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Argentina admite que no logrará un acuerdo con el FMI hasta 2022

Kristalina Georgieva reunida con Martín Guzmán en Washington, este martes.MINISTERIO DE ECONOMIA (Reuters)

La evolución de la economía argentina en 2022 está atada a la reestructuración de la deuda de 44.000 millones de dólares contraída con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en 2018. El país sudamericano, muy golpeado después de tres años consecutivos de recesión, no puede afrontar los vencimientos por valor de 19.000 millones de dólares previstos para el año que viene con el organismo internacional. Por este motivo, negocia contrarreloj un nuevo calendario de pagos. La nueva meta, según aseguró esta semana el presidente Alberto Fernández a empresarios, es el primer trimestre del año próximo.

“Me reuní con el ministro [de Economía argentino, Martín] Guzmán y el compromiso es trabajar de manera constructiva. Tenemos que encontrar un buen punto de acuerdo que sea creíble y útil para Argentina”, declaró en rueda de prensa la titular del FMI, Kristalina Georgieva, horas después del encuentro celebrado el martes, sin precisar el contenido del mismo. Para Georgieva, el nuevo programa que negocia el Fondo pretende encontrar “una senda para que Argentina pueda tener políticas firmes para fomentar el crecimiento privado, generar empleo y focalizar el gasto público”.

Argentina celebra elecciones legislativas el próximo 14 de noviembre, en las que elegirá a la mitad de los nuevos integrantes de la Cámara de Diputados y a un tercio de los del Senado. Tras el estancamiento del diálogo a principios de año, los economistas daban por descontado que el Gobierno de Fernández dilataría el acuerdo hasta después de la cita electoral para tener las manos libres en materia de gasto público y déficit fiscal. Pero a un mes de los comicios tampoco hay novedades a la vista. Durante un almuerzo con los principales empresarios del país el martes, el presidente argentino reiteró que las conversaciones “están encaminadas”, pero no prevén cerrar un pacto de reestructuración hasta los primeros meses de 2022.

La última ronda de diálogo comenzó esta semana en Estados Unidos. Guzmán calificó como “valioso” el encuentro mantenido con Georgieva y subrayó su respaldo a la titular del FMI en medio de la crisis interna abierta en el organismo por la investigación abierta contra ella ante un presunto trato de favor hacia Pekín durante su paso por el Banco Mundial.

“Cuando tenés más deuda en dólares significa menos posibilidades de expansión de la capacidad económica y más inflación, cuando faltan los dólares hay menos crecimiento y más inflación”, dijo Guzmán en una entrevista difundida este miércoles en un coloquio empresarial. “Hay que resolverlo”, subrayó antes de criticar al anterior Ejecutivo, encabezado por el conservador Mauricio Macri, por haber solicitado un préstamo al FMI imposible de devolver en las condiciones pactadas.

El FMI aprobó a mediados de 2018 conceder 56.300 millones de dólares a Argentina después de que una brusca fuga de capitales acelerase la depreciación del peso. Tras ganar las presidenciales de octubre de 2019 a Macri, el peronista Alberto Fernández declinó aceptar más fondos que los 44.000 millones ya recibidos hasta ese momento y anunció que buscaría renegociar el calendario de pagos. En septiembre, Argentina pagó un vencimiento de más de 1.800 millones y en diciembre debe afrontar otro más, pero el grueso de los vencimientos se concentra en 2022 y 2023, con desembolsos de más de 19.000 millones de dólares anuales. Pero la falta de acceso a financiación en los mercados internacionales le impide cumplir con esos compromisos.

El Ejecutivo de Fernández pretende cerrar un acuerdo de facilidades extendidas, con menores tasas de interés y plazos de pago de como mínimo 10 años. El pacto alcanzado con el FMI deberá ser ratificado después por las dos Cámaras legislativas argentinas.

La negociación con el FMI ha aumentado las tensiones en el interior de la coalición gobernante Frente de Todos. La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner es partidaria de un aumento del gasto público al que se opone Guzmán por su impacto en una economía con graves desequilibrios macroeconómicos, entre ellos una de las inflaciones más elevadas del mundo, que en 2021 se prevé que volverá a acercarse al 50%.

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