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Activistas afganas acusan a los talibanes de detener a dos mujeres que participaron en una manifestación

Activistas afganas acusan a los talibanes de detener a dos mujeres que participaron en una manifestación


A.N. se ha ido a vivir a casa de un hermano de su marido. Considera que es lo más seguro después de la desaparición de dos mujeres que, como ella, participaron el pasado domingo en una protesta en Kabul contra las restricciones que les imponen los talibanes. No hay noticias de Tamana Zaryab Paryani y Parvaneh Ibrahimkhel desde que el miércoles por la noche unos hombres armados las sacaran por la fuerza de sus domicilios. A.N. y otras activistas afganas alertan de que la represión se está extendiendo.

“Las mujeres que protestamos estamos acostumbradas a las amenazas y los problemas”, confía A. N. a EL PAÍS. Pero lo ocurrido a Ibrahimkhel y Paryani resulta más grave. Nadie sabe dónde están. Los talibanes han negado haberlas detenido. Sin embargo, los hombres que se las llevaron se identificaron como miembros del “departamento de inteligencia” de la milicia. La interlocutora teme por sus vidas.

Antes de su detención, Paryani logró grabar un vídeo en su móvil en el que pedía auxilio y que difundió la agencia Aamaj News. “Ayuda, por favor, los talibanes se han presentado en nuestra casa… Solo mis hermanas están en casa”, se la oye decir muy nerviosa. De acuerdo con algunos testigos citados por los medios locales, también detuvieron a las dos hermanas de Tamana que no participaron en las protestas.

El portavoz de la policía de Kabul, el general talibán Mobin Khan, se ha burlado en Twitter del vídeo que tacha de “montaje”. Por su parte, Khalil Hamraz, vocero de la Dirección General de Inteligencia, ha acusado a las activistas de “difamar a los nuevos gobernantes de Afganistán y sus fuerzas de seguridad para obtener asilo en Occidente”.

Hamraz ha advertido que “ya no se van a tolerar los insultos a los valores nacionales y religiosos de los afganos”. Sus palabras se interpretan como una referencia a la manifestación del domingo, en la que al parecer Paryani prendió fuego a un burka, el sayón que cubre el cuerpo de las mujeres de la cabeza a los pies con apenas una rejilla a la altura de los ojos.

Aunque oficialmente los talibanes no han impuesto el burka, cada vez hay más carteles y recomendaciones en ese sentido. En la última protesta, además de reclamar “igualdad de derechos” y “justicia”, las mujeres también se quejaron de la imposición de “velos y túnicas”, antes de que los milicianos las dispersaran utilizando espray de pimienta. Al menos una de las manifestantes acabó en el hospital.

Los talibanes se hicieron con el poder el pasado agosto. En sus primeras medidas sólo pidieron que las mujeres respetaran el hiyab, es decir que se cubran el cabello y las formas del cuerpo, pero no impusieron un modelo preciso ni restringieron su libertad de movimientos. Incluso prometieron que, a diferencia de su anterior dictadura (1996-2001) iban a poder estudiar y trabajar. Sin embargo, la realidad les desmiente cada día.

“Dictan lo que las mujeres deben vestir, cómo deben viajar, la segregación por sexo en el trabajo e incluso el tipo de teléfono que deben usar”, denuncia la organización de derechos Human Rights Watch en un informe referido a la provincia de Ghazni pero que es aplicable al resto del país.

Las afganas no se resignan al oprobio a que les condena el régimen talibán. A pesar de la prohibición de las manifestaciones, han seguido protestando. Cada día es más peligroso. A. N. recibe continuas amenazas en su Facebook.

“Hace poco mi hijo estaba comprando en una tienda cerca de casa, [los talibanes] le dijeron que me habían visto en televisión y que me transmitiera que dejara de hacerlo”, cuenta en un intercambio de mensajes. “Es cierto que son terribles y monstruos, pero este es mi país, no tengo miedo y sigo protestando. Aprendí de mi madre que se enfrentó a los talibanes hace 20 años, a pesar de que la golpearon y azotaron varias veces”, concluye.

Reunión en Oslo

EFE, Copenhague

Miembros del Gobierno talibán de Afganistán van a reunirse con representantes de la comunidad internacional y con grupos civiles afganos en Oslo del domingo al martes próximo, informa este viernes el Ministerio de Asuntos Exteriores noruego. Entre los grupos afganos figuran líderes femeninas, periodistas y personas involucradas en cuestiones de derechos humanos, ayuda humanitaria y temas económicos, sociales y políticos, según el comunicado.

“Estamos muy preocupados por la grave situación en Afganistán. Es una catástrofe humanitaria a gran escala para millones de personas. Para ayudar a los civiles en Afganistán, la comunidad internacional y afganos de distintos grupos sociales deben dialogar con los talibanes”, afirma la ministra noruega de Exteriores, Anniken Huitfeldt.

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