Esto es lo que se sabe del golpe de Estado en Sudán | Video

El Ejército de Sudán dio este lunes un golpe de Estado que materializa el repunte de las tensiones políticas durante las últimas semanas y que supone la interrupción del proceso de transición abierto en 2019 tras la renuncia del entonces presidente, Omar Hasán Al Bashir, debido a las protestas contra su gobierno y a las presiones militares.

Sudán contaba hasta ahora con unas autoridades de transición que salieron de un acuerdo entre militares y civiles tras la caída de Al Bashir y que habían puesto en marcha una batería de reformas e incluso logrado un histórico acuerdo de paz en octubre de 2020 con algunos de los principales grupos rebeldes del país.

Asimismo, las autoridades de transición lograron un acuerdo para la entrega al Tribunal Penal Internacional (TPI) de Al Bashir y otros acusados de crímenes de guerra y contra la Humanidad durante el conflicto en Darfur, sin que hasta ahora se haya materializado.

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Sin embargo, los dos últimos años han estado marcados por diversas tensiones entre los componentes civiles y militares de las autoridades -representadas principalmente en el Consejo Soberano de Transición y el Gobierno, encabezado por Abdalá Hamdok- debido a las diferencias de opinión sobre las prioridades o los ritmos del proceso de transición.

Uno de los primeros conflictos tuvo lugar a principios de 2020 a raíz de un encuentro en Uganda entre el presidente del Consejo Soberano de Transición, Abdelfatá Al Burhan, y el entonces primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, celebrado sin conocimiento previo del Ejecutivo y en el que las partes acordaron estrechar sus lazos.

Las críticas desde el Gobierno en un momento en el que Sudán e Israel no contaban con relaciones diplomáticas -normalizadas a final de año a través de los ‘Acuerdos de Abraham’- fueron finalmente selladas con un acuerdo para mejorar la coordinación y después de que Al Burhan reconociera que se había excedido en sus competencias.

A pesar de ello, las relaciones han estado marcadas por las críticas sobre las competencias de los civiles y los militares, situación que repuntó tras la reorganización del Gobierno en febrero para dar cabida a los grupos rebeldes firmantes del acuerdo de paz de 2020 y las protestas en el este del país.

Así, en septiembre se produjo una intentona golpista achacada a militares vinculados a Al Bashir que fue rápidamente abortada por el Ejército, que se erigió como defensor de la revolución de 2019 y del proceso de transición, si bien la situación hizo aumentar las demandas de los elementos civiles para una reorganización en el seno de las Fuerzas Armadas.

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En este contexto, aumentaron las críticas contra Al Burhan por la ausencia de un proceso de retirada de militares vinculados al expresidente de las filas del Ejército y las peticiones a favor de que la Policía y los servicios de Inteligencia fueran puestos bajo el paraguas de Hamdok, algo rechazado de plano por Al Burhan y por el vicepresidente del Consejo Soberano, Mohamed Hamdan Dagalo.

En respuesta, los elementos militares criticaron al Gobierno por la situación y achacaron a los políticos el aumento de las tensiones y las protestas en el país, al tiempo que Al Burhan abogó directamente por disolver el Ejecutivo para instaurar uno más “inclusivo” y aceptable para las Fuerzas Armadas, que cuentan con un gran peso en el país africano.

El militar Abdelfatá Al Burhan, artífice del golpe de Estado. Foto: Reuters

De hecho, Sudán ha sido escenario de numerosos golpes de Estado militares desde que obtuvo en 1956 la independencia de Reino Unido, incluido el que llevó en 1989 al poder a Al Bashir, derrocado igualmente a través de una asonada.

Las tensiones políticas se materializaron en los últimos días en una serie de manifestaciones y contramanifestaciones a favor del Ejército y de las autoridades civiles, mientras que Hamdok hizo un llamamiento a un “diálogo” para “mirar al futuro en lugar de ahogarse en los detalles del pasado”.

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Finalmente, tras semanas de alertas sobre la inminencia de una nueva asonada, el Ejército dio un golpe de mano con la detención de Hamdok y de varios ministros y miembros del Consejo Soberano, así como del vicepresidente del antiguo grupo rebelde Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán-Norte (SPLM-N), Yasir Arman, actualmente asesor del primer ministro.

El Ministerio de Información ha indicado que Hamdok fue arrestado en su vivienda y trasladado “a paradero desconocido” después de que un grupo de militares rodearan su vivienda y tras negarse a expresar su apoyo público al golpe.

El primer ministro Abdalá Hamdok. Foto: Reuters

Asimismo, destacó que el primer ministro había hecho un llamado a la población a “ocupar las calles” para “defender la revolución”, lo que se vio seguido por una serie de movilizaciones en Jartum que fueron reprimidas por las fuerzas de seguridad, que abrieron fuego contra los concentrados, dejando dos muertos y más de 80 heridos.

Poco después, Al Burhan materializó el golpe al anunciar la disolución del Consejo Soberano y el Gobierno, además de decretar el estado de emergencia. Así, argumentó que la decisión ha sido adoptada para “preservar” la revolución tras las últimas manifestaciones, incluida una sentada de cientos de personas para reclamar al Ejército hacerse con el poder.

La oficina de Hamdok denunció “una ruptura del documento constitucional” y “un golpe contra los avances de la revolución por la que el pueblo se sacrificó para buscar libertad, paz y justicia”, en medio de los llamados a la calma y la contención por parte de la comunidad internacional, que reclamó preservar el orden constitucional.

(Con información de Europa Press y Aristegui Noticias)


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