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A un mes sin caminos ni certezas, indígenas zoques damnificados por lluvias | Video

Algunos no han podido recuperar lo que salvaron de sus cosechas, porque sus caminos siguen bloqueados; unos más quedaron fuera de los censos de afectaciones que implementaron los tres niveles de gobierno, porque ya están en el programa ‘Sembrando Vida’.

Por Ángeles Mariscal

Miles de indígenas de la etnia zoque, que habitan en 13 municipios ubicados al norte del estado de Chiapas, quedaron asentados en lo que ahora se considera “zona de riesgo alto” a consecuencia de los deslizamientos de laderas, del asentamiento de grandes extensiones de terrenos que cubren comunidades completas y del desbordamiento de ríos.

Algunos tienen hasta un mes viviendo fuera de sus casas, otros no han podido recuperar lo que salvaron de sus cosechas, porque sus caminos siguen bloqueados; y unos más quedaron fuera de los censos de afectaciones que implementaron los tres niveles de gobierno, porque ya están en el programa “Sembrando Vida”.

Ahora buscan afanosamente ser escuchados por el gobierno, quieren una audiencia con el gobernador de Chiapas, Rutilio Escandón, y con el presidente Andrés Manuel López Obrador, porque denuncian que su zona ha quedado invisibilizada en el recuento de los daños por las lluvias que afectaron esta región del país.

Censos sesgados

Venancio Hernández Hernández perdió todo. Las lluvias de noviembre pasado ablandaron la tierra y jalaron a su paso más de tres hectáreas de terreno ubicado en una ladera de San José Avellano, del municipio Pantepec.

“Se fue mi casa, no quedó nada, perdí mi cafetal, mi terreno, una camioneta y una moto que tenía… Había café, aguacatillo, plátano, árboles frutales”. A un lado de lo que quedó de su terreno, autoridades de la Secretaría Estatal de Protección Civil colocaron un cartel rojo que dice “ZONA DE RIESGO ALTO”.

Venancio hace el recuento junto a su vecino Agripino Vázquez Villareal, quien también perdió sus zonas de cultivo. Ambos explican que el río, que era chiquito, y “se hizo grande” con las lluvias.

A su paso, el río no solo se llevó sus bienes materiales, también “jaló” a Roberto Carlos López y Fermín Vázquez Hernández, su yerno y su sobrino que perdieron la vida arrastrados por la montaña y el agua.

La desolación de los dos campesinos, viene por la pérdida, pero también por la desesperanza. Y es que el pasado sábado 5 de diciembre, autoridades del gobierno llegaron a la zona a censar a las familias que sufrieron pérdidas, con el fin de que entren en algún programa que les permita recuperar algunos bienes; nadie tiene claro qué programa y qué bienes.

Lo que sí tienen claro Venancio y Agripino, es que las personas que censaron, los excluyeron a ellos y sus familias, al igual que a todos los campesinos que son parte del programa “Sembrando Vida”. Les dijeron que ya con ese programa el gobierno les está ayudando.

“No nos toman en cuenta, no hay quien nos venga a decir, quien nos venga a ayudar. Los del censo no nos hicieron caso… yo sólo pido que me ayuden”, explica Venancio y sin poder contenerse más, rompe en llanto.

Sin caminos saca-cosecha, y sin cosecha

Alfonso Díaz Ávila tiene sobre su espalda el peso de toda la comunidad Nuevo Esquipulas Guayabal, del municipio Rayón, donde habitan alrededor de mil 140 personas en 216 casas. Es el comisariado ejidal.

Hace un mes la lluvia se llevó parte de sus cosechas y los caminos donde sacan las cosechas. “No hay paso, ni los caballos pueden pasar por ahí, los derrumbes y deslaves sepultaron los caminos, se perdieron muchas cosechas porque quedaron sepultados muchos terrenos”.

Lo que se salvó de las milpas “no se ha podido sacar, se trata de maíz, frijol, calabaza y chayote que es para comer y para vender. Los cultivos se concentraban en una casa de Nueva Esperanza y de ahí los sacábamos a vender, ahora no se puede llevar y las cosechas se están pudriendo”.

Alfonso Díaz enfatiza que “el desastre hace un mes que pasó, y para buscar la solución ya hemos metido oficios en la ciudad de Tuxtla (la capital de Chiapas), en el ayuntamiento de Rayón”.

“La comunidad llega a mi casa preguntando cómo le vamos a hacer, y yo ya he tocado puertas de las autoridades, me traen de una oficina a otra, nadie escucha, nadie da una respuesta”.

Un mes sin respuesta

El 2 de octubre los terrenos de la comunidad San Antonio Canelar, municipio Rayón, empezaron a agrietarse, luego vino un asentamiento de la tierra y deslaves. Las 22 familias de ese poblado fundado hace medio siglo, salieron con sólo lo poco que pudieron sacar, ante el riesgo de quedar sepultados bajo miles de toneladas de terreno.
“Todo empezó a asentarse hacia abajo, un metro hacia abajo. Hubo una grieta que se abrió 5 metros de la escuela, las piedras fueron separándose, algunas casas se les partió el piso y se ladearon. Fuimos recorriendo la comunidad siguiendo la grieta, la grieta rodeo toda la comunidad y dejó asentamientos de 80 centímetros. La comunidad quedó totalmente en medio”, cuenta Nelson González Juárez, agente municipal.

A su lado, hay niños, ancianos y ancianas que ahora se aglomeran dentro de los salones de la Escuela Emiliano Zapata, donde se encuentran albergados. Desde octubre no ha dejado de llover en la zona, ni un solo día, a veces una lluvia fuerte, y días como hoy, una llovizna pertinaz.

“Más hacia abajo de la comunidad hay un deslave, entonces hablamos todas las 22 familias y decidimos salir. El de Protección Civil que llegó a ver la comunidad no dijo que ya no podíamos regresar, que es una zona de muy alto riesgo… allá quedó todo, las cosechas, los animales, las casas”.

Nelson González explica que luego que llegó al poblado un ingeniero a hacer el análisis de riesgo, les dijo que era imposible volver a vivir ahí, pero no les entregó el dictamen. “No nos lo han entregado, y sin ese dictamen no podemos gestionar una reubicación, eso nos dijo la presidenta municipal de Rayón cuando hemos ido a pedirle una respuesta a nuestra situación”.

Las 22 familias señalan que les han entregado despensas y colchonetas, pero hasta ahí. Todo lo demás ha sido el vacío y el silencio de las autoridades. “Queremos una audiencia con el gobernador, estamos buscando como llegar a él para que les expliquemos nuestra situación, insiste buscando una respuesta.

A su alrededor, jóvenes como Roberto, muestran las imágenes que tomaron de lo que quedó atrás. Explican que ellos no tienen otro lugar donde vivir, su único patrimonio es esa tierra donde algunos perdieron ya sus bienes, y otros, como Roberto, perdieron la esperanza de tener una solar donde construir su propia vivienda.

Ganadería y monocultivos

La mayor parte de la población zoque que ahora habita la zona, ha pasado por dos grandes desgracias en sus vidas, la primera fue hace 38 años, cuando tuvieron que dejar sus tierras porque el volcán Chichonal hizo erupción.

La segunda es ahora, ante la evidente afectación que hay en toda esta región de selva húmeda y bosques de niebla, donde hay ya manchones de terrenos con ganado y monocultivos.

Lo que les ha dejado estas experiencias, además de la sensación de vulnerabilidad, es también una capacidad organizativa que ahora nuevamente ponen en práctica. El pasado domingo 6 de diciembre, en la Iglesia católica del municipio de Rayón llegaron representantes de al menos 11 comunidades.

Ahí hicieron un análisis de las afectaciones y los riesgos, y empezaron a diseñar las medidas que van a tomar para organizarse como región, para exigir a las autoridades asuman su responsabilidad y den respuesta a la población de los municipios de Rayón, Chapultenango, Amatán, Ixtacomitán, Ixtapanajoya, Pantepec, Tapalapa, Coapilla, Coapinalá, Francisco León, Ocotepec.

Enfatizaron que estos y otros de los municipios afectados por las lluvias, han sido producto de la deforestación que ha traído la promoción del Estado de la ganadería extensiva y los monocultivos; situación que, aseguran, ha vulnerado el ecosistema que ahora lo manifiesta de esa manera.






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