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El Departamento de Justicia de EE UU bloquea la fusión de dos gigantes editoriales con una demanda antimonopolio

Sede de la editorial Penguin Random House en Londres.LEON NEAL (AFP)

El Ejecutivo del presidente Joe Biden parece haberse tomado muy en serio su lucha contra los monopolios. Además de las grandes tecnológicas, en el punto de mira por un supuesto abuso de posición de mercado, este martes le ha tocado el turno a dos grandes del sector editorial. Impedir “un gigante editorial, que perjudicaría a autores y consumidores” es el objetivo del Departamento de Justicia al presentar una demanda antimonopolio para bloquear la adquisición por parte de Penguin Random House, propiedad de Bertelsmann, de su cercano competidor, Simon & Schuster, una operación valorada en 2.175 millones de dólares. Como se alega en el documento presentado hoy en el Tribunal de Distrito de Columbia, esta absorción permitiría a Penguin Random House, que ya es la mayor editorial del mundo, ejercer una influencia enorme sobre los libros que se publican en Estados Unidos y sobre los derechos de autor, además de empequeñecer la oferta a los lectores.

El acuerdo de Bertelsmann con ViacomCBS superó ampliamente la oferta realizada a Simon & Schuster por el magnate de los medios Rupert Murdoch, el polémico dueño de News Corporation. Si la fusión hubiera salido adelante, el conglomerado resultante habría tenido en nómina a los autores más vendidos del mundo, como los superventas EL James y Stephen King, entre otros muchos.

“La reclamación presentada hoy para garantizar una competencia justa en la industria editorial de Estados Unidos es la última demostración del compromiso del Departamento de Justicia de buscar oportunidades económicas y equidad a través de la aplicación de las leyes antimonopolio”, dijo el fiscal general, Merrick B. Garland, según el comunicado emitido por el Departamento.

“Los libros han conformado la vida pública estadounidense a lo largo de la historia de nuestra nación, y los autores son el alma de la edición de libros en Estados Unidos. Pero sólo cinco editoriales controlan la industria editorial del país”, subraya el fiscal general. “Si se permite que la editorial de libros más grande del mundo adquiera a uno de sus mayores rivales, tendrá un control sin precedentes sobre esta importante industria. Los autores y consumidores estadounidenses pagarán el precio de esta fusión anticompetitiva: menores avances para los autores y, en última instancia, menos libros y menos variedad para los consumidores”.

Como las editoriales más importantes, también son cinco las grandes tecnológicas (conocidas como Big Five) contra las que se dirige la política antimonopolística de la Casa Blanca. Con el nombramiento de destacados partidarios de la regulación, como Lina Khan, responsable del organismo regulador del comercio (FTC, en sus siglas inglesas), Biden apuesta por la libre competencia en condiciones de mayor equidad que las permitidas hasta la fecha: el modelo de las grandes tecnológicas comiéndose a dentelladas el mercado, mediante la absorción de sus pequeños competidores, es el paradigma. Un ejemplo contra el que los fiscales de medio centenar de Estados, así como el FTC, han emprendido numerosas acciones en los últimos años con resultado desigual, en paralelo a la ofensiva regulatoria en la Unión Europea (UE).

“Al evitar que Penguin Random House extienda su control del mercado editorial de EE UU, la demanda evitará una mayor consolidación en una industria que tiene un historial de colusión”, explico Richard A. Powers, de la División Antimonopolio del Departamento de Justicia.

La industria editorial ya está muy concentrada, como subraya la denuncia. Solo cinco editoriales, conocidas, al igual que las tecnológicas de Silicon Valley, como las Big Five, pueden ofrecer una plataforma de distribución, publicidad y repercusión comercial que no está al alcance de otros competidores menores. La demanda alega que la adquisición de Simon & Schuster permitíra a Penguin Random House, propiedad de Bertelsmann, controlar cerca de la mitad del mercado para adquirir los derechos de publicación de los libros más vendidos anticipadamente, dejando a cientos de autores individuales con menos opciones y un margen de negociación muy reducido. Según sus propios documentos, como se describe en la denuncia, Penguin Random House considera el mercado editorial estadounidense como un “oligopolio” y su adquisición de Simon & Schuster tenía como objetivo “consolidar” su posición como editor dominante en el país.

En julio el presidente Biden firmó una orden ejecutiva para impulsar la competencia, con 72 iniciativas a implementar por una docena de agencias federales, para frenar la consolidación de grandes conglomerados, un fenómeno creciente en las últimas dos décadas. Esos grandes consorcios, a juicio de la Casa Blanca, ahogan la competencia y la innovación y son, en última instancia, responsables de un empobrecimiento del mercado. La demanda presentada hoy contra la gran fusión editorial es no obstante uno de los movimientos más significativos de los nuevos aires antimonopolísticos que se respiran en Washington.

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