Ícono del sitio La Neta Neta

Los grandes momentos de los 25 años del festival de Málaga: del avión DC-9 usado como sala de cine a Guillermo del Toro y sus boquerones


Los operarios del Festival de Málaga (su actual nombre oficial) apuran hasta el último momento para desplegar la alfombra roja en la ciudad pendientes del agua y el barro que caen del cielo. Hay ganas. Tras dos ediciones marcadas por la pandemia, la cita quiere celebrar su 25º aniversario volviendo a la normalidad e inundando la ciudad en cine. Lo hace por todo lo alto, con una gala inaugural para 2.400 personas, una veintena de películas a competición en su sección oficial y una intensa agenda para que las estrellas del cine español puedan brillar. El festival tiene ya poco que ver con aquel humilde certamen que nació a finales de los noventa. Dos décadas y media le han servido para consagrarse como uno de los más importantes del panorama español y una de las citas preferidas por el sector.

Limpieza en la puerta del pabellón José María Martín Carpena el día antes de la gala inaugural. / García-SantosGarcía-Santos (El País)

1998. El estreno. Ocho películas a concurso, entradas a 400 pesetas y sesiones en el desaparecido cine Alameda, hoy Teatro del Soho. La primera edición del Festival de Málaga se estrenó en mayo de 1998 bajo la dirección de Salomón Castiel. El hoy responsable del centro cultural La Térmica recuerda que el Ayuntamiento de Málaga, entonces dirigido por Celia Villalobos, le encomendó poner en marcha un festival de cine. Le apoyó Antonio Garrido Moraga. “Me dijeron que trabajara posibles ideas. Fui un poco suicida y propuse un certamen de cine español, a pesar de que no atravesaba su mejor momento. Apostamos por una carta que nadie quería”, recuerda Castiel, que estuvo 11 años en el cargo, periodo en el que quiso reivindicar el cine pasado —con homenajes a los actores López Vázquez, Manuel Aleixandre, Alfredo Landa o Toni Leblanc— y mirar al futuro con directores jóvenes. “Intentamos resetear la historia del cine español”, subraya. La primera película proyectada fue Una pareja perfecta, de Francesc Bertriu. En la gala inaugural en el Teatro Cervantes, Antonio Banderas —desde entonces, presidente de honor— envió un saludo en vídeo, ya que no pudo viajar a Málaga por un rodaje. La primera Biznaga de Oro ―la biznaga es un ramillete de jazmines que se vende por las calles de la ciudad― recayó en La primera noche de mi vida, de Miguel Albadalejo.

Adriana Ozores y Antonia San Juan, en ‘La primera noche de mi vida’

2000. El festival de Antena 3. Presente como Vía Digital en la primera edición y ausente en la segunda, Antena 3 ejerce como uno de los principales patrocinadores desde la tercera edición del Festival de Málaga. Lo hace de manera ininterrumpida desde entonces. “Os hemos acompañado durante muchos años y nos hemos visto crecer juntos”, decía Rosa Pérez, productora de Atresmedia Cine, que daba las gracias por al festival por descubrir talento que ahora ellos aprovechan. El grupo televisivo realiza una aportación económica al presupuesto e incluye parte de sus producciones cinematográficas en la Sección Oficial. Su omnipresencia ha hecho que durante muchos años la cita haya sido conocida como el festival de Antena 3 y esté considerada casi como un espacio de películas para televisión con aspiraciones a la gran pantalla. Ahí está el hueco concedido a las comedias protagonizadas por caras televisivas, calidad relativa y taquillazos en los cines o el gran protagonismo del elenco principal de series de la casa, como UPA Dance, Los hombres de Paco o La casa de papel emitidas por el grupo audiovisual. “Las series juveniles son el metaverso del festival”, apunta un periodista local.

2007. Un avión en la calle de la Alcazabilla. En su intento por atraer nuevas miradas, la organización instaló un viejo avión DC-9 de la desparecida compañía Aviaco en la calle de la Alcazabilla para convertirlo en espacio cultural y ofrecer obras alternativas durante la celebración del certamen. La imagen de la nave, de 24 metros de longitud, junto al Teatro Romano y a los pies de la Alcazaba de Málaga, es una de las más singulares en la historia del encuentro cinematográfico.

Toda la cultura que va contigo te espera aquí.

Suscríbete

2007. Retirada oficial de Alfredo Landa. “Cuando se pierde la pasión, hay que decir adiós, tranquilamente”, afirmaba Alfredo Landa el 15 de marzo de 2007. Aquella noche el actor recibía el Premio Especial Décimo Aniversario del certamen malagueño y confirmaba, ya oficialmente, su retirada del cine. El público le aplaudió, en pie, durante varios minutos. Ovación que se convirtió en uno de los momentos más emotivos del Festival de Málaga. Landa falleció seis años más tarde, en 2013, con 120 películas en su trayectoria y numerosos reconocimientos.

Alfredo Landa, durante el acto de homenaje en el Festival de Málaga.

2008. Las tres camisetas rotas de Miguel Ángel Silvestre. En 2008 Miguel Ángel Silvestre protagonizaba la serie del momento, Sin tetas no hay paraíso. Era el objetivo número 1 de los seguidores, que llegaron a romperle tres camisetas en su intención de tenerlo más cerca e incluso echaron abajo el cierre metálico del restaurante en el que cenaba, por lo que tuvo que contar con guardaespaldas personales. Al año siguiente les tocó el turno a Mario Casas, que presentaba Fuga de cerebros, y Hugo Silva, protagonista de Agallas. También Malú vivió un buen alboroto cuando acudía a presentar el documental que protagonizaba. El fenómeno fan ha sido una de las señas de identidad de Málaga. Hay dos puntos estratégicos. Por un lado, el hotel AC Málaga Palacio. Decenas de personas se arremolinan a la entrada del establecimiento a la espera de ver a las estrellas. Ahora se hace de manera mucho más ordenada; hace años, muchos seguidores se alojaban en el hotel en habitaciones pagadas por sus padres, generando situaciones rocambolescas en el ascensor. Por otro, la alfombra roja del Teatro Cervantes. Grupos de adolescentes se atrincheran durante horas antes para obtener los lugares estratégicos en la competición por la caza de un autógrafo. O, aún mejor, de un selfie.

Mario Casas, aclamado en 2009 por sus fans en la alfombra roja en Málaga.Julián Rojas

2009. El inicio del factor catalán. Mar Coll consiguió ese año la Biznaga de Plata a la mejor dirección por Tres dies amb la familia, cuyos protagonistas, Eduard Fernández y Nausicaa Bonnín, fueron premiados como mejor actor y actriz del certamen. Fue el arranque de la época dorada del cine catalán en el festival malagueño. “Son ya muchos años de romance”, reconoce la cineasta Judith Colell, presidenta de la Acadèmia del Cinema Català. El nens salvatges (2012) y 10.000 km (2014) conseguirían la Biznaga de Oro posteriormente, como también harían en cuatro años consecutivos Callback (2016), Estiu 1993 (2017), Les distàncies (2018) y Els dies que vindran (2019), consagrando a directores como Carla Simón o Carlos Marques-Marcet. “Muchas tienen en común que son películas más pequeñas, algo más arriesgadas y dirección novel”, subraya Colell. Pero incluso cuando el director tiene más trayectoria, triunfa. Ocurrió a Agustí Villaronga el año pasado, cuya obra El ventre del mar se convirtió en el filme más laureado de la historia del festival, con seis biznagas.

Mar Coll, en Málaga con ‘Tres días con la familia’.

2013. La llegada de Juan Antonio Vigar. El gestor malagueño se hizo cargo de la dirección del festival en el 15 aniversario del certamen. Era el tercer director tras Salomón Castiel y Carmelo Romero. Vinculado al evento desde sus inicios, Vigar ha impulsado el carácter social de la cita y la apertura a la ciudad, pero también ha abierto la competición oficial a las películas iberoamericanas hechas en español y fomentado el encuentro de la industria y la recuperación de los mercados. “Un festival que es un mero exhibidor de películas no tiene futuro”, subraya. El mejor ejemplo es la celebración este año de los denominados Spanish Screenings XXL, que llevará a 500 compradores de decenas de países a Málaga entre el 21 y 24 de marzo.

2014. Primera película malagueña en la sección oficial. Hasta 17 años tuvo que esperar el festival para ver una película netamente local en competición. Fue 321 días en Míchigan, trabajo dirigido por Enrique García y con Maggie Civantos y Joaquín Núñez entre el elenco y donde todo era malagueño, hasta la banda sonora, con música de artistas locales como Zenet, Javier Ojeda o Tabletom. “Fue una celebración del cine malagueño y un escaparate para el enorme talento y la cantera que hay aquí”, afirma García.

2017. Del cine español al cine en español. Una de las líneas estratégicas que Vigar se marcó a su llegada a la dirección del festival fue la apertura del certamen a películas en español y no solo a las realizadas en España. “Quizá pudo sorprender la decisión, pero creo que es la forma de seguir siendo útiles al sector”, explica Vigar. La primera consecuencia que tuvo esta apertura a las producciones latinoamericanas fue el crecimiento de la sección oficial. Desde aquel año, una veintena de películas compiten cada año por la Biznaga de Oro.

2017. Biznaga honorífica a Antonio Banderas. Presidente de honor desde su primera edición, el actor malagueño ha mantenido una estrecha relación con el festival, aunque apenas se ha dejado ver por su alfombra roja. En su vigésima edición, el certamen le otorgó la Biznaga de Honor. Durante la rueda de prensa previa a la entrega, Banderas reveló que había sufrido un ataque al corazón apenas dos meses antes, en enero. “Tuve mucha suerte, fue benigno y no ha dejado daños”, explicó. Aseguró que le había ocurrido por la “paliza importante” a la que había sometido a su corazón tras convertirse en un adicto al trabajo. Aquella situación le hizo replantearse su vida. Dejó Hollywood, comenzó a prepararse para vivir en Málaga y, sobre todo, puso en marcha el sueño de su vida, el Teatro del Soho. Ahí ha vuelto a hacer lo que más le gusta, subirse a un escenario. Primero en A Chorus Line y después en Company, musical que afronta sus últimos días en la cartelera de la ciudad antes de iniciar una gira por España.

Antonio Banderas, con su Biznaga de Honor.

2018. Guillermo del Toro y los boquerones. El director mexicano aterrizó en Málaga apenas un mes después de triunfar en la gala de los Óscar, donde se llevó la estatuilla a la mejor dirección y la de mejor película por La forma del agua. Premio de Honor de aquella edición —que le entregaron Marisa Paredes y Ron Perlman—, ofreció una sabrosa clase magistral ante un millar de personas. Habló de influencias, de guiones, de éxitos y fracasos. Y con un “¡Viva Málaga, cabrones!” puso al público en pie. Aprovechó su estancia en la Costa del Sol para degustar unos boquerones fritos junto a Santiago Segura, quien también le llevó a disfrutar de una horchata en Casa Mira.

El director mexicano Guillermo del Toro, al acabar su clase magistral.Daniel Pérez

2020. La edición de la pandemia. El 10 de marzo de 2020 la alfombra roja cubría la calle de Larios y la entrada del Teatro Cervantes. Las banderolas con el cartel del festival inundaban la ciudad. La programación había sido presentada en Málaga y Madrid. Los viajes de los invitados estaban todos organizados. La plantilla de trabajadores ultimaba los detalles para la XXIII edición, para la que faltaban apenas 72 horas. Aquel día, sin embargo, la organización emitió un comunicado: aplazaba la celebración “debido a la incertidumbre” que generaba la evolución del coronavirus. Nadie conocía aún las consecuencias de la pandemia. “Aquel momento fue el más duro como director de este festival”, afirma Juan Antonio Vigar. El mejor, relata, fue cuando el evento pudo celebrarse finalmente en el mes de agosto tras el confinamiento, la desescalada y unos meses imposibles de olvidar. Volvía sin alfombra ni eventos sociales y con aforos reducidos, pero volvía.

El director del festival, Juan Antonio Vigar, en el patio de butacas del Teatro Cervantes en la edición de 2020. A su derecha, una de las butacas ‘vaciadas’ por la reducción de aforo durante la pandemia.Álvaro Cabrera

2021. El no viaje de Gael García Bernal. La relación entre el Festival de Málaga y Gael García Bernal ha sido un quiero y no puedo. El actor mexicano fue reconocido en 2020 con el Premio de Honor. Tras el aplazamiento por la pandemia, la cita se retomó en agosto, pero él no pudo viajar a España. Tampoco lo consiguió en la edición de 2021 ―marcada igualmente por el coronavirus— y en este momento se encuentra de rodaje, así que no podrá recoger aún una distinción que “sigue en pie”, avisan desde la organización. Sí lo recogerá Carlos Saura, el galardonado este año.

Agustí Villaronga, recogiendo sus premios en el festival de Málaga 2021.

2022. La gala inaugural más multitudinaria. Cada año, la inauguración del festival se realiza en el Teatro Cervantes. Este año se traslada, a lo grande, al palacio de los deportes Martín Carpena. Allí el aforo se eleva hasta las 2.400 personas, menos de las 3.000 que pudieron acudir a la gala de los Goya de 2020 celebrada en este mismo escenario. Presentada por Pepón Nieto, contará con las actuaciones de Manolo García, Camela, o Belén Bouzas. Y arranca con la proyección de Código emperador, de Jorge Coira. “Vamos a una edición muy especial: la del aniversario y la de la vuelta a la normalidad”, dice el gallego, que reconoce sus nervios porque este viernes la película también se estrena comercialmente. Código emperador habla de ese mundo oscuro policial ahora conocido gracias a los actos del comisario jubilado Villarejo. “Es todo resbaladizo”, recuerda el director, “y la búsqueda de información es complicada”, explica sobre el material en que se basa el guion de Jorge Guerricaechevarria. Con Luis Tosar pistola en mano, un acto ya habitual en su carrera. “Luis es uno de mis mejores amigos, trabajar con él lleva al disfrute porque maneja la sutileza. Y sí, desenfunda con cierta frecuencia en pantalla”.

Luis Tosar, en el rodaje de ‘Código emperador’

Con información de Gregorio Belinchón.


Source link
Salir de la versión móvil