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Manuela Carmena: “Ni todo lo que hace la derecha está mal, ni todo lo de la izquierda está bien”

Un dibujo con dos magdalenas luce en la contraportada del nuevo libro de Manuela Carmena. Y como epílogo, la exalcaldesa de Madrid incluye algunas recetas de cocina. Carmena (Madrid, 77 años) cocinaba para sus rivales políticos en un intento de civilizar el combate diario. Fue un fracaso y la historia de cómo se fraguó nutre las páginas de La joven política. Un alegato por la tolerancia y crítico con los partidos (Planeta). No es que la también jueza jubilada abandone su talante siempre optimista, pero su visión resulta amarga: el escenario público convertido en un campo de batalla en el que todo vale. Las críticas alcanzan a rivales y antiguos compañeros. Eso sí, sin caer en truculencias ni ajustes de cuentas personales.

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PREGUNTA. Usted no había estado directamente en política, pero sí muy cerca, ¿no se la imaginaba así?

RESPUESTA. No. Conocía la falta de libertad en los partidos, que no profundizan en sus objetivos, que se quedan en la mercadotecnia… Pero no que el nivel de agresividad fuera tan intenso. Y que la política se convirtiese en una guerra en la que se utilizan dos elementos: insultos y descalificaciones, y la mentira. Eso me parece que es nuevo, yo nunca lo había vivido.

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P. ¿Esos vicios son igual en derecha e izquierda?

R. Creo que sí. Esas actitudes son más intensas en la oposición, pero el poder también la rebate con armas similares. Y hay que ver cómo se comporta a veces la izquierda en la oposición. Portavoces del PSOE decían de mí cosas alucinantes. Era bastante absurdo: apoyaban al Gobierno, pero nos imposibilitaban hacer algunas cosas.

P. Usted cuenta que descubrió los límites del poder, que tiene mucho más poder un juez que un político.

R. Nunca pensé que pudiera ser tan difícil ejercer el poder, que iba a vivir procesos tremendos por esas estructuras de desprestigio político. Que una propuesta razonable te la puedan convertir en algo ridículo y después ya resulte muy difícil plantearlo de nuevo como algo razonable. La política está preparada para dificultar lo máximo posible el trabajo del Ejecutivo. Y luego hay otra cosa tremenda, la judicialización de la política. Cada paso que dimos casi generó una querella. Y eso te produce una paralización extraordinaria. Los jueces se han convertido en un actor de la política sin ninguna duda.

“Nunca pensé que pudiera ser tan difícil ejercer el poder, que viviría procesos tremendos”

P. ¿Los jueces hacen política?

R. Yo defiendo el control judicial de la política, pero no se puede hacer desde la formalidad burocrática de la norma. Los jueces tienen que descender a un diálogo equilibrado con los responsables políticos. A veces no se puede aplicar sin más la norma, hay que incorporar la realidad sociológica.

P. ¿Pero los jueces actúan por prejuicios políticos?

R. Todos tenemos una visión de la vida, son tus gafas con las que ves las cosas, no creo que haya una premeditación de manera general, salvo excepciones. Lo que ocurre es que la visión general de la judicatura está absolutamente desligada de la realidad, es la visión de la norma de la jurisprudencia.

P. Usted encabezaba un movimiento que venía a acabar con la vieja política. ¿De ahí el desencanto?

R. Antes era muy partidaria de que la cantera de la política debían ser los movimientos sociales, pero el asociacionismo reivindicativo tiene también una gran capacidad de sectarización, muchas veces están tan aislados que tienen dificultades para la acción. Tenía compañeros con una enorme voluntad de transformar las cosas, pero con una gran dificultad para la transformación. Su vivencia se había limitado a los movimientos reivindicativos. Algunos no tenían ni experiencia laboral. No fui capaz de hacerlos conscientes de que gestionar lo público requiere otra actitud. El político poco puede hacer si no modifica la maquinaria de las instituciones, poco ágil, torpe, burocrática, y cuando se viene desde un mundo como el del asociacionismo reivindicativo, es muy difícil modificarla.

P. Señala a los medios por contribuir a la degradación de la política.

R. Se ha producido una simbiosis entre esa política de guerra y los medios. Se han encuadrado en esa guerra.

P. Sostiene que no hay debate político de verdad y mucho menos en formatos como los debates televisivos.

R. Los debates en televisión deberían hacerse de otra manera, con una mesa redonda y teniendo delante unos datos consensuados previamente. Y, a partir de ahí, analizar las políticas y reconocer que uno puede estar equivocado con su política, no pasa nada por eso. Esas cosas hay que hacerlas sin insultarse, sin plantear que esto que haces es de derechas o de izquierdas. Si uno dice que en determinado momento puede ser útil la colaboración público-privada, vienen y te contestan que eso lo hace la derecha. Perdona, olvidémonos, vamos a hablar de cosas concretas. La política tiene que dejar de ser solo discursos.

“El feminismo ha transformado la sociedad sin partidos políticos ni violencia”

P. ¿Conoce a Yolanda Díaz? ¿Qué le parece la plataforma que impulsa?

R. No la conozco, pero la impresión que tengo es muy buena. El feminismo ha conseguido transformar la sociedad sin partidos y sin usar la violencia. Sería importante insertar feminismo de verdad en la política. Incorporar a gente corriente que no está vinculada a ningunas siglas es interesante, aunque difícil de articular. Lo bueno de una plataforma así sería que señalase unos objetivos y aceptase a personas que se sientan vinculadas sin necesidad de que tengan un etiquetamiento de calidad en la izquierda política.

P. La gente avala esa política en la que priman más los gestos que la gestión. Ahí está el fenómeno de Ayuso.

R. Cuando los partidos no tienen objetivos claros, lo que determina es la simpatía que puede desencadenar un líder. La señora Ayuso tiene una manera muy natural de actuar. Y ha conquistado a muchos sin saber a lo que lleva esa actitud relajada y simpática, pero que es extraordinariamente conservadora, que propone alternativas irracionales, que miente… Quizá no habría que votar solo al partido, sino a iniciativas de los partidos. Hay que solucionar problemas. Y no todo lo que hace la derecha está mal ni todo lo que hace la izquierda está bien. A veces una síntesis puede ser interesante

P. “No nos representan”, decía el 15-M. ¿No sirvió para nada?

R. Se han hecho surcos. Y, aunque luego esos surcos se han rellenado de tierra, sabemos cómo se puede quitar esa tierra. A veces los fracasos son enseñanzas. Los procesos son lentos y hay que hacerlos con esperanza. Soy muy optimista, aunque los optimistas también tenemos que hacer crítica. Y lo que he visto en la política que no va bien debo decirlo.

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