Ícono del sitio La Neta Neta

Los niños de ISIS, los que juegan a ser terroristas


AL-HOL, Siria — En un campamento de refugiados de la ciudad siria de Al-Hol, los chicos se pasan el día corriendo por calles polvorientas y jugando con palos que hacen de espadas y con carteles negros, imitando a los combatientes de la organización ISIS.

Pocos pueden leer o escribir. La única educación que reciben algunos son los relatos de sus madres glorificando a ISIS.

Han pasado más de dos años desde que el “califato” de ISIS fue desmantelado. Y durante todo ese tiempo unos 27,000 menores han languidecido en el campamento de al-Hol, al noroeste de Siria, donde permanecen familias afiliadas a ISIS.

Los niños pasan su infancia en medio de una gran incertidumbre, en condiciones miserables, sin escuelas ni sitios donde jugar y crecer, ante la indiferencia del mundo, que muestra poco interés en resolver su situación.

UNOS 27,000 NIÑOS LANGUIDECEN EN UN CAMPAMENTO EN SIRIA

La única instrucción que reciben proviene de partidarios y antiguos militantes de EISIS que operan en el campamento, a pesar de que es manejado por las fuerzas curdas que derrotaron al grupo terrorista.

Las autoridades curdas y grupos de ayuda temen que en el campamento se esté formando una nueva generación de combatientes. Les han pedido a sus países de origen que se hagan cargo de las mujeres y los niños, pero esas naciones con frecuencia ven a estos menores como un potencial peligro más que como chicos que hay que rescatar.

El soldado James Bridges fue arrestado el martes en Georgia y enfrenta cargos federales de terrorismo. Aquí los detalles.

“Estos chicos son las primeras víctimas de ISIS”, dijo la directora de la rama siria de Save the Children, Sonia Khush. “Un chico de cuatro años no tiene una ideología. Necesita protección e instrucción”.

“Los campamentos no son lugares para que los niños vivan o crezcan”, agregó. “No pueden aprender, socializar, ser niños. No pueden sanar las heridas causadas por todo lo que vivieron”.

En el campamento, rodeado de vallas, varias familias viven a menudo en una carpa; los servicios médicos son mínimos y el acceso al agua y a instalaciones sanitarias muy limitado.

Dos terroristas volaron explosivos dejando 32 muertos.

Hay unos 50,000 sirios e iraquíes allí. Casi 20,000 son niños. Del resto, la mayoría son mujeres, esposas y viudas de combatientes.

En un anexo separado, severamente vigilado, hay otras 2,000 mujeres de 57 países consideradas partidarias de ISIS y sus hijos, unos 8,000 niños.

La influencia de ISIS se hizo evidente durante una visita de la Associated Press al campamento el mes pasado. Una docena de jóvenes del anexo le tiraron piedras al grupo, que iba acompañado por guardias curdos. Algunos blandían objetos de metal que parecían espadas.

La exhibición fue inaugurada en Teherán e incluye vehículos y cinturones suicidas usados en ataques.

“Los vamos a matar porque son infieles”, gritó un muchacho que parecía tener unos diez años. “Somos ISIS”.

Otro chico se pasó una mano por el cuello, simulando una decapitación, y dijo, “con un puñal, Dios mediante”.

En un mercado adentro del anexo, una mujer miró a un reportero y le dijo, “el Estado Islámico sigue vivo”, el slogan del grupo.

La joven, de 26 años y originaria de Prescott, Arizona, fue secuestrada el 4 de agosto de 2013.

Durante los cinco años que gobernó buena parte de Siria e Irak, ISS trató de afianzar su califato adoctrinando a los niños sobre su brutal interpretación de las leyes islámicas. Entrenó a menores para la guerra, les enseño cómo decapitar gente usando muñecas y los hizo matar a cautivos en videos propagandísticos.

Una mujer del anexo que hablaba ruso, que se identificó como Madina Bakaraw, dijo que temía por el futuro de los menores, incluidos su hijo y su hija.

“Queremos que nuestros hijos aprendan. Deben aprender a leer, escribir y hacer cuentas”, expresó la mujer, de 42 años. “Queremos volver a nuestras casas y que nuestros hijos tengan una infancia”.

Los dos terroristas están bajo la custodia de EEUU en Irak y hablaron con NBC News.

Entre las mujeres del campamento hay de todo. Algunas son fervientes partidarias de ISIS, pero otras se desencantaron con su gobierno brutal o tras su derrota. Otras nunca tuvieron un compromiso ideológico y fueron llevadas al “califato” por sus esposos o familias.

El campamento funciona desde fines del 2018. Tras la derrota definitiva de ISIS en el 2019, las autoridades curdas trataron de repatriar a las mujeres, pero tropezaron con la oposición de mucha gente a su retorno.

“Los chicos que están allí no tienen culpa alguna, no deberían pagar por las decisiones de sus padres”, afirmó Ted Chaiban, director de la unidad del Medio Oriente y el Norte de África de la agencia de las Naciones Unidas para la niñez. Chaiban visitó al-Hol en diciembre.

El ataque dejó cuatro muertos y 22 heridos.

Si sus países de origen no los van a repatriar, al menos deberían crear condiciones para mejorar las vidas de los niños, de acuerdo con Shixmus Ehmed, director del departamento de refugiados y desplazados del gobierno curdo.

“Planteamos que abran escuelas y creen programas de rehabilitación y campos para hacer deportes”, dijo Ehmed. “Pero hasta ahora no ha habido nada”.

La UNICEF y las autoridades curdas abrieron 25 centros educativos en la sección principal del campamento, pero están cerrados desde marzo del 2020 por el COVID-19. En el anexo los niños son instruidos mayormente por sus madres, que les transmiten la ideología de ISIS, según la ONU y los funcionarios curdos.

Nadie reclamó de inmediato la responsabilidad del ataque en Kabul, pero tanto el Talibán como milicianos del grupo terrorista ISIS atacan de forma habitual a las fuerzas afganas.

A fines de marzo, fuerzas encabezadas por los curdos, con apoyo de Estados Unidos, detuvieron a 125 sospechosas de trabajar para ISIS.

Se cree que había elementos de ISIS que mataron a residentes sospechosas de haber abandonado la ideología de la organización y violado sus reglas. Al menos 47 personas fueron asesinadas este año, según las fuerzas dirigidas por los curdos. Funcionarios estadounidenses hablan de 60 asesinatos.

Amal Mohammed, una iraquí de 40 años, dice que quiere volver a su país para que sus hijas hagan una vida normal.

“¿Qué futuro tienen aquí?”, preguntó. “No tienen futuro. No están aprendiendo nada”.


Source link
Salir de la versión móvil