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La inflación se dispara al 5,5%, su cota más alta en casi tres décadas, por el encarecimiento de la energía


Los precios subieron en octubre un 5,5% respecto al año pasado, una cota que no se veía desde septiembre de 1992, hace 29 años. El dato preliminar, publicado este jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE), marca un nuevo pico para la inflación en España este año, que lleva en una tendencia alcista desde marzo. Desde entonces, el coste de la vida encadena ya ocho meses encareciéndose por los altos precios de la electricidad y los combustibles, el repunte del consumo y los problemas en las cadenas de suministro globales, azotadas por una tormenta perfecta de colapso en los puertos, falta de contenedores, escasez de trabajadores, carencia de chips y un aumento inasumible de los pedidos por el desembalse del ahorro acumulado por los hogares durante la pandemia en un entorno de estímulos públicos y recuperación económica.

El avance de la inflación en todo el mundo está obligando en los últimos meses a pasar cada vez más páginas del calendario para encontrar precedentes. En Alemania, que también ha publicado sus datos este jueves, está en el 4,6%, niveles cercanos a los tiempos de la reunificación. En el caso de España, con un historial reciente de subidas de precios mucho más denso, hay que remontarse a 1992, el año de la Expo de Sevilla y de los Juegos Olímpicos de Barcelona.

El potente repunte ha venido auspiciado por un aumento de la tasa mensual del IPC del 2% —el mayor desde 1986—. Mientras, la inflación subyacente, que no tiene en cuenta los precios de la energía y de los alimentos frescos ―los elementos más volátiles― se mantiene en el 1,4%. Esta última estadística no es baladí, según Ignacio de la Torre, economista jefe de Arcano. “Los altos precios de la energía explican el dato, pero lo relevante a efectos de política monetaria es la subyacente, que sigue situándose en un terreno cómodo en España y en la zona euro. El precio de la energía remitirá en primavera, según los mercados de futuros. Por lo tanto, en 2022 observaremos un fuerte crecimiento con una inflación menos elevada que en 2021″, sostiene.

Aunque el índice adelantado por el INE no detalla las partidas que conforman el IPC, en su comunicado achaca el dato “a las subidas de los precios de la electricidad y, en menor medida, los carburantes y lubricantes para vehículos personales y el gas”. En el último mes, algunas variables han empeorado. El petróleo brent cotiza hoy a 83 dólares, frente a los 78 dólares en que cerró septiembre. Y en los primeros 27 días de octubre el precio medio de la electricidad ha sido de 208,05 euros por megavatio hora, el mes más caro de la historia, inflado por los máximos del precio del gas natural y la escalada de los derechos de emisión de dióxido de carbono. Esas cifras tienen un impacto sobre el bolsillo de los hogares, que, salvo en el caso de las pensiones —ligadas al IPC—, pierden poder adquisitivo al no aumentar sus salarios al mismo ritmo que lo hacen los precios; y sobre las cuentas públicas, que han de afrontar el mayor coste de las jubilaciones.

A la espera de conocer los datos de sus países vecinos, la inflación española se está moviendo desde abril en umbrales más elevados que la zona euro. En julio tocó el 2,9% frente al 2,2% de media de los Diecinueve, en agosto el diferencial se redujo (3,3% España frente al 3% del resto), y en septiembre volvió a acelerarse (4% en España, 3,4% en la eurozona). España ya supera los números de septiembre de EE UU (5,4%), donde los estímulos han sido más potentes, incluyendo la entrega directa de cheques a decenas de millones de consumidores.

La cifra de octubre ha sobrepasado las estimaciones de los analistas de Funcas para todo el año. El servicio de estudios de las antiguas cajas de ahorro predijo que en un escenario en el que el precio de la electricidad se estabilizara, el pico sería del 5% en noviembre antes de empezar una senda decreciente. Y del 5,3% en caso contrario.

¿Temporal o transitoria?

La previsión, aunque solo afecta a España, es solo una más de las muchas que configuran uno de los grandes debates económicos del momento a escala planetaria, que se resume en la pregunta ¿hasta cuándo durará la alta inflación? La respuesta enfrenta dos formas de pensar: la primera, encabezada por el Banco Central Europeo y la Reserva Federal estadounidense, asegura que se trata de un fenómeno transitorio que responde básicamente a que los niveles de precios se miran en el espejo del año pandémico, cuando el consumo se desplomó por las restricciones. “Toda comparación con 2020 es distorsionada”, llegó a decir este verano el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos.

Nieves Benito, responsable de Fundamental Research de Santander AM, también apuesta por la temporalidad de la inflación. “Por nuestra parte, pensamos que podría ser transitoria porque la oferta y demanda se irá ajustando. En el lado de la demanda ya no tenemos la ayuda de los gobiernos, y por el lado de la oferta, se irá también normalizando cuando la covid no sea una amenaza y no suponga más restricciones. Por el lado del coste de la energía, a pesar de que se sigue produciendo un desajuste entre demanda de energía y oferta, vemos que es improbable que continúen subiendo más allá de los precios actuales. Esto lo estamos viendo en los precios del gas, que se están estabilizando ya en niveles pico”.

La secretaria del Tesoro de EE UU, Janet Yellen, afirmó el domingo que espera que la moderación de precios se produzca en la segunda mitad de 2022. Y los economistas del BCE opinan que la inflación irá disipándose próximamente, pese a que ha sobrepasado sus estimaciones iniciales y la han revisado al alza, situándola en el 2,2% en 2021; en el 1,7% en 2022, y en el 1,5% en 2023.

Enfrente, los llamados halcones advierten de los peligros de una espiral inflacionista si las alzas de precios se trasladan a los salarios y a otros productos, generando un círculo vicioso que se retroalimenta. Entre los más ortodoxos hay también instituciones como el Banco de Canadá, que está acelerando su retirada de estímulos tras advertir este miércoles de que la inflación podría no desvanecerse tan rápidamente. “Las principales fuerzas que empujan al alza los precios (precios de la energía más altos y cuellos de botella de suministros provocados por la pandemia) ahora parecen ser más fuertes y más persistentes de lo esperado”, afirma en su comunicado.

Para Natalia Aguirre, directora de Análisis y Estrategia de Renta 4, el aumento de la inflación puede llevar al Banco Central Europeo a mover ficha, si bien hay factores que lo desaconsejan. “Aunque seguimos pensando que las subidas de tipos aún están lejos, es cierto que si la inflación se mantiene presionada más tiempo del previsto podría llevar a una retirada más rápida de las compras de deuda del BCE. En cualquier caso, creemos que es difícil dar marcha atrás en la política monetaria ultraexpansiva, teniendo en cuenta los elevados niveles de deuda acumulados, que persisten riesgos sobre el crecimiento y si la inflación se demuestra finalmente como coyuntural”.


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