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La Game Boy no se fabrica desde hace años, pero todavía hay españoles creando juegos nuevos


Imagina que para escuchar una canción de los Beatles tuvieras que conservar el disco original de los 60 y reproducirlo en un modelo de tocadiscos determinado que lleva 50 años sin fabricarse. Esto, que nos parece descabellado cuando hablamos de música o cine, no es tan raro en la industria de los videojuegos. Muchos juegos nacen para una consola determinada y, cuando esta deja de fabricarse y queda obsoleta, corren el riesgo de volverse injugables e incluso de desaparecer.

La dificultad para poder disfrutar de juegos antiguos ha hecho que en los últimos años empresas como Sony o Nintendo hayan puesto a la venta versiones en miniatura de sus consolas antiguas. En estas no se pueden reproducir los juegos originales pero, en su memoria, incluyen algunos de sus títulos más populares. Pero, ¿qué pasa con los juegos que se han quedado fuera de estas nuevas consolas? ¿Y con los de consolas mucho más antiguas, cuyos fabricantes ya ni existen? En un hilo publicado este 15 de septiembre, el diseñador de videojuegos valenciano Jaime Grau hablaba de los intentos por preservar muchos de estos títulos clásicos para que no acaben por desaparecer. Ha superado las miles de reacciones en menos de una semana [puedes leerlo al completo al final del artículo].

“La mayor parte de la población no da por hecho que los videojuegos también son un bien cultural que preservar, no porque la gente no esté de acuerdo con que lo sean, sino porque no cae en la cuenta o porque ni si quiera se les ha pasado por la cabeza”, cuenta a Verne Jaime Grau, valenciano de 29 años. “De hecho, creo que parte de la gran repercusión del hilo de Twitter se debe a ese golpe de realidad”. Daniel García, historiador y autor del ensayo sobre conservación y análisis historiográfico de los videojuegos Yacimiento Pixel, coincide: “Realmente quien piensa que los videojuegos no deben preservarse o entenderse como patrimonio lo hace más por prejuicio que por otra cosa”, cuenta a Verne.

Hay casos en los que la conservación de videojuegos requiere un trabajo de arqueología en su sentido más clásico, como ocurrió con el juego de 1982 E.T. El extraterrestre, de la consola Atari. Este título, un fracaso que llevó a la quiebra a Atari, acabó enterrado por la compañía en el desierto de Alamogordo (Nuevo México) en 1983. Un grupo de arqueólogos liderado por Andrew Reinhard, uno de los mayores expertos en arqueología digital del mundo, los localizó y desenterró en 2014.

Los juegos que se conservan en la nube

Sin embargo, preservar un videojuego no se parece demasiado al trabajo de conservación o restauración que se realizaría con una pintura o con los hallazgos de un yacimiento arqueológico. Incluso recuperando el código fuente –el desarrollo digital original del videojuego–, este puede no funcionar en los dispositivos actuales, tener código desfasado o necesitar una readaptación.

“Andrew Reinhard [el arqueólogo que desenterró los cartuchos de ET] propone que el código de los videojuegos no solo debe conservarse, sino también excavarse”, cuenta Daniel García. “Revisarlo con ojos de detective, de arqueólogo, para ver qué decisiones se tomaron, si existe código muerto, etc.”, explica.

En su hilo sobre conservación de los videojuegos, Jaime Grau pone el ejemplo de GOG (Good Old Games, Buenos Juegos Viejos), una desarrolladora polaca –autora de, entre otros, el popular Witcher 3– que localiza juegos populares de ordenador de los 80 y 90, consigue sus licencias, los readapta arreglando los fallos que pudieran ocasionar en los ordenadores actuales y los vende en su tienda online. “Los emuladores –programas que permite arrancar videojuegos de una plataforma en otra diferente– llevan años entre nosotros, pero GOG ha hecho un trabajo fantástico permitiendo que con dos clics puedas jugar a un juego retro sin preocuparte por nada”, explica a Verne. “Esto tiene un gran valor especialmente para los que no están metidos en el mundo de la emulación, o directamente sus habilidades digitales no están tan desarrolladas”.

Otro de los grandes ejemplos de preservación es MAME, un emulador que permite descargar y jugar a miles de títulos de máquinas recreativas de forma gratuita, o The Internet Arcade, desde donde puede jugarse online –gratis también– a más de 1.500 juegos [aquí te recomendamos algunos de ellos]. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con GOG, estos dos proyectos no cuentan con los derechos de reproducción y distribución de sus juegos, aunque la mayoría de ellos se encuentran en un limbo legal.

Los propios responsables de GOG, en el documental GOG: Preservando el pasado y el futuro del videojuego, hablan del laberinto legal en el que se encuentran los juegos antiguos. En muchos casos los derechos están fragmentados (la música pertenece a una compañía, el código a otra…) y en otros, cuando las empresas han quebrado, ni siquiera se sabe a quién pertenecen los derechos de los videojuegos y quién puede reclamarlos.

Un videojuego no es solo el juego

Aunque la parte más importante de un videojuego y la que más información contiene es el juego en sí, un videojuego es más que su contenido. En la introducción Yacimiento Pixel, Daniel García pone un divertido ejemplo partiendo de una supuesta apocalipsis en la que los humanos se extinguen y la siguiente civilización del planeta Tierra encuentra un videojuego:

El videojuego les contaría, les narraría, algo sobre nosotros, bien a través del análisis de su contenido, bien estudiando el propio objeto en sí (composición, diseño, materiales utilizados…). Por ejemplo, el Made in China de una Playstation 4 o el Made in EU de la edición europea de BioShock Infinite les indicaría dónde se habría fabricado la consola y la carcasa del videojuego respectivamente.

También existen iniciativas para conservar esa parte más material de los videojuegos. “En España, por ejemplo, tenemos a Recreativas.org, una web que puso en marcha David Torres y que está llevando a cabo una labor de patrimonialización de las recreativas españolas brutal”, cuenta García. “Casi todo lo que tiene son fotos, vinilos decorativos o los manuales de instrucciones, porque muchas de las máquinas y de las placas se han perdido o se han deteriorado y ya no funcionan”.

Además, en España contamos con uno de los pocos museos en el mundo dedicado exclusivamente a las recreativas: Arcade Vintage, el Museo del Videojuego de Ibi (Alicante) que abrió en junio de este año. Tiene más de 300 máquinas arcade de los años 70, 80 y 90 restauradas para que los visitantes puedan recordar y aprender de la historia de los videojuegos de la mejor manera posible: jugándolos.

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