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España incumple desde hace una década sus cuotas para reasentar refugiados



Recepción en el aeropuerto de Barajas por parte de personal del Ministerio de Inclusión de 116 refugiados de Siria, Irán, Irak y Afganistán, el pasado mes de diciembre.

España incumple las cuotas que se marca para el reasentamiento de refugiados. Desde 2010, cuando se puso en marcha el programa nacional de reasentamiento, los sucesivos Ejecutivos se han comprometido a traer y acoger a 5.284 refugiados, pero solo 3.352 personas se han beneficiado de esta iniciativa. Un 37% de las cuotas comprometidas se ha quedado sin cubrir, según los datos facilitados por la Secretaría de Estado de Migraciones.

Los números reflejan no solo que el número de personas que llegan cada año está por debajo del compromiso asumido, sino lo mucho que tardan en llegar. Es habitual que el procedimiento, complejo y burocrático, acabe alargándose dos años. Los ejercicios de 2020 y 2021 han sido especialmente complicados por las restricciones sanitarias.

El reasentamiento es un proceso por el que los Estados acogen, protegen y facilitan el traslado de refugiados que han huido de su país de origen y que se encuentran en un tercer país que les ha dado asilo temporal. El objetivo es ofrecerles una solución duradera porque donde viven, generalmente en campos de refugiados, o se encuentran en grave peligro o tienen necesidades imposibles de satisfacer.

Ninguno de los tres ministerios implicados en el programa de reasentamiento (Interior, Migraciones y Exteriores) concreta los motivos por los que esta herramienta tiene un desempeño limitado. La Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur), que hace la primera identificación y selección de los perfiles más vulnerables para reasentar a refugiados en todo el mundo, apunta algunas claves. “A veces la demora se puede producir por complicaciones en los permisos de salida del primer país de asilo, refugiados que terminan dándose de baja en el proceso por cambio en sus circunstancias personales, por cuestiones médicas, limitaciones de movilidad debido a la pandemia o por falta de recursos para la acogida”, explica una portavoz.

Andrea Romano, profesor de Derecho Constitucional y experto en protección internacional, sitúa a España entre los países europeos que menos han desarrollado su política de reasentamiento. Romano ve un problema de escasa experiencia en el caso español. “A diferencia, por ejemplo, de los países nórdicos, en España es un instrumento relativamente reciente y puede que haya una falta de experiencia, de recursos humanos y de conocimiento sobre cómo agilizar su ejecución”, explica.

El Ministerio de Migraciones confía en que, más allá del sistema nacional de acogida, los municipios participen de los compromisos de reasentamiento con sus redes locales. Este planteamiento, sugieren fuentes del departamento, busca cómo afrontar las consecuencias del declive demográfico en muchas zonas del país.

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Los programas de reasentamiento están presentes en todos los continentes, y EE UU, Australia y Canadá son países reconocidos por el compromiso en este ámbito. En teoría, el reasentamiento es una fórmula que se quiere reforzar, pues es una de las pocas vías legales para que quien huye de la persecución no solo migre de forma segura, sino que encuentre más facilidades para su inclusión en la sociedad de acogida. La UE, a pesar de lo que pregona la Comisión, no se destaca por sus niveles de compromiso y cumplimiento. Solo 13 países tienen programas nacionales.

Acnur calcula que 1,47 millones de refugiados necesitan reasentamiento. “Pero el número de plazas que los Estados ofrecen anualmente es limitadísimo”, mantiene su portavoz.

España, a raíz de su ley de asilo de 2009, estableció el mecanismo por el que se rige el programa nacional de reasentamiento. El Consejo de Ministros establece cada año el cupo que el sistema de acogida puede asumir y se pone en marcha un procedimiento en el que participan tres ministerios, Acnur y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). A pesar de que no cumple sus propias cuotas, España sí ha ido aumentando su compromiso con los años, y desde 2018 su oferta es de hasta 1.200 plazas anuales. La mayoría de los refugiados que llegan a España gracias a estos programas procede de campos en Jordania, Líbano y Turquía. Suelen ser, sobre todo, sirios. Pero también hay iraníes, eritreos, etíopes o sudaneses.

85.000 afganos necesitarán protección en cinco años

El reasentamiento no es lo mismo que la reubicación, como la que fracasó estrepitosamente en Europa tras la llamada crisis de los refugiados que llevó al límite a Italia y Grecia en 2015. La reubicación es una transferencia de solicitantes de asilo de un Estado de la UE a otro, una vez que ya han llegado a suelo europeo por sus propios medios. El reasentamiento, en el caso de Europa, consiste en ofrecer una acogida duradera a refugiados que se encuentran en un tercer país, no europeo, de forma provisional.

La crisis de Afganistán supondrá un nuevo desafío en reasentamientos para el mundo, y especialmente para la UE. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, declaró a primeros de octubre que 85.000 personas necesitarán protección bajo programas de reasentamiento en los próximos cinco años, y que la UE debería acoger a la mitad. España, tras evacuar a 1.900 afganos desde agosto, asumió una nueva cuota y se prevé que dé cobijo a otros 600.


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