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Diccionario posible para el renacimiento global | Artículo

La reconfiguración del pensamiento occidental, precipitada por la pandemia, no nos somete a ningún espacio o tiempo de “incertidumbre”

Julio Moguel

I

Edgar Morin, en un estudio titulado “Cambiemos la vida. Lecciones de la pandemia”, señala que el coronavirus nos “ha ligado al destino bioecológico del planeta”, agregando que “hemos entrado en la era de las incertidumbres [con lo que] el futuro imprevisible se está gestando hoy”.

Subrayamos en positivo, de dicho discurso, el señalamiento del “destino bioecológico del planeta”, y el planteamiento de que “el futuro [se está] gestando hoy”. Pero hacemos a un lado la idea de “la era de las incertidumbres” para transitar a los conceptos, más precisos y consistentes, de “lo contingente y lo azaroso”, como flechas dominantes en el esquema global de reconceptualización a la que el actual momento pandémico nos convoca a pensar.

Cuartoscuro

El problema de la “gran conceptualización” occidental se basa justo en el pensamiento proyectivo y futurista que domina nuestro medio, sea desde el pensamiento religioso, desde las ideas que heredamos de la Revolución francesa, desde la filosofía hegeliana (dialéctica incluida), desde el pensamiento imperial capitalista, o desde determinadas líneas que se proclamaron y llevaron a la práctica tomando como base el pensamiento de Marx.

La reconfiguración del pensamiento occidental, precipitada por la pandemia, no nos somete entonces a ningún espacio o tiempo de “incertidumbre”, sino a un recorrido en el que priva la contingencia, con alguna ayudadita no mínima del azar. Hannah Arendt ya había descubierto esta trampa del pensamiento occidental, poniendo por delante, para explicar el sentido del Ser, no la malograda idea heideggeriana del Ser-para-la-muerte, sino la idea del Ser-para-nacer.

Hannah Arendt (Foto: Getty)

II

Pero no quisiera abrumar al lector con este tipo de aproximaciones que, sin duda, requieren más debate y una mayor focalización. Paso entonces, con premura, a esquematizar:

*El pensamiento renovador, en estos tiempos pandémicos, tiene que abrirse desde una perspectiva ontológica revisitada, que parta de alguna manera de la fenomenología husserliana, pase por la hermenéutica de la facticidad de Heidegger, y aterrice en el Ser-para-el-otro que desarrolló Lévinas.
*El Ser-para-nacer de Arendt tiene que recolocarse en las discusiones o debates del pensamiento moderno bajo toda una nueva pero empática reconsideración.
*La perspectiva esferológica de Sloterdijk tiene que ser una buena guía para abarcar este último tema, sobre todo en lo que aporta en el primer volumen de Esferas.
*La idea o concepto de la biopolítica tiene que desplazar en definitiva al de la política-política, para lo cual vale la pena seguir la perspectiva planteada por Foucault, pero más recientemente la de un escritor como Roberto Esposito.

Roberto Esposito (Foto: CasaItalianaNYU)

*La idea de “tiempo” o de “nuestro tiempo” o “tiempos” debe dejar atrás las perspectivas genealógicas y finalistas, introduciendo caros conceptos que, como el de “experiencias desnudas” planteado por Armando Bartra, pueda adquirir su muy preciso y pertinente lugar en el actual debate sobre la modernidad.
*Si la política tiene que transformarse en biopolítica, hay que tomar en serio conceptos o ideas-eje como la de patrimonio biocultural, desarrollado con excelentes aterrizajes por autores como Eckart Boege o Víctor M. Toledo.
*Si hemos de regresar, en una “política del nacer”, al marco de la mayéutica, tomemos distancia del lenguaje típicamente “apropiador” o imperialista, para instalarnos firmemente en la conceptualización de los Saberes y del “diálogo de los saberes”, dando al término o al concepto del “conocimiento” toda una nueva connotación. (Remito aquí a aportaciones que han hecho [email protected] como Maya Lorena Pérez, Arturo Argueta o Manuel Parra).
*Revisitar la historia –y la filosofía o el análisis sociológico y político, en algunos de sus escritos– en plumas como las de Carlos San Juan Victoria, para contar con no pocas líneas de una conceptualización fresca y renovada.

III

Propongo, en la argumentación delineada, los siguientes nuevos puntos a considerar:

*Revisar la perspectiva, muy mexicana, del potlash o del regalo, que marca una posibilidad de interrelación humana basada en Ser-para-el-otro desde el valor de la generosidad.

*Pensar las relaciones humanas en el sentido amplio de la necesidad de “tocar(se)”, poniendo el cuerpo humano –y no algunas de sus partes—como base de “la interconexión” humana. En este punto no podemos dejar de acudir a la obra de Jean-Luc Nancy y Derrida.

*Desplazar en esa lógica a “la mente” y “al corazón” como los centros del ser humano, sin que sea la piel el referente básico del continente del ser, sino “la carne”, como en la lógica filosófica que nos proyecta la danza Butoh.

*Revisar el pensamiento rizomático –versus el pensamiento arbóreo– que hace buen rato nos han propuesto Deleuze y Guattari.

*Pensar a la pandemia –y su despliegue–- bajo la idea rizomática de la metástasis, y la “crisis ecológica” bajo un término como el de una “metástasis ambiental”.

*Buscar la forma de renovar lenguajes, de tal forma que sea posible hablar de biobienestar y no sólo de bienestar. (“El bien común”, considerado en Bolivia, se acerca a esta perspectiva).

*Revisar el tema del locus, del territorio o del lugar. Pensar desde aquí el rearme de las relaciones humanas en espacios atópicos en los que los seres humanos puedan vivir como “comunidades de culto, de estímulo, de esfuerzo y de inspiración.”

*Reconocer e identificar como punto originario de las relaciones humanas al pensamiento prelógico [no irracional]. Descubrir, en ese ámbito, el sentido y la importancia del temple, de las sonoridades y de la vibración [lo que Heidegger, Agamben o Derrida recuperan desde el Stimmung] como elementos que permiten establecer, sin sorprendernos, “diálogos de saberes”, no sólo entre los seres humanos sino también entre éstos y los animales no humanos, así como entre aquéllos y los otros seres vivos del “ámbito natural”.

*Identificar, en esa misma lógica, el sentido y la importancia de la firaza, término recuperado en sus mejores términos por Carlo Ginzburg para entender la importancia de lo que comúnmente se considera como un “sexto sentido” o como “intuición”. Esa perspectiva aporta al feminismo verdadero un arma preciosa en su lógica de intervención, pues lleva a reconocer, sin mayores problemas, “la ventaja de sabiduría” que tienen –o pueden tener– las mujeres frente a los hombres, hoy muy importante en la lucha contra un mundo –y su lenguaje– que ha sido básicamente patriarcal.

Carlo Ginzburg (Foto: Planeta de libros)




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