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Bolsonaro: ascenso y caída del líder de ultraderecha | Perfil

Bolsonaro: ascenso y caída del líder de ultraderecha | Perfil

El expresidente Jair Bolsonaro sufrió este viernes el mayor varapalo de su dilatada carrera política: su inhabilitación durante ocho años por atacar sistemáticamente los cimientos de la democracia brasileña con “mentiras atroces”, según dictó la Justicia electoral.

El Tribunal Superior Electoral (TSE) determinó, por 5 votos a favor y 2 en contra, condenar al líder de la extrema derecha brasileña por abuso de poder político en los comicios de 2022, en los que intentó sin éxito mantenerse en el poder y ganó Luiz Inácio Lula da Silva, y despojarle de sus derechos políticos hasta 2030.

El capitán retirado del Ejército, de 68 años, solo podrá volver a concurrir a un cargo electivo o ejercer puestos en la administración pública cuando tenga 75.

Su deseo de ser candidato en las presidenciales de 2026, como manifestó durante la celebración del juicio, se ha esfumado por el momento, pues aún cabe recurso para revertir la sentencia.

DIOS, PATRIA, FAMILIA Y LIBERTAD

Evangélicos, militares, defensores de las armas y del liberalismo económico a ultranza han permanecido unidos a Bolsonaro bajo su lema: “Dios, patria, familia y libertad”.

Un lema calcado al que usaban los “camisas verdes”, fascistas que trataban de emular en el Brasil de la década de 1930 las doctrinas de Benito Mussolini.

Bolsonaro encontró una inspiración en su “amigo” Donald Trump y entronca ideológicamente con otros líderes ultraconservadores, como la italiana Giorgia Meloni, el húngaro Viktor Orbán, el chileno José Antonio Kast o el español Santiago Abascal.

El odio visceral al “comunismo”, el rechazo a la “ideología de género”, la falta de compromiso con el medioambiente, el negacionismo frente a la pandemia de la covid-19 y sus sospechas infundadas contra el sistema electoral coparon de polémicas su mandato (2019-2022).

NOSTÁLGICO DE LA DICTADURA

Nostálgico de la dictadura (1964-1985), el líder de la ultraderecha aplaude y sonríe a sus seguidores cuando lo jalean para que cierre el Parlamento y el Tribunal Supremo, unas manifestaciones que él ampara en la libertad de expresión.

A su silencio después de las elecciones, sin reconocer abiertamente la derrota y sin apaciguar a sus seguidores que permanecieron en las afueras de los cuarteles pidiendo una intervención militar para derrocar a Lula, le siguieron los actos antidemocráticos del 8 de enero.

Ese día, una semana después de Lula asumir el poder, miles de bolsonaristas radicales asaltaron y depredaron las sedes de los tres poderes en Brasilia, mientras Bolsonaro se encontraba en Estados Unidos, adonde viajó dos días antes de dejar la Presidencia.

Sus salidas de tono y su lenguaje soez que él atribuye a su estilo directo y espontáneo fueron su estilo en la Presidencia y provocaron reiterados altercados con la prensa.

En una propaganda electoral, dijo estar arrepentido de las expresiones polémicas que usó durante la pandemia, cuando entre risas llegó a imitar a una persona asfixiándose.

UNA EXTENSA CARRERA POLÍTICA

Descendiente de migrantes italianos, Jair Messias Bolsonaro nació el 21 de marzo de 1955 en una familia humilde en el interior de Sao Paulo, un periodo clave para entender su anticomunismo.

Eran tiempos de dictadura y le marcarían para siempre los enfrentamientos entre guerrilleros y militares que se produjeron en esa región.

Esa fue la semilla que le llevó a alistarse en la Escuela Militar de las Agulhas Negras, en Río de Janeiro. Se formó en 1977. Ingresó en la brigada paracaidista y ascendió a capitán.

En 1986, con la democracia ya de vuelta, escribió un explosivo artículo en la prensa en el que reivindicó mejores salarios para la categoría, llamando casi a la insubordinación. Poco después abandonaría los cuarteles para iniciar su carrera política.

Fue concejal de Río de Janeiro y durante casi tres décadas diputado federal.

En 2018 se presentó a las presenciales y las ganó en segunda vuelta tras una campaña empañada por la cuchillada que recibió por parte de un enfermo mental.

En 2022 perdió la reelección ante su mayor adversario político, el progresista Luiz Inácio Lula da Silva. Hoy está inhabilitado después de tensar hasta el extremo la democracia brasileña.

EL TERCER PRESIDENTE INHABILITADO

Jair Bolsonaro se convirtió este viernes en el tercer expresidente brasileño que es inhabilitado para disputar cargos electivos o ejercer cargos públicos, después de ser condenado en la Justicia electoral por abusos de poder en los comicios de 2022.

Con esa decisión y a falta de agotar todos los recursos, el líder ultraderechista, de 68 años, no podrá disputar ninguna elección durante los próximos ocho años.

El Tribunal Superior Electoral, por 5 votos a favor y 2 votos en contra, le condenó por valerse de su posición de jefe de Estado (2019-2022) “para degradar el ambiente electoral” y crear un estado de “paranoia colectiva” con “informaciones falsas” y “mentiras atroces”.

Bolsonaro se suma así a otros dos exjefes de Estado brasileños que también fueron despojados en algún momento de sus derechos políticos desde el restablecimiento de la democracia, en 1985.

El actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, también fue declarado inelegible, pero por un motivo distinto.

En 2018, el dirigente progresista fue condenado en segunda instancia a 12 años y 1 mes de cárcel por un caso de corrupción.

Esa sentencia le encuadró en la llamada “Ley de Ficha Limpia”, que impide a condenados en segunda instancia concurrir a cargos electivos.

El Partido de los Trabajadores (PT) intentó postularle como candidato presidencial en los comicios de 2018, que ganaría Bolsonaro, pero la Justicia electoral rechazó su registro al estar condenado en un tribunal de apelación.

Sin embargo, en 2021, la Corte Suprema anuló esa y otra condena por corrupción contra Lula, un fallo que le permitió recuperar sus derechos políticos y presentarse a las presidenciales de 2022, que ganaría ante Bolsonaro por un estrecho margen.

El otro expresidente inhabilitado fue Fernando Collor (1990-1992), quien durante su mandato fue acusado de participar en una trama corrupta, lo que desencadenó que el Congreso pusiera en marcha un juicio político con fines de destitución en su contra.

En un contexto de grave crisis económica, Collor renunció con el objetivo de evitar ser destituido por el Congreso y mantener sus derechos políticos, pero, pese a dejar la Presidencia, el Senado aprobó su inhabilitación durante ocho años.

En 2006 se presentó en las elecciones al Senado y consiguió un escaño por el estado de Alagoas.

En mayo pasado, el Supremo lo condenó a ocho años y diez meses de prisión por corrupción y lavado de dinero, por recibir sobornos entre 2010 y 2014, mientras ejercía como senador.

Collor espera en libertad la resolución de los recursos presentados por su defensa. EFE


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