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Futbolistas como robots


”La tecnología está proporcionando unas ayudas tremendas”, dice Jorge Candel, que fue médico de la selección española en el apogeo de Xavi e Iniesta. “Yo creo que vamos hacia la época de la implantación de chips subcutáneos en los deportistas profesionales”.

El traumatólogo, uno de los pioneros del empleo sistemático de la bioquímica para prevenir lesiones en equipos de fútbol, reflexiona sobre los avances en la monitorización del organismo de los jugadores con el fin de que rindan al máximo durante el mayor número de partidos posibles. “Al margen de consideraciones morales, con los chips se incluiría el control de la variable que todavía permanece desconocida: el tiempo y la calidad del sueño”, señala. “Fisiológicamente está demostrado que en las horas de sueño es donde se producen las adaptaciones del cuerpo al entrenamiento y la competición. Si el sueño no es suficiente, el trabajo no se traduce en rendimiento. El chip subcutáneo permitiría determinar si el sueño ha sido reparador o no, y los preparadores físicos tendrían esa información en tiempo real, conociendo incluso variables químicas como la urea. Hay jugadores que no se dan cuenta de que duermen mal, y a veces se someten a cargas de trabajo que, debido a la falta de recuperación, los pueden lesionar”.

Candel pondera de esta forma el alarmante resultado del informe que publicó FIFPRO, el sindicato mundial de futbolistas, el mes pasado. Tras examinar la progresiva sobrecarga del calendario de competiciones de 40.000 jugadores en las últimas tres temporadas, los auditores de KPMG encargados de realizar el sondeo concluyen que la comunidad de futbolistas se encamina hacia un cuello de botella del que no podrán salir sin correr cada vez más riesgos de lesión. Se apoyan en el estudio que publicó la Universidad de Linköping en asociación con la UEFA en 2016, donde tras analizar 4.083 lesiones en más de 133.070 partidos profesionales de máximo nivel europeo, se advierte que los jugadores que compiten a intervalos menores de cinco días, multiplican un 21% el riesgo de roturas musculares.

“La evidencia científica disponible muestra que debería facilitarse un margen de recuperación de cinco días entre partidos”, reclama Vincent Gouttebarge, el médico de FIFPRO, que define como “zona crítica” los periodos de recuperación inferiores. Su estudio denuncia que todos los jugadores han aumentado su exposición. Incluso aquellos que solo disputan competiciones domésticas, que desde 2018 han pasado de jugar un 30% a un 42% de los minutos sin haber gozado de cinco días de recuperación. Los internacionales que disputan la Champions han aumentado su exposición a las lesiones en un promedio que ha ido del 51% a un 57%, y se detecta un grupo extraordinariamente sobreexplotado que ha llegado a disputar el 67% de los minutos sin suficiente tiempo para recuperarse correctamente, según el dictamen de Linköping. El portugués Rubén Dias (Manchester City) y el holandés Frenkie de Jong (Barcelona) ocupan la cabeza del ránking de los que superan una línea roja que se ha traspasado, según FIFPRO, porque la FIFA y la UEFA han añadido demasiadas jornadas de Champions o selecciones a un calendario que ha alcanzado el límite.

Aliada con las ligas nacionales y las asociaciones de aficionados, FIFPRO reclaman a FIFA y UEFA que inhiban el afán organizador que les ha llevado a inflar sus torneos. Si en la temporada 2001-2002, los jugadores que disputaron la final de la Champions y el Mundial, como Roberto Carlos, no superaron los 63 partidos (52 con el club y 11 con la selección), en la temporada 2020-2021 fueron varios —Mbappé, Pedri, De Jong, Jorginho, Werner o Rubén Dias— los que jugaron más de 63 encuentros y hasta pasaron de un total de 70. El diferencial no reside en los partidos de Ligas y Copas, que se mantienen, sino en el aumento de las jornadas de selección, que se han duplicado. Desde septiembre de 2020, De Jong disputó 21 partidos con Holanda, Mbappé 17 con Francia, y Jorginho 18 con Italia, por mencionar algunos de los casos más llamativos.[LADILLO]<HS>

La paradoja

Pedri, que se lesionó después de participar en 52 partidos con el Barça y 16 con España, es una ominosa cicatriz en la conciencia del fútbol español, que ha perdido a su jugador revelación en el arranque de la Liga y en los partidos que decidirán la clasificación de la selección para el Mundial.

FIFPRO apela al caso de Pedri para recordar que la sobreexplotación tiene consecuencias. Los traumatólogos vinculados a clubes, sin embargo, advierten de la existencia de una paradoja. La ciencia médica y la metodología del entrenamiento han conseguido servir de amortiguador. Con la ayuda de métodos de prevención que en los años 90 no existían, hoy es posible exprimir hasta el límite los organismos de los futbolistas sin que las lesiones aumenten de forma considerable. El proyecto más exhaustivo para demostrarlo lo han desarrollado entre 2000 y 2019 la UEFA y, otra vez, la Universidad de Linköping. El rastreo de 49 equipos de Champions —3.202 futbolistas— a lo largo de 1,8 millones de horas de competición con 11.820 lesiones, ofreció un resultado que los autores definieron como “una historia de éxito para la medicina deportiva”. Revela que la tasa de lesiones de ligamentos descendió un 5% en entrenamientos y 4% en partidos, mientras que el promedio de lesiones musculares se mantuvo estable. Al menos hasta 2019, se redujeron las lesiones más graves a pesar de que los jugadores recorren más kilómetros por partido y realizan más esfuerzos máximos que hace 20 años.

Candel, que se encargó del cuidado del Valencia bicampeón de Liga a principios de siglo, dice que el punto de inflexión fueron los análisis de sangre. “En el Valencia hacíamos analíticas intentando anticiparnos a la posibilidad de fatiga”, dice, “y pasábamos informes mensuales en relación con la carga interna biológica de cada futbolista. Las muestras nos indicaban cómo se adaptaba el organismo al esfuerzo. Hay unas 40 variables. Cuando veíamos, por ejemplo, las enzimas musculares, la testosterona, o el cortisol alterados, dábamos descanso”.

La ciencia aumentó la capacidad física de los futbolistas al tiempo que el negocio multiplicaba la facturación. Pedri, Olmo, Skriniar o Dias, dan fe de esta senda con siete días de vacaciones cada uno en 2020-21, los que menos, según FIFPRO. “¿Cuándo descansaremos?”, se quejó Thibaut Courtois, el guardameta del Madrid, agotado hace un mes, durante la Liga de Naciones. “¡No somos robots!”.

No son robots. Pero van camino de que les implanten un chip.

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