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La guerra económica


El Banco de España ha certificado la desaceleración de la economía nacional en la presentación de sus previsiones para los años 2022 a 2024. El pronóstico llega 24 horas después de que los datos del paro registrado arrojaran resultados esperanzadores. Marzo ha ofrecido la mejor cifra para este mes desde 2008, el paro cae pese a la guerra, la afiliación sube en 140.232 personas y se registra un aumento significativo de los contratos indefinidos. Por primera vez desde que hay series históricas, los indefinidos superan el medio millón en un mes, en torno a uno de cada tres nuevos contratos, como efecto de la aplicación de la reforma laboral aprobada en diciembre de 2021.

Pero la guerra está aquí, y el Banco de España confirma en su informe los efectos anticipados sobre nuestra economía por indicadores como el de pedidos industriales y de servicios, donde se detecta una ralentización del ritmo de crecimiento, sobre todo durante la segunda mitad de marzo. La institución ha señalado tres causas básicas: el encarecimiento de las materias primas, en particular el gas y el petróleo; la pérdida de dinamismo del comercio internacional y el empeoramiento de las expectativas de consumidores y empresas. El resultado de esta ecuación es la reducción de casi un punto en el crecimiento real del 5,4% al 4,5% del PIB para el año 2022 y en línea con lo previsto para el conjunto de la eurozona. El efecto se arrastraría hasta el año 2023, y parte del crecimiento perdido se recuperaría en 2024. Con estas cifras, España retrasará hasta finales de 2023 su objetivo de alcanzar los niveles de actividad económica previos a la pandemia.

Muy preocupante es el aumento de la inflación promedio del año, que el Banco de España sitúa en un insoportable 7,8% para el conjunto de 2022, máxime teniendo en cuenta que la entidad ha estimado el plan del Gobierno y sus efectos moderadores en el precio de los combustibles y de la energía, con entre un 0,5% y un 0,8% de reducción del IPC. El impacto sobre el ahorro de las familias será notable y se deberá prestar atención a sus efectos en el bienestar y el consumo de los hogares, particularmente de los más vulnerables.

Persisten fuertes riesgos que implican no solo a la evolución de la invasión de Ucrania sino también a la reacción de los agentes económicos. El análisis, por tanto, debe tomarse con cautela. No obstante, y pese a la alta incertidumbre, la institución ahuyenta, de momento, el fantasma de la estanflación, es decir, una alta inflación con estancamiento económico. En su escenario más adverso, sigue proyectando un crecimiento sólido tanto para 2022 como para los años siguientes, impulsado además por los buenos registros obtenidos tanto en el último trimestre de 2021 como en los dos primeros meses de 2022.

El balance global apunta así a un retraso en la recuperación económica, pero, salvadas las cautelas, en ningún caso avala un horizonte suficientemente adverso como para perder la confianza en la capacidad de la economía española de sobrellevar la difícil situación generada por la guerra de Ucrania.


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