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Dvórnikov, el ‘carnicero’ de Siria encargado de apoderarse del este de Ucrania

El general Alexander Dvórnikov (primero por la izquierda), junto al ministro ruso de Defensa, Serguéi Shoigú, y el gobernador de Rostov, Vasily Golubev, en una visita a Rostov del Don en julio de 2021.
El general Alexander Dvórnikov (primero por la izquierda), junto al ministro ruso de Defensa, Serguéi Shoigú, y el gobernador de Rostov, Vasily Golubev, en una visita a Rostov del Don en julio de 2021.VADIM SAVITSKII (Sputnik via AFP)

Occidente le bautizó con el apodo de El carnicero de Siria, pero el general que ha asumido el mando de las Fuerzas Armadas rusas en Ucrania se asemeja más a un entrenador que llega a mitad de temporada a un equipo roto y con sus figuras haciendo la guerra cada una por su lado. Alexánder Vladimiróvich Dvórnikov (Ussuriisk, 60 años) fue nombrado a principios de abril comandante de todas las tropas en el escenario de la guerra con el fin de unificar un mando que hasta entonces había sido delegado en tres frentes inconexos. Una planificación estratégica fallida que no solo llevó la “operación especial” relámpago que esperaba el Kremlin a una contienda estancada que se acerca a los dos meses, sino que ha puesto en el punto de mira al jefe del Estado Mayor, Valeri Gerásimov.

El nombramiento de Dvórnikov parece lógico, especialmente después de que el Ministerio de Defensa centrase sus objetivos a la región oriental de Donbás y empezara a replegarse de la zona de Kiev. El militar ya está familiarizado con el terreno, pues era su zona al estar al mando del Distrito Militar Sur de Rusia desde 2016, donde ejercía el control directo del 8º Ejército de Armas Combinadas y de las fuerzas de las autoproclamadas repúblicas separatistas y prorrusas de Donetsk y Lugansk. Además, su distrito, a diferencia de otros frentes, ha logrado apuntarse algunos éxitos en la ofensiva contra Ucrania.

Además, Dvórnikov es el comandante de distrito militar de mayor graduación. El presidente ruso, Vladímir Putin, le ascendió en 2020 al rango de general del Ejército, el segundo mayor escalafón dentro de las Fuerzas Armadas rusas. Para situarse, comparte el mismo rango que el ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, y que el jefe del Estado Mayor, Valeri Gerásimov, desaparecido en un elocuente segundo plano desde hace semanas.

“Si Putin hubiera seleccionado a otro oficial para dirigir todo el esfuerzo de la guerra, probablemente habría tenido que relevar a Dvórnikov. Por lo tanto, no hay razón para suponer que Dvórnikov haya sido seleccionado específicamente por una habilidad o experiencia particular que pudiera tener”, destaca un análisis del Institute for the Study of the War estadounidense firmado por los expertos Karolina Hird, Mason Clark y George Barros.

La carrera militar de Dvórnikov no difiere mucho de la de otros oficiales rusos. Graduado en la Escuela Militar de Ussuri Suvórov, fue ascendiendo gradualmente en el escalafón y ejerció como comandante de un regimiento de fusileros en el Cáucaso Norte hasta 2003, por lo que probablemente participó en la segunda guerra de Chechenia. Después fue nombrado subcomandante del Distrito Militar Oriental, y como muchos otros colegas fue rotando de un distrito a otro.

Gracias a esta rotación tuvo la oportunidad de ser elegido en septiembre de 2015 el primer comandante en ser enviado por Moscú a Oriente Próximo para defender al régimen de Bachar el Asad. En opinión de los expertos, ponerle el apodo de El carnicero de Siria es darle demasiada importancia a uno más de los generales rusos que han dirigido brutalmente en ese país una guerra en apoyo del poder de Damasco que en la última década se ha cobrado más de 350.000 vidas y ha obligado a huir a millones de personas.

“Dvórnikov tiene menos experiencia en Siria que muchos colegas suyos. Sirvió como comandante durante 10 meses. En comparación, los jefes de los distritos militares Occidental, Alexánder Zhuravliov, y Oriental, Alexánder Chaiko, sirvieron allí 24 y 20 meses, respectivamente”, destaca el think tank estadounidense, que recuerda que las fuerzas rusas “atacaron a civiles durante toda su intervención” y que debido a la rotación continua de oficiales “todos los comandantes de distrito actuales y muchos otros líderes militares fueron cómplices de aquellos crímenes” contra la población siria.

El nuevo responsable de la campaña en Ucrania participó unos meses en la feroz batalla de Alepo y recibió el título de Héroe de la Federación de Rusia, pero ya había sido nombrado jefe del Distrito Sur cuando aquel sangriento asedio de cinco años terminó en diciembre de 2016. Sin embargo, sí ha podido pesar en su elección por Putin su experiencia como creador de la estructura de mando inicial en el escenario sirio, donde tuvo que integrar una miríada de milicias y restos del Ejército sirio con las fuerzas rusas.

El propio Dvórnikov se ha echado flores en el pasado sobre su papel en aquel conflicto en varios artículos publicados estos años. En una entrevista concedida en 2016 al diario oficial Rossískaya Gazeta, el militar pintaba un escenario apocalíptico para El Asad hasta la llegada del apoyo ruso: “Las tropas gubernamentales estaban exhaustas después de cuatro años de hostilidades y habían contenido la ofensiva terrorista [como llamaban Moscú y Damasco a los rebeldes y opositores] con muchísima dificultad, pero las acciones rusas cambiaron radicalmente la situación en el transcurso de cinco meses y medio”.

Según el general, la clave fue “el trabajo coordinado de la aviación rusa con las unidades del Gobierno [de El Asad] y las milicias patrióticas en tierra” y “la creación en muy poco tiempo de un sistema de asesores que resolvieron con éxito el entrenamiento de las tropas gubernamentales, las fuerzas kurdas y otras formaciones nacionales”.

Y otro artículo escrito de su puño y letra en 2018 reincidió en aquel mensaje: la creación de un mando único bajo su dirección dio un vuelco a la guerra “al no solo garantizar la continuidad y eficiencia del alto mando, sino también vincular todos los elementos en un solo campo de información de reconocimiento y ataque”. Es decir, el mismo trabajo que el Kremlin le exige ahora para coordinar sus antiguas tropas con las maltratadas fuerzas de los distritos occidental y oriental que han sido retiradas de frentes como el de Kiev para reforzar el de Donbás, además de otras unidades como las tropas chechenas de Ramzán Kadírov y las milicias de Donetsk y Lugansk.

Sin embargo, los expertos dudan de que este “nombramiento tardío” de Dvórnikov resuelva de un plumazo los problemas de mando, logística y moral a los que se enfrenta el Ejército ruso en Ucrania. Para empezar, por las graves pérdidas de comandantes sufridas hasta ahora. De hecho, este mismo sábado enterraron en San Petersburgo a Vladímir Frolov, otro general que dependía de Dvórnikov. Después, “por los indicios vistos de que no han podido realizar operaciones ofensivas simultáneas en Jersón, Donbás e Izium”. Y por último, por el propio mando de Dvórnikov hasta ahora.

El distrito Sur había sido el más efectivo por su alta preparación antes de la guerra en contraste con el resto, cuyas unidades fueron desplegadas antes de la invasión con poco tiempo para cohesionar sus estructuras. Sin embargo, tampoco ha logrado un triunfo total: Mariupol aún resiste casi dos meses después de comenzar la guerra. “Dvórnikov ha estado al mando de las operaciones en la ciudad. Puede que intentase aplicar muchas de las lecciones aprendidas en Siria, pero su dirección de la guerra urbana en Mariupol no ha sido notable ni en su éxito, ni en su velocidad, ni en sus costes humanos”, dicen los expertos.

Además, destacan los expertos que si su experiencia de Alepo fuera un factor decisivo, habría sido nombrado antes para el frente de Kiev: “Las tácticas y los enfoques utilizados por las fuerzas rusas tanto en Siria como en Ucrania no son exclusivos ni de Dvórnikov ni de otro comandante en concreto”.

En una entrevista concedida el pasado diciembre al diario Estrella Roja, en plenas negociaciones diplomáticas contrarreloj entre Moscú, Washington y la Unión Europea para evitar la guerra mientras Rusia reforzaba su despliegue en torno a Ucrania, Dvórnikov dejó algunas pistas de la futura guerra. “En abril de 2021 fue la primera vez que las tropas del Distrito Militar Sur llevaron a cabo un ejercicio tan masivo durante el invierno”, dijo el general. Dvórnikov presumía en relación con aquellas maniobras de que sus fuerzas habían recibido más de 1.500 equipos militares “de última generación” y que contaba con 160 batallones “de choque”. “Dada la difícil situación político-militar de nuestra zona, el liderazgo nos ha dado prioridad en el rearme de las tropas. De momento, hemos alcanzado una modernización del 71% de nuestro arsenal”, agregó.

“Pensamos que [los rusos] quieren lograr en las próximas dos semanas unos objetivos tangibles, físicos, en Donbás, pero hasta dónde llegarán, no lo sabemos con tanto detalle”, aseguró el Pentágono esta semana. Este será el gran reto de Dvórnikov, quien según los expertos es un firme candidato para suceder a su jefe directo al frente del Estado Mayor. Valeri Gerásimov sigue desaparecido de los focos tras el fracaso de una “operación especial” que contemplaba derrumbar al Gobierno de Volodímir Zelenski en un rápido avance sobre Kiev . Cincuenta y dos días después, ni siquiera han sido tomadas las regiones de Donetsk y Lugansk por completo desde los territorios ya controlados por los secesionistas prorrusos.

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