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La polarización vuelve a Colombia (si es que alguna vez se fue)



Dos hombres votan en un centro electoral en Bogotá Colombia, el 13 de marzo de 2022.Gladys Serrano

Que Gustavo Petro era el rival a batir en las elecciones presidenciales de 2022 era algo que casi nadie ponía en duda, pero los resultados de las consultas interpartidistas de este domingo lo han confirmado de manera categórica. El perdedor de la segunda vuelta de 2018 ha logrado arrastrar a más de tres millones y medio de colombianos a las urnas en una votación en la que nadie dudaba de que iba a ganar. En ciencia política se suele diferenciar entre la dimensión estratégica de voto y la expresiva. Con la primera buscamos influir en los resultados, mientras que en la segunda entran todas las motivaciones de tipo identitario, emocional o simbólico. Claramente, Petro ha demostrado hoy que es capaz de activar esta segunda dimensión incluso cuando no hay mucho en juego. Lo cual no quiere decir, ni mucho menos, que sea irracional. Al contrario: para la izquierda, acudir hoy a la mesa electoral era importante porque ha demostrado la enorme fuerza de que dispone. Con ello, confirma que por primera vez tiene un candidato en firme a la Casa de Nariño. Todo lo demás que hemos aprendido hoy sobre los votantes colombianos se relaciona con este hecho central, y se resume en una sola palabra: polarización.

La elección de 2018 demostró que había dos plantillas con las que Colombia puede mirarse a sí misma. La que viene de la primera vuelta de entonces muestra que el país podía dividirse en tres corrientes similares: izquierda, centro y derecha. Pero en la segunda vuelta se convirtió en dos mitades más bien parecidas a las que se vieron en el plebiscito por el acuerdo de paz de 2016. Los resultados de hoy dejan al país mucho más cerca de esta segunda imagen polarizada que de la primera, más plural. No es sólo la fuerza de Petro, sino el hundimiento del centro y la capacidad de la derecha de encontrar a un candidato común.

Sergio Fajardo ha sacado hoy menos votos que Francia Márquez. Esto a pesar de que Fajardo se enfrentaba a una consulta mucho más competitiva que la de izquierda, para ganarla con holgura pero sin fuerza. Un dato que ayudaría a dimensionar la debilidad del centro sería saber cuánta gente prefirió votar en una consulta decidida (la del Pacto Histórico) por una candidata que no iba a ganar pero le gustaba (Márquez) en lugar de otra no decidida (la del Centro) en la que su voto hubiera contado más, pero ningún candidato le convencía, tampoco el propio Fajardo. La debilidad inesperada de todos los candidatos salvo quizás Carlos Amaya, el menos urbano y elitista de todos ellos, debería llevar a una profunda reflexión estratégica sobre por qué la articulación del discurso centrista no ha logrado conectar con un país que lleva casi cuatro años pidiendo cambios tanto en las calles (con varias olas de protesta) como en las encuestas (con un presidente saliente consistentemente impopular).

En contraste, el exalcalde de Medellín Federico Fico Gutiérrez ha puesto cerca de dos millones de votos sobre la mesa. Su campaña, basada en valores y mensajes conservadores tradicionales (seguridad, familia, estabilidad) ha dominado por completo en la consulta de Equipo por Colombia. Sus rivales (Alejandro Char desde la costa Caribe, Enrique Peñalosa desde Bogotá, David Barguil desde el Partido Conservador y Aydeé Lizarazo desde el cristiano MIRA) se han apresurado a ponerse al servicio de una candidatura que se ha demostrado más fuerte de lo que muchos pensaban. Esto le dará a Gutiérrez un poder por encima del esperado para la verdadera prueba de fuego de la derecha colombiana: montar una plataforma unificada de aquí a la primera vuelta. El Centro Democrático, partido fundado por el expresidente Álvaro Uribe, se salió de esta consulta y ahora le espera en la mesa de negociación. La fuerza demostrada por Petro será un aliciente clave para cerrar una plataforma unida.

También la debilidad del centro: lo verdaderamente difícil para todos los rivales de Petro es lograr la otra plaza en la probable segunda vuelta que acabará decidiendo la presidencia. Las consultas de hoy demuestran que la derecha parte con una ventaja considerable en este cometido, si no dilapida su capital actual fragmentándose.

Las encuestas anticiparon bien los resultados de hoy: acertaron con los tres vencedores, vieron el ascenso de Francia Márquez en la izquierda y la resistencia de Carlos Amaya en el centro mientras se hundían todos sus rivales, si acaso sobre-estimaron a Char e infra-estimaron a Fico aunque a ninguna le sorprendió su victoria.

La Colombia que dibujaron en los últimos días es en esencia la misma que hemos visto hoy: polarización. Una palabra denostada en Colombia y en toda la región, pero que no es sino una descripción de la realidad a la que se enfrenta el país: la verdad es que, a día de hoy, solo una minoría de colombianos parece sentirse lo suficientemente representada por los líderes de centro como para siquiera esforzarse en elegir entre ellos. Mientras, sea por miedo a la alternativa (polarización afectiva entre petrismo y uribismo) o por fuertes preferencias en ideales o en valores (polarización ideológica), tanto la izquierda anti-establecimiento como la derecha más conservadora sí conecta con millones de personas que han demostrado en el primer ensayo de las presidenciales que están dispuestos a subir sus apuestas respecto al futuro del país.

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