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Caminaron sin rendirse para llegar a Estados Unidos

La perseverancia de una madre buscando una vida mejor para sus hijas, la llevó a caminar desde Honduras hasta Estados Unidos. 

En octubre, Miriam Pérez y sus cuatro hijas salieron huyendo de Honduras y comenzaron un largo camino. La más pequeña de las niñas tiene ocho años, pero las otras están en edad de ser reclutadas por las pandillas a la fuerza. 

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Durante dos largos meses, Pérez viajó con sus hijas en la caravana de migrantes que salió desde Centroamérica. Con hambre y miedo, se encontraron con la ayuda solidaria de los mexicanos que les regalaban comida y agua. 

No fue un camino fácil, y fueron testigos del sufrimiento que se vive en un viaje como este. 

Fue tanto lo que caminaron Pérez y sus hijas que en un solo día podían superar la distancia de un maratón. “Caminábamos 15 horas, caminábamos hasta 45 kilómetros”, dijo Pérez. 

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El peligro de las pandillas en Honduras fue la principal causa que hizo a esta madre traer a sus hijas a Estados Unidos. 

Pérez admite que quiso rendirse durante el camino, pero la seguridad de sus hijas la motivó a seguir adelante. 

Sus hijas tuvieron la misma fortaleza, caminando sin rendirse. “Le lloran y le dicen que no pueden ya seguir. Difícil para uno” dijo Pérez. 

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El 12 de diciembre, la reunificación familiar se concretó tras una solicitud de asilo político. Se encontraron con la madre de Pérez, a quien no había visto en 18 años y a quien sus hijas nunca antes habían conocido. 

“Yo solo levanté mis manos y dije ‘Dios mío bendito! Mi hija está aquí’”, exclamó la madre de Pérez. 

Actualmente, con un grillete en el tobillo, Pérez está esperando una cita con inmigración con esperanzas de que le acepten su petición de asilo político.


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