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Cuando la economía es bio


La crisis climática que amenaza al planeta urge a tomar medidas para frenar el calentamiento global y contribuir a la sostenibilidad de los ecosistemas. En este período de transición hacia una economía descarbonizada, en la que la sociedad empieza a adoptar nuevos hábitos y formas de vivir y consumir, de moverse y trabajar, el uso eficiente y responsable de los recursos naturales y una gestión energética óptima por parte de las empresas son elementos clave.

En este sentido, Ence Energía y Celulosa apuesta por una economía basada en el modelo circular y participa decididamente en la transición ecológica. Sus líneas de actividad, a través de las que suministra bioproductos procedentes de la madera y la energía renovable con biomasa, la convierten en un actor paradigmático de este proceso hacia una nueva bioeconomía, basada en materias de origen natural, renovables, reciclables y biodegradables.

Las compras de madera, por 200 millones al año, aportan riqueza a la España vaciada

“El cambio climático afecta profundamente a nuestro negocio y lo tenemos en cuenta desde hace mucho tiempo, actuando para combatirlo y adaptarnos a él”, aseguró su presidente, Ignacio Colmenares, ante la la Comisión de Transición ecológica del Senado, a principios de este mes como máximo responsable de una empresa impulsora de la bioeconomía y la transición energética”.

 “Son totalmente compatibles la descarbonización de la economía, la sostenibilidad económica y ecológica y la seguridad del suministro”, recalcó.

Plantas energéticamente autosuficientes

Ence ha hecho de la sostenibilidad el eje de la empresa, una apuesta estratégica que también aporta competitividad y garantiza el futuro de la compañía. En sus actividades forestales, productivas y de generación de energía con biomasa agroforestal y de celulosa, así como en su modelo de gestión, están fuertemente integrados los criterios de sostenibilidad económica, social y ambiental.

De esta forma, a través del suministro de celulosa, Ence proporciona una materia prima de origen natural, reciclable, biodegradable y renovable, que en multitud de casos sustituye a otros materiales como el plástico y sus derivados. Sus biofábricas de celulosa en Pontevedra y Navia (Asturias), además, son autosuficientes energéticamente, al aprovechar el calor excedentario del proceso y explotar la lignina, un elemento natural presente en la madera.

Tampoco hay que pasar por alto la generación de valor en la cadena forestal y logística del Noroeste de la Península y la inyección de riqueza en la España vaciada que constituyen las compras de madera en el medio rural, por más de 200 millones de euros al año.

El desarrollo de nuevos productos de celulosa es otro de los hitos de Ence y está ligado al afán de la firma por aportar nuevas soluciones. Pero, en su hoja de ruta, se encuentra también la diversificación hacia la producción de celulosa para materiales textiles, a través de la viscosa, y para géneros absorbentes, como pañales y elementos de higiene femenina. En ambos casos, y gracias a la inversión prevista en su plan estratégico para la planta de Navia, la compañía contribuirá a avanzar en el proceso de sustitución de fibras sintéticas por otras naturales, elaboradas a base de madera de origen local y certificada.

Riqueza para el medio rural

La experiencia acumulada en las fábricas de celulosa y el modelo de economía circular se aplican también a su negocio de energía renovable, por lo que, en todas sus instalaciones, Ence maximiza la eficiencia energética y desarrolla tecnologías para la generación de energía verde, con la que en 2020 fue capaz de cubrir las necesidades domésticas de más de 1,8 millones de personas.

“La generación con biomasa es la única tecnología renovable gestionable sin dependencias meteorológicas y con un fuerte carácter generador de empleo, lo que la convierte en un factor fundamental para una transición justa hacia un modelo energético descarbonizado, tal y como promueven los Objetivos de Desarrollo Sostenible, las políticas europeas y el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030”, subrayan desde la compañía.

De hecho, se dicen convencidos de que, para impulsar aún más la bioeconomía, hay que seguir creciendo en energía renovable. Por ello, Ence “cuenta con una cartera de proyectos maduros de 505 MW que estará lista para empezar a construir a finales de este año, lo que supone multiplicar por 2,5 veces la capacidad instalada actual”, destacan.

Este impulso al aprovechamiento de la biomasa residual agrícola y forestal entronca con la descarbonización del mix energético y con la economía circular, y pone también solución a problemas ambientales como su quema incontrolada. De esta manera, se reduce el riesgo de incendio de los montes y se construyen cadenas de valor para su aprovechamiento y transporte, creando empleo y riqueza en el medio rural.


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