Los científicos que nos rebelamos contra la inacción climática


Las personas abajo firmantes representamos diferentes disciplinas científicas y áreas de conocimiento. El compromiso que expresamos aquí es nuestro y no involucra a las instituciones para las que trabajamos. Desde nuestros diferentes campos de especialización, compartimos la misma observación: durante décadas, los sucesivos gobiernos no han tomado medidas acordes a la magnitud, urgencia y gravedad de la crisis climática, energética y de biodiversidad.

Las amenazas para la supervivencia de nuestra civilización e incluso para la vida en el planeta aumentan cada día. Esta inacción no puede seguir siendo tolerada: la situación es tan grave que hace necesaria la movilización de la comunidad científica para exigir que se actúe de inmediato. Ya no hay tiempo.

No hay duda: extinción masiva y caos climático en marcha

Las conclusiones de los estudios científicos son indiscutibles: las catástrofes se producen ante nuestros ojos y a gran escala. La pandemia de covid que padecemos desde 2020 se origina en una zoonosis relacionada con la deforestación. Las gotas frías, nevadas, lluvias torrenciales, sequías, olas de calor y megaincendios se multiplican y aceleran. En nuestro país, un 75% del territorio está ya en alto riesgo de desertificación.

Estamos viviendo a escala global la sexta extinción masiva: decenas de especies de fauna y flora desaparecen cada día. Los niveles de contaminación son alarmantes desde todos los puntos de vista (plásticos, pesticidas, nitratos, metales pesados, etc.) y sabemos que algunos puntos de no retorno climáticos (tipping points) se han activado.

En 2019, las evidencias científicas de la amenaza para la supervivencia de la humanidad y un colapso global del sistema de la vida en la Tierra llevaron a 11.000 personas de la comunidad científica a lanzar una alerta pública de emergencia climática, dirigida a todos los gobiernos del planeta.

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Miramos arriba, pero no actuamos: lo que dice la ciencia en 2022

Aún así, ni los gobiernos ni los grandes responsables económicos han mirado de frente la magnitud de la catástrofe que ya está en marcha. Para Valérie Masson-Delmotte, paleoclimatóloga y codirectora del grupo I del IPCC, la exitosa película satírica No mires arriba, de A. McKay, se queda corta: “Nuestra realidad como científicos es mucho peor que esta ficción”.

Algunas de las conclusiones de los expertos del primer capítulo del IPCC en 2021 son estas:

“Para que las trayectorias limiten el calentamiento global a 1,5 °C con sobrepaso nulo o reducido se necesitarían transiciones rápidas y de gran alcance en los sistemas energético, terrestre, urbano y de infraestructuras (incluido el transporte y los edificios), e industrial. Tales transiciones en los sistemas no tienen precedentes en lo que a escala se refiere e implican profundas reducciones en las emisiones en todos los sectores, un amplio conjunto de opciones de mitigación y un importante aumento en la escala de las inversiones en esas opciones.”

Pero la realidad es que estas transiciones rápidas que demanda la ciencia y que son posibles, no se están realizando.

En 2022, las emisiones siguen aumentando, los recursos se siguen agotando y los gobiernos siguen subvencionando con dinero público la industria de los combustibles fósiles y otras actividades que dañan tanto el medioambiente como la salud humana. Justamente por ello, en Europa, los gobiernos de Alemania y Francia han sido condenados por sus respectivas cortes constitucionales por inacción climática y en España se está tramitando actualmente una querella climática contra el Estado.

Delay means death. Retrasarnos significa muerte, declaró António Guterres, el secretario general de la ONU, durante la reciente publicación del capítulo II del IPCC, nada más estallar la actual guerra de Ucrania. Este conflicto está relacionado con la crisis climática y de recursos, y así lo recalcó la meteoróloga ucraniana y miembro del IPCC Svitlana Romanko: “El cambio climático y el conflicto tienen las mismas raíces: los combustibles fósiles”. Las causas son las mismas y las consecuencias sobre la devastación global de la vida en la Tierra también van a ser las mismas porque, si seguimos en este camino, el futuro de nuestra especie está directa e inmediatamente amenazado. Los conflictos armados aumentarán, poniendo en juego la seguridad alimentaria y energética de todas nuestras sociedades.

La situación es tan alarmante, tan consensuada y con tan poco impacto en las acciones concretas de los gobiernos, que un gran investigador, el profesor Bruce Glavovic, coordinador del II capítulo del IPCC, acaba de publicar un llamamiento a toda la comunidad científica a dejar de producir informes. En él, declara: “Pedimos que se detengan más evaluaciones del IPCC […] hasta que los gobiernos estén dispuestos a cumplir con sus responsabilidades de buena fe y movilicen con urgencia una acción coordinada desde el nivel local al global”.

¿Quiénes son los responsables del bloqueo de la transición rápida?

Nuestros gobiernos y los lobbies empresariales son directamente responsables del bloqueo de la acción ambiental rápida, al ignorar el principio de precaución y no reconocer que el crecimiento infinito en un planeta con recursos finitos es simplemente lo que António Guterres, llamó “una senda suicida para la humanidad”. Así lo declararon los expertos del capítulo III del IPCC: “La interacción entre economía, política y poder es central para explicar por qué los países con mayores emisiones per cápita, que lógicamente tienen más oportunidades de reducir las emisiones, en la práctica suelen adoptar la postura contraria”.

Los objetivos actuales de crecimiento defendidos por los poderes económicos están en contradicción directa con la reducción de los impactos ambientales por debajo de los umbrales de los límites planetarios. De esta manera, se paraliza el cambio radical de modelo productivo que es imprescindible emprender sin demora y así poder limitar el aumento de temperatura entre 1,5º y 2º.

El sexto informe del IPCC es de una claridad meridiana: los cambios de consumo individual no bastan y hace falta una transformación profunda y rápida del conjunto del sistema productivo, así como una transición justa para los colectivos más vulnerables.

La gobernanza que recomiendan los expertos para realizar este objetivo está orientada hacia la “innovación social” y la creación de “nuevas instituciones” que permitan garantizar la participación real de la ciudadanía y la democratización efectiva de la acción climática. Como indica el IPCC, lo que tenemos que construir ahora son nuevos derechos, nuevas economías y nuevas instituciones para una pacificada democracia por la Tierra.

Del 4 al 9 de abril tendrá lugar la primera acción de desobediencia civil pacífica coordinada internacionalmente por miembros de la comunidad científica. Las recomendaciones consensuadas de la comunidad científica deben convertirse en objetivos vinculantes, con mecanismos institucionales que garanticen la participación real de la ciudadanía, como prevé el convenio europeo de Aarhus desde 2005.

Invitamos a toda la comunidad científica, a todos los colectivos y actores sociales y a toda la ciudadanía, a firmar este manifiesto y a pasar a la acción. Llegó la hora de exigir unos cambios que, de no producirse, van a ocasionar una cantidad inimaginable de sufrimiento. Un sufrimiento que puede ser evitado. Solo si asumimos que nuestro maravilloso planeta tiene límites, y que somos nosotros y nosotras quienes nos tenemos que adaptar a ellos.

En una época de guerras por los escasos recursos, de vulnerabilidad colectiva de la humanidad sin precedente alguno, necesitamos a la inteligencia colectiva funcionando, el compromiso de todas y de todos para reconocer que ha llegado el momento de pasar a la acción, y la valentía para hacerlo.

Recogida de firmas a favor del manifiesto.

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