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Los nuevos señores del cielo


El Gobierno de Estados Unidos se prepara para cancelar su programa civil de drones por temor al espionaje chino. Los cerca de mil aparatos de origen chino del Departamento de Interior llevan desde noviembre en el suelo. Ahora, según el Financial Times, la supresión definitiva del programa parece inminente. El fin del servicio es grave porque los drones civiles se ocupan de vigilar emergencias, bosques, fronteras o áreas sensibles. Sin esos drones, muchas de sus labores deberían volver a vuelos tripulados, más caros y peligrosos.

Los aparatos chinos no tienen una alternativa sencilla: las empresas del país dominan el mercado global de drones pequeños con mucha ventaja competitiva. La decisión puede convertirse en un episodio más en la batalla tecnológica entre China y Estados Unidos, donde Huawei ha sido la víctima principal, vinculada a la nueva guerra fría por el 5G, y la app del momento, TikTok, la polémica más controvertida (TikTok es china y está en millones de móviles de todo el mundo).

Entre todas estas instituciones españolas, reúnen más de cien drones DJI

En Europa y España, como en los otros ejemplos de la guerra tecnológica con China, la preocupación es menor o disimulada. En España hay cinco distribuidores de drones DJI. EL PAÍS ha contactado con todos y al menos tres han explicado sus ventas y relaciones comerciales con cuerpos de seguridad y organismos españoles: Guardia Civil, Dirección General de Tráfico, Policía Nacional, Agencia Tributaria (para las fronteras) y multitud de policías locales y autonómicas. Entre todas estas instituciones, reúnen más de cien drones DJI, con numerosas negociaciones en marcha para seguir creciendo. 

Los drones chinos están bajo sospecha en EEUU desde 2017. El ejército estadounidense prohibió entonces los aparatos de la empresa DJI (Da Jiang Innovations), que domina el mercado global, por temor a espionaje. En agosto de ese año DJI abrió un reto para que hackers encontraran vulnerabilidades en sus sistemas y demostraran que eran de fiar. Uno de los hackers, Kevin Finisterre, fue capaz de acceder a sus servidores y encontró de todo: “Información de pasaportes, carnés de conducir, carnets estatales y diarios de vuelo. Otra de las cosas que hice para juzgar el impacto de la exposición fue buscar dominios ‘.mil’, ‘.gov’, ‘gov.au’; inmediatamente resúmenes de vuelos para un montón de localizaciones potencialmente sensibles apareció”, explica Finisterre en el informe que escribió sobre todos los problemas legales que tuvo con DJI por las revelaciones.

“Que los drones de esa marca china pueden estar enviando los datos, para mí no hay la menor duda porque ya se ha demostrado en el pasado, como hizo Finisterre”, dice Pedro Cabrera, fundador de Eton Shield, empresa de hacking ético de telecomunicaciones. “Y no solo de fabricantes chinos. Yo pude comprobar lo mismo con una marca francesa. Pude obtener toda la información de vuelos de esa marca que habían volado sobre varias ciudades, entre ellas Madrid; todos contenían la información básica de vuelo (hora, recorrido, estado) y algunos incluso contenían las fotos o vídeos que el piloto había realizado”, añade.

Silencio del Ministerio

El Ministerio del Interior español, a preguntas de este periódico, ha declinado comentar si van a tomar alguna medida contra drones chinos. El Ministerio de Defensa, en cambio, ha admitido que no tiene ningún drone DJI y ha detallado sus guías para adquirir drones pequeños: “El Ministerio de Defensa es consciente de la necesidad de disponer de sistemas RPAS [vehículo aéreo no tripulado, en sus siglas en inglés] de tamaño reducido que permita la cubrir la necesidad de obtención de información de nivel táctico”.

Para ello, Defensa ha creado unos “Requisitos de Estado Mayor” y ahora prepara “la Etapa de Determinación de la alternativa de obtención. En este paso se evalúan los recursos materiales concretos a obtener y se valoran los aspectos industriales, tecnológicos, logísticos, contractuales y de coste asociados a la solución operativa o funcional propuesta. Entre estos aspectos se incluyen la evaluación y certificación de seguridad en las tecnologías de la información y las telecomunicaciones (TIC), que permite valorar y acreditar su capacidad para manejar información de forma segura”.

Una prueba de la dificultad de sustituir estos drones pequeños por alternativas viables es que las fuerzas especiales de EEUU siguen comprándolos, a pesar del veto. Su opción es añadir software que limite los posibles peligros de seguridad de los drones de origen chino. “Sabemos que mucha de esta información [de los drones] se manda a China, así que es algo que no podemos usar”, dijo a periodistas en diciembre un alto cargo del Pentágono.

No hay que ser ningún estratega militar para entender el valor de imágenes ordenadas cronológicamente y detalladas de zonas sensibles de otro país, con la opción de mapear hipotéticos objetivos tanto físicos como humanos. No es algo que los satélites hayan de momento resuelto: “La imagen que puede obtenerse por satélite tiene sus limitaciones, y eso además suponiendo que China tenga un sistema de satélites que permitiese obtener fotos de EEUU”, explica Cabrera.

“¿Pero cuántos drones de DJI hay en EEUU? Millones. Que esos drones pertenezcan a un Departamento público o a un ciudadano, da igual, tienen el mismo sistema operativo. No podemos saber si el fabricante da un tratamiento distinto a la información de los drones en función del usuario o si marcan determinados drones para estar más atentos a su información, pero desde luego es perfectamente factible”, añade Cabrera. La obtención de inteligencia útil a partir de miles de horas de vídeo no es sencilla aún, pero poder distinguir los drones que graban en lugares interesantes es valioso.

La empresa Da Jiang Innovations (DJI) niega insistentemente que todo esto ocurra

Este lunes 13 de enero el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, dio un discurso en Silicon Valley sobre tecnología y China. No se refirió a los drones, pero sí a cómo ve China el Gobierno Trump: “Con [el presidente] Xi Jinping, el Partido Comunista ha priorizado algo llamado ‘fusión civil-militar’. Es un término técnico pero con una idea muy simple: bajo la ley china, las empresas chinas y los investigadores deben –repito, deben– bajo pena, compartir su tecnología con el ejército”, dijo.

La empresa Da Jiang Innovations (DJI) niega insistentemente que todo esto ocurra: “Esperamos poder revisar los hallazgos de la ‘revisión profunda’ del programa de drones del Departamento de Interior dada la falta de evidencia creíble para apoyar una amplia restricción por país de origen de tecnología de drones. Los drones DJI sigue siendo de los más seguros y empleados de la industria”, dijo DJI en un comunicado tras la noticia del FT.

Los drones plantean un matiz nuevo del equilibrio entre conveniencia, tanto económica como tecnológica, y seguridad. ¿Merece la pena tener en cuenta todos los riesgos hipotéticos a cambio de no poder usar la tecnología más a mano? EEUU no necesita drones enormes, tripulados a miles de kilómetros, que cuestan millones de dólares: con uno de esos, un Reaper, mataron al general iraní Soleimani. Pero sí intenta promover una industria propia de drones pequeños. Si esta maniobra es solo para mejorar su posición comercial o una preocupación real por la seguridad nacional, es la gran pregunta. También para otros países.

El gobierno de Estados Unidos tiene claro a quién debe presionar: “Vas a Europa y son muy cuidadosos a la hora de proteger la información privada de sus ciudadanos, sus expedientes médicos, todo lo que nadie querría en el espacio público, y a la vez están preparados a permitir que todo eso circule por infraestructura china”, dijo Pompeo. “Yo les recuerdo –y sé que es una analogía imperfecta– nadie de nosotros hubiera instalado tecnología soviética, ¿no?”


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