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Las dudas sobre las acciones de la Guardia Nacional aumentan en el caso de los estudiantes baleados en Guanajuato

Las dudas sobre las acciones de la Guardia Nacional aumentan en el caso de los estudiantes baleados en Guanajuato

La versión de la Guardia Nacional sobre la agresión a estudiantes en Guanajuato se tambalea. La semana pasada, agentes de la corporación atacaron a balazos el coche de un grupo de estudiantes universitarios cerca de Irapuato. Uno de ellos, Ángel Ignacio Rangel, de 19 años, murió. Una compañera resultó herida en el brazo. La Guardia señaló en un comunicado que “un elemento descendió del vehículo en el que se transportaba y de forma unilateral, accionó su arma de cargo en contra de las camionetas” de los estudiantes. Los acontecimientos del fin de semana cuestionan dicha versión.

Las dudas apuntan al actuar de los agentes, cuántos usaron sus armas y qué cantidad de proyectiles dispararon. Desde el fin de semana, medios locales han apuntado la posibilidad de que solo un elemento disparó y que la bala se partió, impactando en la cabeza de Rangel y el brazo de su compañera. El rector de la Universidad de Guanajuato, Luis Felipe Guerrero, alma mater de Rangel y los demás, ha informado, sin embargo, de que las versiones del resto de estudiantes que estaban con ellos señalan que hubo más de un disparo.

El caso amenaza con convertirse en un quebradero de cabeza para la dependencia y para su principal valedor, el presidente, Andrés Manuel López Obrador. Este lunes, preguntado por el caso en conferencia de prensa, el mandatario ha dicho: “Es un caso lamentable. Nuestra solidaridad a los familiares y decirles que tengan confianza, porque no va a haber impunidad. En la Guardia Nacional, en la Secretaría de Marina, en la Defensa, ya saben que se tiene que castigar a los responsables, que no hay impunidad ni encubrimiento”.

Investigación a cargo de la Fiscalía General de la República (FGR), el caso ha dado varias vueltas el fin de semana. El sábado, un juez liberó al agente que habría disparado contra el vehículo de los muchachos. El mismo sábado, el rector Guerrero lamentó la liberación y exigió una investigación exhaustiva. A su juicio, y el de los padres de Rangel, era “factible” que otros elementos de la Guardia Nacional estuvieran involucrados.

El domingo, medios locales informaron de que otro integrante de la Guardia Nacional estaba en prisión por el caso. Al parecer, un examen de balística había descartado que el proyectil que había matado a Rangel hubiera salido del arma del primero. Este segundo agente de la corporación habría disparado la bala mortal. Esta teoría no acaba de quedar clara. En varias entrevistas concedidas este lunes, Guerrero ha señalado que la FGR acusa al segundo agente de “homicidio calificado y tentativa de homicidio calificado respecto de los otros tres integrantes que iban en el vehículo”. Es decir, de la muchacha herida y de otros dos muchachos, que resultaron ilesos, no de Rangel. Entonces, si no fue el primero y tampoco el segundo, ¿quién disparó la bala que mató al muchacho?

Cuestionada por la primera versión que dio la semana pasada, y la teoría del agente díscolo que disparó de forma “unilateral”, la Guardia Nacional divulgó el domingo un comunicado en que señalaba su colaboración con las autoridades: “Desde el momento en que se conoció del incidente, el personal que estaba presente, sus armas y los vehículos oficiales, han estado disponibles para el momento en el que sean requeridos por el Ministerio Público”.

Este lunes, López Obrador ha dado más detalles del asunto. “Se habló de que ya estaba detenido un elemento de la Guardia Nacional. Luego, el juez lo liberó, porque el análisis que se hace de balística se descubre que no era su arma la que había quitado la vida al joven. Se detiene a otro elemento que presuntamente es el responsable. Ya está detenido. La instrucción que se tiene es que todos los que participaron estén disponibles para la investigación. Al que liberaron también, porque se comprobó que disparó”.

Sea como fuera, la idea de transparencia y justicia que ha trasladado el mandatario choca de frente con la información rendida hasta el momento por la Guardia Nacional, parcial y confusa. El mero hecho de que agentes con armas de alto poder atacaran sin agresión previa a un grupo de estudiantes da que pensar sobre la capacitación que reciben los agentes de la corporación. La Guardia Nacional nació ante el reclamo por el uso excesivo que militares hacían de la fuerza en tareas de seguridad pública. El ataque en Guanajuato muestra que algo no ha acabado de salir bien en la transición.

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