Héctor Cartas, el campesino zapoteca que cosechó maíz en el patio de su casa

Por: Diana Manzo

Unión Hidalgo, Oax.- Una mañana de junio, en el patio de su casa que se ubica frente a la calle, Héctor Cartas Salinas, de 75 años de edad, miró que una espiga de maíz crecía, lo que le inspiró a cultivar este grano y hacer de este espacio de tierra una milpa que cosechó en este mes de septiembre, después de noventa días de intenso cuidado.

No es común que en las jardineras de una casa donde la mayor parte de las personas siembran flores o árboles frondosos se cultive maíz y menos que una cosecha frondosa y verde como la de “Ta Héctor” ilumine la calle.

El campesino que con su arado y pico labró la tierra en su patio exterior, es muestra de que no se requiere de grandes extensiones de terreno para cultivar sus propios alimentos.

Nativo de Unión Hidalgo en el estado de Oaxaca, Héctor Cartas Salinas heredó el oficio de albañil por su padre, pero la agricultura es su pasión. Durante 30 años laboró en una escuela secundaria de la localidad como personal de servicio y ahí aprendió a cultivar maíz, calabaza y otros alimentos, al igual que operar maquinaria agrícola y también cuidar ganado.

“Me sorprendió ver la vida en un maíz”, expresó el campesino biniza (zapoteca), que contó que en un espacio de 3 metros de ancho por 22 de largo decidió cultivar por primera vez decenas de granos, como una forma de mostrar lo que heredó de sus ancestros. 

El paisaje verde de su cosecha y la combinación del azul de su vivienda crearon vida en este espacio que Héctor y su compañera, Velia Martínez Matus, sembraron para cultivar sus propios alimentos.

“No puedo pedir más, me siento afortunado”, señaló este campesino al recordar que “valió la pena” los noventa días que protegió día y noche su cosecha e inclusive adaptó una lámpara de mayor iluminación en la calle, pues temía que malhechores lo destruyeran.

La admiración por la cosecha fue tanta, que personas que lo veían no lo podían creer y otros se acercaron a pedirle una recomendación o método de cuidado.

“Cuando se quiere, se puede, no importa dónde, hay que hacerlo”, explicó el campesino al compartir que esta primera cosecha dio muestra de que la vida alimentaria puede hacerse desde los hogares sin mucho dinero, solo el tiempo y las ganas.

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El ciclo de la vida alimentaria lo logró Héctor. “Sembré, coseché y cultivé elotes”, contó al señalar que la cosecha lo compartió con sus hijas, nietos y vecinos, que admirados comprobaron con tamales y atole su logro.

Ver que su cosecha dio fruto, contagió al campesino de seguir usando la tierra de su patio, ahora al interior. En un espacio de 3 por 3 metros, “Ta Héctor” espera otros 20 días para cosechar y volver a disfrutar de su elote tierno y su atole caliente.

“Me siento muy feliz y quiero sembrar más, entendí que no se requiere de mucho para lograr tanto y eso me da felicidad”, agregó el campesino que todos los días al llegar a su casa, se detiene, platica con su cosecha y la admira; está convencido que “sin maíz no hay vida, no hay país”.

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En México, la investigadora Rosaura Citlalli López Binnqüist, coordinadora del Centro de Estudios Tropicales (Citro) de la Universidad Veracruzana (UV), externó que el proceso de cultivo y producción de maíz está en riesgo, porque en México se han aplicado políticas públicas que fomentan una producción a gran escala de algunos productos, dejando de lado “los policultivos, sistemas forestales, agroforestales, múltiples y tradicionales como la milpa”.

La doctora en Desarrollo Rural por la Universidad de Twente, aclaró que casi todos los pueblos originarios de México tienen historias en donde el maíz se integra a los mitos, “es la planta principal de nuestro país”, aclaró.

“El maíz es una es la planta que además de darnos memoria histórica, del origen de lo que somos como mexicanos, también está ligada a los territorios en cuanto a la riqueza biocultural”, recalcó la investigadora y lamentó que “ahora se importe el grano, cuando todavía se puede sembrar”.


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