en el Selina de Jacó, donde se disfruta de insólitos atardeceres en la costarricense Playa Hermosa; en el alojamiento de Baños, a los pies del volcán Tungurahua, en Ecuador, o el de Atitlán, que lleva el nombre del volcán más energético de Guatemala. En su hotel mexicano Puerto Escondido, su principal atractivo es salir a surfear las olas del tubo de la playa Zicatela; y también poseen el Secret Garden, en el popular barrio lisboeta de Cais do Sodré, y el Selina Liverpool, en cuya genuina taberna se publica el calendario de los partidos del mítico equipo de fútbol local. Para un nómada digital, todos estos hitos en el viaje añaden a su identidad local los mismos signos rebeldes que un grafitero en sus paredes.

La media de habitaciones en un destino Selina oscila entre 30 y 180 euros, ya sean dormitorios dobles, suites, apartamentos o alcobas con literas. Y los precios van desde los 10 euros de una litera en habitación comunal hasta los 350 euros de una suite con todos los lujos.

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