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Ahora, Trump depende de Beijing (Artículo)

Ahora, Trump depende de Beijing (Artículo)

Por Heinz Dieterich

  1. El Tri-Campeón estafador 

La triunfante carrera de Donald Trump, quien perdió las elecciones presidenciales en Estados Unidos, pero ocupa la Casa Blanca, se caracteriza por varios campeonatos mundiales. En primer lugar, ha logrado llevar todos los proyectos de inversión y desarrollo inmobiliario que inició, a la bancarrota, sacando siempre ganancias de decenas de millones de dólares para sí, como documentó fehacientemente Erin Burnett de la CNN, subsidiaria de la AT&T.  

En segundo lugar, el líder del “mundo libre” y de la democracia-anhelo de los rebeldes hongkongeses, ha pronunciado públicamente 12,019 mentiras o afirmaciones distorsionadas (false o misleading claims) en sus primeros 928 días en la Casa Blanca, conforme al “chequeo de hechos” (Fact Checker´s database, hasta el 5 de agosto) del Washington Post, propiedad del hombre más rico de la tierra, Amazon Boss Jeff Bezos. 

La tercer medalla de campeón la obtiene el Orange man de Mar-a-lago, Bernie Sanders dixit, porque logró expandir el arte de las transas inmobiliarias privadas (The Art of the Deal) a la nación entera, arruinando la economía del país en menos de tres años. Esta medalla le costó algo de sudor, porque Orange man tuvo que vencer a un duro competidor tropical, al “Presidente Obrero” Maduro de Venezuela, que exhibe el mismo perfil profesional. Ambos usurpan ilegítimamente presidencias. Maduro aplicó el golpe de Estado “blando” con la justicia clasista criolla, cuando perdió la Asamblea Nacional (2015), aún antes de que lo hicieran en Brasil y Argentina. Consolidó la usurpación posteriormente con “elecciones” tipo Mussolini (2018). Ambos actores lucen también su excelso nivel de expertos de la mentira y de fake news, comparten un óptimo nivel de ignorancia en ciencias económicas y están programados para responsabilizar a otros de las consecuencias de su catastrófica política gubernamental. 

  1. El Estafador derrotado

El cuarto campeonato que ganó Trump fue un premio a su ignorancia cultural-científica generalizada. Cuando su gurú estratégico, el inventor del Fascismo del Siglo 21, Stephen Bannon, le calentó la oreja con la idea, de que su misión histórica era destruir al Partido Comunista de China (PCC), en pleno declive del imperio, se le creyó la quimera. Era una idea tan descabellada como la de comprar Groenlandia, construir condominios en las “hermosas playas de Corea del Norte” o recomendar a Xi Jinping, que hablara directamente con los rioters en Hong Kong, para resolver el conflicto. Al asimilar Trump la propuesta de Bannon, firmó su auto de fe de inmolación. 

Ahora, colapsando sus voodoo economics en casa, con la temeraria pitonisa capitalista inverted yield curve (obligaciones estatales de corto plazo rinden más ganancias, yields, que las de largo plazo) profetizando, que con una probabilidad de 90 por ciento habrá una recesión, que le costará las elecciones, su futuro depende de Beijing. ¿De Beijing? Sí, de un acuerdo económico negociado con el Partido Comunista de China desde una posición de debilidad, porque a Trump no le quedan remedios domésticos efectivos para frenar la crisis. 

  1. Hitler fracasa ante Socialismo 20

Trump destruyó en tres años la estabilidad económica creada por Barack Obama después de la crisis capitalista global de 2008, tal como George Bush había echado abajo en poco tiempo la coyuntura económica heredada de Clinton. En este harakiri político de Trump hay dos paralelos con el Fuehrer del Fascismo del Siglo 20, Adolf Hitler. Hitler firmó su sentencia de auto-destrucción, cuando decidió atacar a la potencia hegemónica del Socialismo del Siglo 20, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, para construir el Imperio Alemán en Eurasia. Procuraba emular, como revelan los documentos estratégicos nazis, lo que la pérfida Gran Bretaña había logrado en la India. Para financiar los exorbitantes costos de su máquina bélica conquistadora, empleó el keynesianismo militar. El gran déficit spending necesario para tal aventura iba a ser cobrado por la fuerza a los pueblos sometidos, para no cargárselo a los trabajadores alemanes, cuyo apoyo necesitaba el Fuehrer. Esencialmente el mismo mecanismo de transferencia internacional forzada de riqueza social, que el Estafador de Mar-a-lago vende ahora como “trade war”, tarifas y “make America Great again”, a sus víctimas electorales del 2020.

 

  1. Trump fracasa ante Socialismo 21

Trump, el líder del Fascismo del Siglo 21, ha cometido el mismo error de calculo de la correlación de fuerzas frente al Socialismo del Siglo 21 –encarnado en el liderazgo hegemónico del PCC y Xi Jinping, y la alianza estratégica sino-rusa– que cometió Hitler en 1941. Ahora, el Orange man está en plena retirada, como las fuerzas del Fuehrer después de Stalingrado y Kursk. Y, es muy probable, que ni sus legendarios dotes propagandísticos, ni su disfraz de Santa Claus anti-tarifario o honest broker en Hongkong, evite un descalabro humillante de su campaña napoleónica de make America great again.

 

  1. El Tri-Campeón desarmado

Trump se ha quedado sin instrumentos efectivos de política fiscal y monetaria para controlar el peligro económico, hecho en casa, Made in USA. Como es su costumbre, busca a culpables ajenos. Ahora acusa a la Federal Reserve Board (Banco Central) de ser culpable de la crisis en puerta, mientras recula y asume posiciones ridículas ante China. Para estímulos fiscales ya no hay margen en el presupuesto nacional, después de que él mismo reforzó el corrupto y plutocrático sistema fiscal con su reforma de 2018, en el cual Amazon no pagó un solo centavo en federal income tax en 2018, pese a que obtuvo ganancias de 11.2 mil millones de dólares (¡!). Y el estímulo del dinero barato que Obama usó extensivamente para salvar al capitalismo de la crisis autoproducida de 2008 (quantitative easing) ya no es efectivo, debido a la extrema liquidez de las grandes corporaciones, el mínimo costo del dinero y el excesivo endeudamiento público.

 

  1. 6. Orange man, Santa Claus y Hong Kong

Ante este dilema, Trump se disfraza de Santa Claus. Suspende algunas tarifas para productos chinos con la narrativa de que quiere beneficiar a los consumidores estadounidense en la “época navideña” —China tariffs delayed for ‘Christmas season’— cuando todo el tiempo había dicho, que los costos de su “trade war” los iba a pagar China, no Estados Unidos. Al mismo tiempo, y para distraer de su derrota, ofrece de manera descarada, demagógica y pueril, ayudar con asesoría diplomática –via twitter (¡!)– al muy sofisticado Presidente Xi Jinping, en el problema de Hong Kong. “If President Xi would meet directly and personally with the protesters, there would be a happy and enlightened ending to the Hong Kong problem”. O sea, Trump recomienda, que el presidente del país más poderoso de la tierra, Xi Jinping, hable con los “idiotas útiles” de la Contrarrevolución de Color en Hong Kong, que él mismo dirige vía la CIA estadounidense y el MI6 británico, ¿para lograr “un fin iluminado y alegre al problema de Hong Kong”? 

Grigori Yefímovich Rasputín ha de estar en algún lugar del permafrost siberiano riéndose de tanta estupidez internacionalmente exhibida.

  1. Nancy Pelosi y MitchMcConnel

El martes pasado, Trump escribió que “muchos me acusan a mí y a Estados Unidos por lo que pasa en Hong Kong. No me imagino, por qué” — Many are blaming me, and the United States, for the problems going on in Hong Kong. I can’t imagine why?”. No necesita imaginación el presidente. Basta con escuchar a los líderes más poderosos de los dos partidos del Capital. Mitch McConnell,  líder republicano en el Senado: “Esto no es solo un asunto para la gente de Hong Kong. El trato de la República Popular de China (RPC) a Hong Kong –al igual que su trato de los Uighures o Tibetanos que Beijing reclama como ciudadanos– indica, como los gobernantes de China se comportarán en otras partes… Todos sabemos, que la gente de Hong Kong ha llevado esta bandera por décadas. Y yo estoy orgulloso de anunciar que aquí en los Estados Unidos, hemos marchado a su lado en todo este camino”  — As we all know, the people of Hong Kong have been carrying this banner for decades. And I’m proud to say that here in the United States, we’ve been marching alongside them the entire way.

La más poderosa política del Partido Demócrata, Nancy Pelosi, a su vez, recibió a líderes de la rebelión de Tian An Men (1989) en un evento público ante el Capitolio en Washington, donde dijo, que lo que sucedía en Hong Kong y con los Uighures era “un desafío para la conciencia del mundo”, y que estaba orgullosa de esas “protestas democráticas”.

 

  1. ¿Morir por Washington?

McConnell y Pelosi tienen razón. El imperio estadounidense, generalmente acompañado por sus vasallos trasnochados del British Empire, siempre ha estado al lado de los enemigos del Partido Comunista de China, desde su apoyo a Chiang Kai-shek en la guerra civil, vía la larga guerra de guerrillas en Tibet (1956-1974) y hasta el actual intento de desmantelar la República Popular de China en los frentes de Xinjiang, Tibet, Taiwan y Hong Kong. Y en esta larga trayectoria, siempre han usado minorías de todo tipo, que se inmolaron por los intereses de ambas potencias. El resultado final en Hong Kong, por supuesto, no será diferente. Los manifestantes de Hong Kong nacieron en China y si quieren vivir como ingleses y estadounidenses, tendrán que emigrar legalmente a esos paraísos, porque el hecho bio-geográfica original no se puede cambiar. Si insisten en desbaratar la base normativa de su existencia, formulada originalmente por Deng Xiaoping –“un país, dos sistemas”–  con sus actividades violentas, provocarán, por supuesto, la represión del gobierno central, y no tienen ninguna posibilidad de ganar ese conflicto. Si quieren tomar una decisión racional, deben contestarse dos preguntas.

  1. La pregunta del Dalai Lama

Cuando se planteó al Dalai Lama la operación ST Circus de la CIA en Tibet, el líder espiritual reflexionó largamente sobre la legitimidad de la violencia en el budismo. En ciertas condiciones es legítima, dijo, para después formular la pregunta clave, que todo transformador social responsable debe hacerse ante un proyecto político: ¿Es prácticamente posible realizarlo? Su hermano, que vivía exiliado en la India, respondió afirmativamente al proyecto y estableció los contactos entre los rebeldes pro-feudales y la CIA. Diez y ocho años y miles de muertos después del inicio de las operaciones armadas, la rebelión colapsó (1974). Tal como era previsible desde el inicio. En Hong Kong, la métrica de la derrota anunciada es igualmente clara. ¿Cómo podrán un millón de personas en una “Región Administrativa Especial” derrotar a una población de 1.4 mil millones de personas, que apoya en un 80 por ciento a su gobierno? 

  1. ¿Falsos positivos en Hong Kong?

Es obvio, que la gran mayoría de los manifestantes hongkongeses actúa dentro de las coordenadas de un mundo ficticio y que no entiende, que no son más que peones en el ajedrez geopolítico de una superpotencia inmoral. No lo entiende, como no lo entendió la gente arrastrada por los subversivos en Maidán con la lógica manipulativa del burro y la zanahoria. En lugar de vivir en el paraíso de la Unión Europea, como se les prometió con el supuesto Tratado de Libre Comercio, terminaron habitando uno de los países más pobres y corruptos de la tierra, sin futuro económico alguno. Esto, pese a que las alternativas de entonces eran muy claras. El beneficio del Tratado con la UE resultaría en unos 600 millones de dólares anuales. Si Ucrania perdía las exportaciones a Rusia y Bielorrusia por la subversión de la revolución de color, financiada por Washington con 5 millones de dólares, las pérdidas anuales equivaldrían a unos 19 mil millones de dólares anuales. No se necesitaba la teoría de juegos para saber, que las ventajas objetivas para Ucrania estaban en la cooperación con Rusia. Aun así, Washington y Bruselas impusieron su interés geoestratégico de desmantelar a Rusia, pese a los intereses del pueblo ucraniano. Y dejaron el país en ruinas, como Irak, Siria, Yemen, y todo país donde intervienen.

Ojalá, que los protestantes en Hong Kong entiendan a tiempo que su único valor para Trump, Pelosi y McConnell es él de servir como carne de cañón en la ofensiva occidental por la dominación del mundo.

Heinz Dieterich

Sociólogo, analista político, teórico marxista, asesor de Hugo Chávez, autor del “Socialismo del Siglo XXI” y más de 30 libros sobre la conflictos latinoamericanos. Nacido en Rotemburgo del Wumme, Alemania, y actualmente investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, en la Ciudad de México.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.




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