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Agathe Rousselle, la dama de titanio: “Dejé de ser modelo porque tu identidad desaparece”


Agathe Rousselle (Francia, 33 años) no era precisamente una desconocida en Francia cuando, el pasado mayo, el estreno de Titane en el Festival de Cannes removió toda su vida. Modelo de Vetements o Wanda Nylon, fotógrafa, escritora, fundadora del fanzine Peach y de la marca de ropa (bordada por ella) Cheeky Boom, la protagonista de la película ganadora de la Palma de Oro se movía más o menos bien en ciertos círculos parisienses alternativos. Trabajaba sin descanso desde que, a los 18 años, se fue de casa, huyendo de un hogar desestructurado por el complicado divorcio de sus padres. Se dedicó a lo que pudo, pero sobre todo en aquello que le acercara a su sueño real: ser actriz.

“Desde bien pequeña me gustaba ser el centro de atención y a los 15 o 16 años empecé a pensar que quería ser actriz, pero sin el apoyo de mis padres, sin un apellido famoso ni contactos, resultaba casi imposible. Así que me puse a trabajar en lo que pillara y cada vez que se presentaba una oportunidad de estar delante de la cámara, ahí saltaba”, explica ahora, con la expresión entre feliz y desconcertada: la de alguien que acaba de cumplir un sueño.

La directora de Titane (o “directora del año”, como ya le llama la crítica), Julia Ducournau, encontró a Agathe Rousselle por Instagram y le hizo pasar por varias pruebas sin dejarle ver nunca el guion completo de su largometraje. Rousselle tampoco sabía nada de la directora, no había visto su anterior película, Crudo (2016), que ya sacudió un poco los pilares del fantástico con su female gaze mezclando madurez, identidad y canibalismo; pero en cada prueba iba captando un poco por dónde iba a ir la película, su objetivo de destruir el género, de pasar por encima de identidades.

Agathe Rousselle posa en exclusiva para ‘Icon’ en el Festival de Cine de San Sebastián vestida de Louis Vuitton.Antonio Macarro

Algo con lo que esta modelo y, por fin, actriz, siempre se ha sentido muy reconocida. No explota su físico andrógino, lo disfruta. Lo muestra. “En mi día a día se han llegado a referir a mí como hombre, no me importa”, se defiende. Tanto se rapa la cabeza (lo hizo, durante una fuerte depresión que sufrió en 2017) como elige para la alfombra roja delicados vestidos inspirados en la moda del siglo XIX de la última colección de Nicolas Ghesquière para Louis Vuitton. La clave era ser dueña de ella misma. “Dejé de ser modelo porque tu identidad desaparece”, explica.

Todas sus experiencias en ese sentido se las reveló a su directora en una carta. Y aquello fue lo que pudo decidir a Ducournau, cree Rousselle, a que le diera esta oportunidad de oro: absoluta protagonista en un papel difícil, el de una psicópata, amante de los coches (en sentido casi literal), que encuentra refugio en un bombero anabolizado y autodestructivo. Era mucho que digerir. Pero si salía bien, que ha salido, sería mucho que celebrar. “En cuanto me dio el papel, Julia me explicó al detalle toda la película, todo por lo que iba a pasar, me dio seguridad, me dijo quién estaría en el plató en las escenas más comprometidas y me dio confianza para forzar mis límites”, rememora. Y han debido de ser muchos porque se ríe ahora al explicar que, como espectadora, no soportaba la sangre ni el terror.

En lo físico, Rousselle se dedicó a perder peso y ganar músculo y trabajó con una bailarina de barra para las coreografías. En lo emocional, no solo vio Crudo, también todos los vídeos de YouTube que encontró con entrevistas de psicópatas como Ed Kemper o Ted Bundy. Se quedó con la mirada vacía de esos hombres: sus ojos iban a decirlo todo en una película en la que casi no articula palabras. También vio Monster (2003), Tenemos que hablar de Kevin (2011) y, por supuesto, volvió a Crash (1996). En general, todas las referencias cinéfilas a las que recurre son de cine estadounidense. De joven pasó por una fase nouvelle vague, y de Arnaud Desplechin, y hoy habla maravillas de su compatriota Quentin Dupieux, pero sus referentes son de EE UU.

La idea de que Titane le pueda abrir las puertas de Hollywood y la permita instalarse en Nueva York, su ciudad favorita, es mucho más de lo que habría soñado. Aunque el éxito para ella es otra cosa. Es aceptarse a una misma. “Saber que puedes elegir”. Se ha ganado ese poder.

Realización: Pedro Canicoba

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