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La pandemia dispara la espera para operarse: 183 días para una prótesis de rodilla

El personal sanitario atiende a un paciente en una UCI improvisada, en el Hospital de La Paz, en Madrid, el pasado abril.Samuel Sanchez

Ha sido tan duro el golpe propinado por el coronavirus, tan grandes las dimensiones de la epidemia, que cada pequeño paso hacia la normalidad le está costando un mundo al sistema sanitario. El último ejemplo lo ofrecen las elevadas cifras de rechazo con las que se topan los hospitales cuando llaman a los pacientes en lista de espera quirúrgica para operarles. Si su estado no es grave, si no es algo muy urgente, hasta el 60% de ellos prefiere dejar pasar un poco de tiempo antes de entrar al quirófano.

“Cuando empezamos a abrir tímidamente los quirófanos, hace casi un mes, el 75% de los pacientes nos decían que no, que preferían esperar. Ese porcentaje ha ido bajando y ya estamos en el 40% o 50%”, explica el director asistencial del hospital del Mar (Barcelona), Julio Pascual.

Es la misma horquilla que ofrece Rocío Cebrián, subdirectora asistencial del hospital Vall d’Hebron, también en la capital catalana. “Esa es una media. Los datos concretos dependen del tipo de intervención. Son menores en aquellas más graves y mucho más elevados en la cirugía mayor ambulatoria”, precisa.

El hospital Ramón y Cajal (Madrid) cifra la negativa en el 60%, la misma proporción que el de Talavera de la Reina (Toledo). Mientras, en La Rioja, “un 22% de los pacientes pendientes de operar en lista de espera está rechazando hacerlo y pidiendo un aplazamiento”, explica el Gobierno regional. En el Puerta de Hierro (Madrid) la desestimación es del 10%, mientras otros grandes centros como el Clínic (Barcelona) y el Gregorio Marañón (Madrid) califican de “anecdóticos” estos casos.

“En realidad, las diferencias se deben al tipo de paciente al que los centros ofrecen operarse. Los hospitales que tienen mayor rechazo es que ya están interviniendo a enfermos de la lista de espera normal, mientras aquellos con menos son los que todavía están con la bolsa acumulada de pacientes graves y oncológicos”, aclara Sagrario Martínez Cortijo, secretaria general de la Asociación Española de Cirujanos.

Esta especialista distingue a tres tipos de pacientes: “Los que sufren una patología maligna, como las oncológicas; quienes tienen una benigna no demorable, con riesgo de agravarse; y la benigna a secas, que es el gran caballo de batalla de la sanidad española. Es la lista de espera pura y dura, la de la hernia normal, la del sinus o de la fístula. Depende dónde vivan, pueden llevar 200 días esperando y ahora dicen que no se van a meter en el hospital con lo que ha ocurrido”, añade.

Martínez Cortijo, que mantiene comunicación directa con colegas de toda España, sostiene que “los pacientes con una patología maligna apenas rechazan intervenirse, menos del 5%, porque saben que la vida les va en ello, los de la benigna demorable estimo que ascienden al 40%”. Un porcentaje que “depende de la zona de España y el impacto que en ella haya tenido el virus”.

Para Salvador Navarro, jefe del área quirúrgica del hospital Parc Taulí (Sabadell, Barcelona) esta situación requiere adoptar medidas de gestión para mitigar los efectos del rechazo de los pacientes a operarse. “Llamamos dos veces para asegurar que el paciente vendrá y, si no lo conseguimos, llamamos a otro”, explica.

Navarro y Pascual destacan la importancia de ser transparentes “y explicar al paciente las medidas adoptadas”. “Nadie va a ser operado sin ser sometido a una PCR. Se insiste en las horas para que la gente sea puntual y no haya aglomeraciones en las salas de espera”, detallan.

Ganar la confianza

Otras medidas adoptadas buscan definir muy bien “a qué paciente atiende cada profesional sanitario”. “Tienen que saber en todo momento si tiene coronavirus o no. Y si lo tiene, debe estar en un lugar distinto, los espacios deben estar bien delimitados”, explica.

Los expertos consultados consideran clave “recuperar la confianza del paciente”. Beatriz González López-Valcárcel, catedrática de Economía experta en la salud de la Universidad de Las Palmas, cree que “la confianza se gana cuando el paciente va al hospital y ve las medidas de seguridad implantadas, que son muchas”.

Para Julio Pascual, “el paciente también irá perdiendo el miedo al ritmo de la desescalada”. “Si a la gente se le dice que no puede salir de casa porque el virus está ahí fuera, es difícil que confíe. Pero si ya puede salir a comer una paella, es más fácil que también piense que puede ir a operarse”, explica el director asistencial del hospital del Mar, situado junto a los populares restaurantes de las playas de Barcelona.

Todos los expertos consultados coinciden en que a la sanidad española le espera un duro segundo semestre. “En tres meses, se ha dejado de hacer mucha actividad y los profesionales no han descansado”, explica Navarro, que destaca que los “que más han estado en primera línea frente al coronavirus están muy vinculados a la actividad quirúrgica, como es el personal de enfermería quirúrgica, anestesistas…”. “Ahora estos profesionales tienen que descansar para estar preparados por si hubiese un rebrote en el próximo invierno”, añade el jefe de cirugía del Parc Taulí.

Para Julio Pascual hay que asumir ya que “no será posible hacer este año lo que se ha dejado de hacer estos tres meses”. “Este verano tenemos el reto de aumentar la actividad mientras damos descanso al personal. Habrá que contratar, pero las listas de espera aumentarán y tardaremos un año al menos para volver a la situación original”.

Los expertos también coinciden en que el rechazo —o en mucha menor medida, absentismo— de los pacientes está relacionado con la gravedad del cuadro clínico, pero también con la intensidad del mismo: no es lo mismo ir a una consulta externa que operarse. “Esta mañana, por ejemplo, hemos reemprendido las consultas externas de pacientes de EPOC. Son pacientes con la dolencia grave, a nivel hospitalario. De 12, solo ha fallado uno”, remacha José Miguel Rodríguez, jefe de servicio de Neumología del Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá.

Una sanidad más puntual y a distancia

Todos los expertos consultados destacan que muchos de los cambios adoptados por pura necesidad durante la epidemia han llegado para quedarse. “Más de la mitad de las visitas van a ser a través de la pantalla”, resume Julio Pascual. “En el hospital del Mar estamos desarrollando un plan que estima que la presencia física del paciente es imprescindible en entre el 30% y el 50% de las consultas. Pero el resto podrán ser telemáticas. Por mucho que a los médicos nos guste tener ahí a los pacientes y a ellos vernos en persona, nos vamos a tener que adaptar”, añade.

La sanidad del futuro también será más puntual. Se espaciarán las visitas para que los pacientes no pasen horas en la misma sala de espera, lo cual puede llegar a ser un ahorro. “Que yo sepa, no hay ningún estudio sobre esto, pero si la maquinaria está ajustada y la gente es puntual, es más eficiente. Lo que no tenía sentido eran esas esperas sistemáticas de una hora para ver al especialista. Para el médico era más cómodo, pero también hay un coste de oportunidad que soporta el paciente. Es un buen paso que el sistema se vuelva más puntual”, relata.

Salvador Navarro coincide en que “hay que ajustar los tiempos para que el paciente llegue y se vaya a su hora sin coincidir con otros enfermos”. Otros cambios que permanecerán, al menos hasta que haya una vacuna, es la protección de los profesionales, según Navarro. “Estaremos protegidos ante cualquier paciente y ellos ante nosotros, con espacios bien diferenciados para enfermos con el virus”, añade. Para el jefe de cirugía del Parc Taulí de Sabadell esto es clave.

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