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Las mejores fotos de comida viejuna en la Navidad de la pandemia

Alabados sean los huevos rellenos, loados sean los pasteles de pescado y bendita sea la tarta al whisky: los años 20 del siglo XXI han llegado, pero los grandes clásicos de la comida demodé se niegan a marcharse de nuestras mesas navideñas. ¿Que cómo lo sabemos? Porque la participación en IV Certamen Internacional Navidad Viejuna ha vuelto a superar todas las expectativas, y hemos recibido un aluvión de más de 200 fotos con auténticas fantasías que parecen salidas de otra época. Concretamente, de ese periodo mágico de platos coloristas y decoraciones extravagantes que va de los sesenta a los noventa.

Como no podemos dejar de soltar este tópico que se dice en todos los premios, ahí va: la elección de los ganadores ha sido difícil, porque ha habido nivelazo. Ya nos pasó en 2016, 2017 y 2018, cuando nos abrumasteis con vuestros despiporres navideños y no sabíamos con cuál quedarnos. Gracias, gracias y más gracias a todos y todas las que nos habéis mandado fotos o las habéis compartido en redes sociales: sois nuestros héroes. Pero hay que elegir, y del mucho material recopilado, hemos seleccionado lo que viene a continuación.

Sin más preámbulos (¡otro tópico!), la ganadora del concurso es Ana María C. Minecan con los cisnes negros de su tía Elena. El jurado se ha visto arrollado por semejante derroche de creatividad, técnica y trabajo repostero, y también emocionado porque estas criaturas hayan sobrevivido al vertido de algún petrolero. Por si fuera poco, Ana María también ha concursado con una tarta de papa noeles bajo la influencia de sustancias prohibidas, que une el viejunismo con el mundo Pinterest y la refuerza aún más como merecedora de la medalla de oro.

“Mi tía lleva haciendo estos cisnes toda la vida para ocasiones especiales, y en Navidad nunca faltan”, explica la ganadora. “Es una receta francesa llamada cygnes choux à la crème, y están hechos con masa choux y rellenos de crema pastelera. La receta no puede ser más sencilla y al parecer son muy típicos de tierras gabachas, pero ella, inspirada por las musas, les ha añadido ojos, CEJAS y alas de chocolate. Usa el típico chocolate Nestlé para postres, y a veces les pone por encima azúcar glas haciendo efecto nieve tanto en el plato como sobre el pobre cisne. Están riquísimos”.

Elena se lleva a casa un Robot Cook Expert de Magimix valorado en 1.200 eurazos. Este prodigioso artefacto, cortesía de nuestra tienda de trastos favorita (Le Cuine), sirve para cortar y laminar frutas; batir claras a punto de nieve; picar, cocer y triturar verduras; batir, amasar, emulsionar, hacer zumo, cocer al vapor… ¡Ana María, esperamos que lo compartas con tu tía para que pueda preparar sus adorables cisnes muchos años más!

Cualquiera de las cinco finalistas habría merecido ganar. Ángela Iturriza, por ejemplo, nos deslumbró con este delirio de piña rellena reconvertida en góndola veneciana con fuegos artificiales. También nos tocó el corazón con uno de los entrantes viejunos por excelencia -el pastel de pescado- especialmente decorado con colas de gamba para recibir el año nuevo.

Laura Palombi presentó el contundente pastel de carne que prepara su padre, que lo mismo sirve para Navidad que para tu cumple. “Cada piso lleva un preparado de carne diferente: pollo con pistachos, cerdo con aceitunas y ternera con dátiles. Es lo que yo habría pensado con mucho alcohol y un bocata de setas”.

Inés Olmedo compitió con un delicadísimo salpicón de merluza en forma de pez, primorosamente recreado con escamas de huevo cocido, aletas de endivia y boca en forma de corazón. Un magnífico ejemplo de comida viejuna bonita y apetitosa, que se habría llevado el primer premio si no hubieran ganado propuestas similares en años anteriores.

Belén Babé Romero rescató del olvido un plato ultramegahiperviejuno, que fue lo más en el siglo XX pero ya no prepara prácticamente nadie en ningún lugar del planeta: el áspic. No contenta con semejante osadía, eligió los higaditos de pollo y el paté como ingrediente principal, incorporó unas flores de zanahoria como motivo decorativo, y lo sirvió sobre un lecho de lechuga picada y pimientos de dos colores. A esto le llamo yo ir a por todas.

Toñi Sempere se marcó un reloj de ensaladilla para Nochevieja que ríete tú del de la Puerta del Sol. El uso de tiras de pimiento rojo, aritos de aceituna y huevos cocidos a cascoporro acredita a la autora como conocedora de la tradición viejuna, tanto como el uso de un plato regalado por una caja de ahorros en el año de la polka.

Ángela, Laura, Inés, Belén y Toñi se llevan a casa una fantástica cesta de productos de la tienda de delicias Amaiketako. El lote, valorado en más de 100 euros, incluye foie gras de pato, jamón ibérico de bellota de Los Pedroches, anchoas y habitas baby en aceite de oliva, mendreska de bonito del norte, turrón artesano de yema quemada, polvorones artesanos de mantequilla y una botella de champán Philipponat Reserve. Todo lo que necesitas para celebrar otra Navidad en enero.

Los participantes que vienen a continuación no ganan ningún premio, pero sí nuestro reconocimiento como másters en comida viejuna. Sus creaciones destacan entre el montón de fotos recibidas, que no es poco.

Carmina Tordera Lledó partió de un plato muy tradicional y nada pasado de moda como el putxero, pero lo viejunizó sirviéndolo en una fuente con forma de árbol de Navidad. El indescriptible repollo cocido y atado con cordel bicolor que sirve de estrella nos ha dejado patidifusos.

María Baños nos confirmó algo que sospechábamos: hay comida viejuna en Marte. ¿Que no? Pues ya me diréis de dónde sale esta criatura, porque humana no es.

Lola Martínez rozó la herejía con su “pesebre de dátiles y bacon”, cuyo protagonista es un niño Jesús con pañal de pimiento rojo y pelo de ¿gulas? “Este año”, nos cuenta Lola, “en la tradicional comida de Navidad de amigos decidimos hacer un homenaje a nuestras madres y abuelas, y como nadie cocinaba mejor que mi abuela decidí utilizar su receta de empanada de dátiles, bacon y queso que no faltaba nunca en los festines de Nochevieja de los noventa. Apoveché los conocimientos que adquirí en un curso de cerámica que me regalaron mis amigos para añadirle un toquecito navideño y rebautizar el plato. Como resultado, este homenaje a mi abuela y a la figura del niño Jesus escala 1:1 que estuvo toda la vida en su tocador, fuese Navidad o no. Las patatas pajas eran por darle realismo al asunto pero realmente sobraban, y lo de ‘Nadal’, por añadir un toque catalán festivo ya que vivimos en Barcelona (aclaro esto porque cuando vió la foto mi señora madre, que es almeriense, pensó que era para algún amig@ fan del tenista y que no había tenido otra idea que modelarlo en paños menores)”.

Ecoterrorismo Pokemon se hizo un Greta Thunberg avisando de la emergencia climática con los mazapanes de su padre, que piden que alguien los mate tras verse afectados por el calentamiento global.

Paco Egea se convirtió en la Rosalía de la comida viejuna tras perpetrar esta piña con langostinos y usar las cabezas como uñas.

Leiretxu Argandoña nos remitió el fabuloso “pabrowni” con el que su hermana Alaitz se plantó en su casa. “Bizcocho con chocolate”, describe, “barquillo, tejas almendradas, colita alterna de colín y mikado, cabeza de Ferrero y unos ojillos de torpedo degollado con regaliz a la vista que te llegan al corazón”. Y te causan un infarto de miocardio, añadiría yo.

Elisa Harnecker asegura que en casa de sus abuelos siempre hay Navidad Viejuna, y nos alegramos por ello. El menú es impecable en este sentido, y su estrella, sin duda, el logradísimo rosco de merluza con gambas.

Luis Cervilla nos maravilló con los ¿polos? de salchicha y pepino de su suegra, que parecen indicar una fuerte pervivencia de la viejunen Essen en Alemania.

Esecica y su pollito de huevo hilado sobre fiambre navideño nos han llegado al alma. Sinfonías viejunas de este calibre no se ven todos los días.

Juan Larrea no puede parar de concursar en cada edición de este certamen, y este año se ha superado a sí mismo con un árbol de frutas custodiado por erizos de uvas. Porque la comida viejuna también puede ser cuqui y healthy.

Carmen Alonso nos remitió este inquietante fistro con peluca de langostinos. Como llevamos varios días sin dormir después de verlo, necesitamos compartirlo con vosotros.

Eva Pascual participó con esta obra maestra en el concurso de pinchos que su familia celebra en Nochebuena. El tema de este año ha sido la comida viejuna, y Eva lo ha dado todo con un pez y unos adorables pingüinitos de guarnición. “Se llama pastel de cabracho ducal. Lo de ducal es porque va servido en bandeja de casi-plata y cubiertos elegantes. Estaba buenísimo”.

By Lubla y Soniawiggin insistieron en los pastelazos decorados como máxima expresión de viejunismo. El primero nos encantó por su innovador uso del pimiento verde (y por la osadía de sugerir un parecido entre ese papá Noel y mi persona); el segundo, por la monstruosidad y el uso indiscriminado de surimi y mayonesa.

Y como cierre del concurso de este año, una participante ilustre que no podía competir por formar parte de EL PAÍS, pero cuya Nochebuena nos ha hecho saltar las lágrimas de la emoción. Gracias, Mari Luz Peinado, vecina de Verne y recién nombrada doctora en Comida Viejuna por la Universidad de El Comidista.




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