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El extraño momento de The Cure: entre la gloria en directo y la pobreza creativa


“Un día vi un punto brillante en el horizonte, y era mi talento, que se alejaba”. La frase no es de Robert Smith, sino del humorista Joaquín Reyes en su todavía recordada imitación del líder de The Cure en el programa de TVE Muchachada Nui. El manchego lo clavó yendo más allá de todo lo que aquella frase significaba. El programa se emitió en abril de 2008, seis meses antes de que los grandes bastiones del rock siniestro publicasen su último álbum hasta la fecha, 4:13 Dream. Tardaron tres años en grabarlo y fue un fracaso de crítica y ventas al que siguió un parón creativo que parece haberse convertido en una condena para la banda británica.

Pero, paradójicamente, eso no implica que la popularidad y el prestigio de los Cure haya decaído. Todo lo contrario. Para empezar, la banda no ha dejado de tocar en directo, siempre con una recepción y unas críticas fabulosas. En España se les ha podido ver en giras de pabellones y en festivales como FIB, Primavera Sound, Bilbao BBK Live y Mad Cool ocupando posiciones estelares, algo que no había sucedido antes en su carrera. Además, y al igual que sucede en el caso de Bruce Springsteen, parece que el sexagenario Smith intenta plantar cara al paso del tiempo batiendo récords de duración en sus actuaciones en vivo. El absoluto, por cierto, lo estableció en Ciudad de México la noche de su 54 cumpleaños, en 2013: cuatro horas y cuarto. The Cure pueden presumir de un repertorio infalible y variado que garantiza el poder tocar durante cuatro horas sin que la intensidad decaiga, pero, atención: casi todo el cancionero que suelen interpretar se centra en lo grabado entre Three Imaginary Boys (1979) y Wish (1992): los nueve álbumes que publicaron en sus 13 primeros años de carrera. Exactamente el mismo tiempo que ha transcurrido desde su último trabajo.

Robert Smith actuando en el Mad Cool Festival (Madrid) en julio de 2019.Europa Press News (Europa Press via Getty Images)

“Creo siempre que es preferible revisitar un catálogo grandioso en directo antes que hacer discos malos”, expone la escritora argentina Mariana Enríquez. “Antes pensaba que no, que eso es convertirse en parodia, pero hay tantas bandas que me gustaban mucho que siguen adelante con discos vergonzosos que pienso que mejor la nostalgia o si no el retiro. Si les gusta tocar, porque no creo que necesiten dinero, adelante”. La ganadora del Premio Herralde de Novela por Nuestra parte de noche (Anagrama, 2019) y subeditora de Radar, el suplemento cultural del diario Página/12, es fan confesa del grupo. “The Head On the Door [1985] fue el primer casete que me compré”, recuerda. “Con el tiempo los seguí escuchando, pero quedaron asociados a mi infancia. A los 13 años me escapé de casa para ir a verlos y el recital terminó con butacas incendiadas, desmanes y un clima muy violento. Yo vivía en La Plata, a 50 kilómetros de Buenos Aires, les dije a mis padres que me quedaba a dormir en casa de una amiga, y no me acuerdo casi nada del show”. Cultivadora del relato de reminiscencias góticas ―como se advierte en su compilación Las cosas que perdimos en el fuego, de 2016―, Enríquez duda de que la banda británica haya influido directamente sobre su literatura, “aunque en algunos de los relatos sobre adolescentes yo sé que esas chicas escuchan a The Cure”, asevera.

Iconos atemporales

Si hiciésemos una rápida encuesta, la mayoría de la gente diría que The Cure es un grupo de los años ochenta, y muy poca la situaría en el siglo XXI. Sin embargo, ha sido en las dos últimas décadas cuando el poder icónico de Robert Smith ha tenido mayor repercusión. Puede que todo empezase en los albores del milenio, en 1998, un momento en que el autor de Boys Don’t Cry parecía estar a punto de caer en el olvido hasta que los creadores de South Park lo convirtieron en un dibujo animado que le llevó a ser reivindicado por nuevas generaciones. Robert era el superhéroe que salvaba al mundo de una malvada Barbra Streisand. El peterpanismo post punk derrotaba a la balada pastelosa de los adultos. También se advirtieron reivindicaciones del mito en películas de Tim Burton y de Paolo Sorrentino (aunque Smith declarase luego que el personaje encarnado por Sean Penn en This Must Be The Place se parecía más al cantante del grupo The Mission que a él). Para Mariana Enríquez, de hecho, el mayor legado del líder The Cure a la cultura popular está en el look. “La imagen de los artistas es algo considerado menor por muchos críticos de rock, que suelen ser varones. Para mí casi que es la mitad de la cuestión”, argumenta la escritora. Con respecto a Robert Smith, destaca “las camisas blancas, el pelo que tantos trataban de imitar, como mis amigos de adolescencia, y, por supuesto, los labios. Tiene algo de andrógino, pero no etéreo ni bello a lo Bowie, más bien asexuado, diría. Y la voz quejosa y dulce. Como un payaso que no da miedo. Y hay algo de romanticismo triste en él también”.

Lol Tolhurst, Porl Thompson, Simon Gallup, Robert Smith, Boris Williams y Roger O’Donnell posan durante la gira ‘The Kissing Tour’ en 1987.Icon and Image (Getty Images)

En el aspecto plenamente musical, su impacto se ha extendido a bandas de todas las generaciones y no solo procedentes del universo oscuro. “Su obra es tan bestia que durante décadas ha ido impregnando a gentes de muy distinto pelaje”, certifica Borja Prieto, personaje todoterreno en la industria musical que fue su jefe de producto en España cuando trabajaba en Universal. Según él, todo comenzó cuando, en los años ochenta, el sello Sire distribuyó en EE UU a Depeche Mode, The Smiths y The Cure y los convirtió en grupos con potencial de estadio. “Han atravesado generaciones y dejado una huella imborrable en nu-metaleros, rockeros y estrellas del pop. Los Deftones, AFI, Jimmy Eat World, Miley Cyrus…. Me chifla que sean un grupo mainstream y que hayan atravesado la cultura popular con una propuesta tan personal, a su aire y sin ser esclavos de las modas”, argumenta el que también fuera teclista e ideólogo del grupo indie Meteosat y actualmente dirige la agencia creativa Está Pasando.

Vamos, Robert, sal a bailar

Aunque The Cure apenas haya grabado en este siglo, su líder podría publicar un excelente álbum recopilando las colaboraciones vocales que ha registrado. La más memorable, Not In Love, junto a Crystal Castles en 2010, pero también temas junto a Billy Corgan, Blink-182, Faithless, Junkie XL, Junior Jack, Paul Hartnoll (Orbital), Korn, Gorillaz o, la última, este mismo año, con Chvrches. Aunque nada de esto en nuestro país ha tenido tanta repercusión popular como el mencionado Celebrities de Muchachada Nui. De hecho, ya es un clásico que, en sus conciertos españoles, los fans le canten el soniquete de “Vamos Robert, sal a bailar, que tú lo haces fenomenal” a la hora de pedirle los bises.

Durante la pandemia, tuvieron otro momento de inesperado rebrote de popularidad, con un meme que decía “No soy experto en la covid-19, pero esta es la cura” junto a una foto del grupo. Como en el caso de South Park, en vez de poner una estampita a una virgen o un santo, muchos de los fans del pop siguen encomendándonos a Robert Smith como el superhéroe que salvará de la fealdad al mundo. “Mi primer concierto suyo fue a los 12 años, y desde entonces no me he recuperado, mi adicción sigue intacta”, afirma Prieto. “Es un grupo perfecto para engancharte, lo tiene todo: looks variopintos, etapas oscurísimas, canciones imperiales… Su huella está en todas partes: series, películas, tus grupos favoritos o el arte en todas sus extensiones. Su importancia es capital en la historia de la música y, además, a muchos nos enseñaron que ser rarito también molaba”.

Este meme que dice “No soy experto en la covid-19, pero esta es la cura” dio un protagonismo inesperado al grupo de música al inicio de la pandemia.

Las declaraciones más recientes de Smith―un hombre que no se prodiga mucho ante los medios, y cuando lo hace nunca se sabe si está diciendo la verdad― hablaban de que ya tenían grabado un nuevo disco. Según sugería, sería un trabajo lúgubre, atormentado y con textos de honestidad brutal en la onda de su obra maestra Pornography (1982). Después dijo que habían terminado otro álbum en un estilo completamente diferente, más pop. Y, además, que existía un tercero que era “solo ruido” y que se había planteado publicarlo en solitario, pero seguramente se iba a quedar en un cajón. Al parecer, los dos nuevos discos de The Cure solo están a la espera de mezclarlos y no deberían tardar en ver la luz. “Yo siento algo de curiosidad, aunque hace mucho que no es una banda de la que espere demasiado. Personalmente, a mí ya me dieron todo lo que necesitaba en su momento”, expone Mariana Enríquez. Borja Prieto muestra mucho más entusiasmo. “Estoy temblando, completamente a favor y con fe ciega. Para mí, The Cure trascienden lo musical. Además, habrá gira y esta vez voy con mis hijos mayores”. Las citas, el 10 de noviembre en Barcelona (Palau Sant Jordi) y el 11 en Madrid (WiZink Center).

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