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'Los últimos de la lista': la batalla por salvar a cientos de animales cercados por el fuego en España

Aristegui Noticias


Por Guido Burdman / FRANCE 24

Laura Luengo Mata llegó hasta una rotonda y ahí se terminó el camino. Agentes de la Guardia Civil le cerraron el paso: el pueblo estaba evacuado, nadie podía entrar. Ella les explicó que del otro lado, en su santuario, quedaban 200 animales y las personas que los cuidan. Los agentes se llevaron las manos a la cabeza y mandaron una patrulla, pero solo para sacar a los humanos.

“Uno me decía: entiéndeme, yo estoy aquí para salvar vidas humanas. Yo no puedo permitirte que entres por esos animales, yo tengo que salvar tu vida”, relata Luengo Mata en entrevista con France 24.

Ella es la presidenta y cofundadora de la Fundación Santuario Vegan, un centro de rescate de animales considerados de granja, víctimas de la explotación, el abandono o el maltrato, ubicado en el límite entre las provincias de Madrid, Ávila y Toledo. Es decir, en el peor lugar posible del mapa de los incendios que castigan a España desde hace días.

Los fuegos, alimentados por una ola de calor extremo, una sequía prolongada y vientos cambiantes, forzaron la declaración de emergencia nacional y el desalojo de más de 120.000 personas en las provincias de Madrid, Ávila y Toledo, según cifras oficiales. Las personas evacuadas tienen nombre, cifra y refugio asignado. Los animales, no.

“Se te viene el mundo abajo”

El día en que todo se precipitó, el viento soplaba en contra y eso daba un respiro. Pero el humo era cada vez más denso. Desde el santuario llamaron a Protección Civil del municipio y la respuesta fue desconcertante: no tenían conocimiento de que hubiera que evacuar la zona. Poco después se enteraron por otra vía de que el pueblo entero estaba siendo desalojado.

Adentro, los cuidadores corrían contra el reloj. Movieron a los animales hacia el sector más próximo a los establos y las viviendas, donde el fuego tiene menos posibilidades de avanzar. A los más vulnerables, los caballos y burros más viejos, los encerraron en su cobertizo y sellaron las ventanas para que no entrara el humo.

“Se te vino el mundo abajo, porque en ese momento lo que piensas es que 200 animales que has rescatado del maltrato y del abandono se van a morir quemados. Y eso es horrible, no se lo deseo a nadie”.

Los animales, cuenta Luengo Mata, no entraron en pánico. “Estaban más asustados porque nos veían a nosotros asustados. Los cuidadores corrían y ellos corrían detrás”.

El fuego, explica, ni siquiera se ve venir: “Lo único que ves es que te metes en una nube de humo en la que no ves nada”.

Una decisión imposible

Evacuar a los animales era materialmente inviable. El santuario quedó cercado por tres frentes: el incendio que avanza desde Ávila (al norte de Madrid), el de San Martín de Valdeiglesias y el de Almorox. Todos los accesos estaban cortados y solo podían circular los bomberos y la Unidad Militar de Emergencias (UME). Ningún transporte de animales podía llegar. Y aunque llegara, mover 200 animales grandes, vacas, toros, caballos, requiere un tiempo que nadie tenía.

Tras consultar con varios veterinarios, tomaron la decisión menos mala: soltar a los animales en la parcela de 20 hectáreas, para que ellos mismos pudieran elegir dónde ponerse a salvo si llegaba el fuego, y dejar encerrados en los estables a los más mayores y frágiles.

De una hípica vecina, rodeada de vegetación, trasladaron además los caballos hacia el santuario, donde las posibilidades de sobrevivir eran mayores.

Lo que no hubo, denuncia Luengo Mata, fue ayuda oficial.

“No se iba a mandar ningún medio al santuario, ninguno. Ni bomberos ni la UME. Se mandaban medios a las poblaciones humanas para protegerlas”.

El llamado que les salvó la vida

Todo cambió cuando Luengo Mata publicó un video pidiendo auxilio en redes sociales. El llamado se viralizó, llegó a la prensa y escaló hasta el gobierno regional. Recién entonces la UME envió una patrulla especializada a evaluar el riesgo del terreno y, la noche en que el fuego amenazaba con entrar, se desplegaron unas 15 dotaciones de bomberos para frenarlo antes de que alcanzara una urbanización cercana y el santuario que quedaba detrás. El fuego no entró.

“En cuanto se vio la repercusión que tenía, es la presión que necesitan las autoridades para decir: bueno, igual no lo hacemos por los animales, pero lo hacemos porque va a tener impacto si le pasara algo a 200 animales“, reflexiona la activista, agradecida con quienes difundieron el pedido. “Ha sido lo que les ha salvado la vida”.

El peligro, sin embargo, no pasó. Los fuegos siguen activos, cambian con el viento y varios focos se han unido y tomado fuerza. El equipo del santuario permanece desalojado y solo puede ingresar una hora por la mañana, un tiempo que no alcanza para revisar a fondo a los animales ni para darles sus tres comidas diarias.

Una yegua muy mayor de la hípica murió durante la noche, sin que se sepa aún si fue por intoxicación con humo o por el estrés del traslado.

Este martes, una veterinaria equina revisará uno por uno a los animales y llevará suero para hidratar a los que lo necesiten.

Los últimos de la lista

Para Luengo Mata, lo vivido estos días confirma algo que va más allá de su santuario: en España no existen protocolos de actuación para los animales en emergencias.

“Yo creo que es una cuestión que va más allá de la sensibilidad de cada uno: que se reconozcan los animales como seres sintientes y se hagan protocolos”.

No pide que una vida animal se equipare a una humana, aclara. Pide algo más básico: que cuando haya que desalojar, exista un plan para los animales, y que cuando desalojarlos sea imposible, se destinen medios para protegerlos donde están.

Es un vacío que se repite en cada catástrofe, de los incendios del Mediterráneo europeo a los de la Patagonia argentina, donde la fauna arrasada rara vez figura en los balances oficiales de pérdidas.

Mientras tanto, en el santuario la angustia se renueva cada día.

“Sientes que va a pasar algo, que al final va a pasar algo, porque son muchos días desatendidos, solos y con fuego”, dice Luengo Mata. Y resume en tres palabras el lugar que ocupan los animales cuando todo arde: “Son los últimos”.



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