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Mazatlán y la gentrificación turística

Mazatlán y la gentrificación turística

A lo largo de esta semana, Mazatlán fue tendencia en redes sociales debido a la polémica en torno a la pretensión de los hoteleros de prohibir a las bandas de música sinaloense tocar en las playas. Una de las palabras más utilizadas durante el debate en torno a este tema fue “gentrificación“, fenómeno social que tiene diferentes aristas y explicaciones.

¿Qué es la gentrificación?

De acuerdo con ONU-Hábitat, “la gentrificación sucede cuando un proceso de renovación y reconstrucción urbana se acompaña de un flujo de personas de clase media o alta que suele desplazar a los habitantes más pobres de las áreas de intervención”. 

Si bien el término suele utilizarse más cuando se habla de desarrollos urbanos que transforman barrios encareciendo los costos de vida y desplazando a los locales, también existe el fenómeno de gentrificación turística, el cual ” va más allá de un proceso de expulsión de la población residente”, tal como afirma Agustín Cocola-Gant, académica del Centro de Estudos Geográficos en la Universidad de Lisboa.

En su artículo “Gentrificación Turística”, Cocola-Grant toma como base ciudades europeas y anglosajonas para arrojar luz sobre este fenómeno, el cual, describe, provoca el desplazamiento de la población local en tres ámbitos: residencial, comercial y simbólico.

Estos podrían resumirse de la siguiente manera:

Expulsa a residentes con bajos ingresos por el aumento del precio de la vivienda.

La conversión de viviendas en alojamientos turísticos contribuye al desplazamiento.

Dificulta el acceso a la vivienda asequible para clases menos privilegiadas.

Concentración y transformación de viviendas para ser rentadas a turistas vía apps como Airbnb, con lo que los  inquilinos son sustituidos por usuarios temporales.

Desplazamiento Comercial
Elimina servicios necesarios para la vida cotidiana de los habitantes locales.

Aumentan los servicios y locales destinados a turistas, desplazando negocios familiares y tiendas utilizados por la población local.

Reduce los lugares de encuentro y socialización para la población local al ocupar el espacio público con terrazas de bares y restaurantes.

Expulsión de grupos sociales marginados y que hacen de la calle su lugar de subsistencia, “ya que estos suponen un estorbo para el entretenimiento de consumidores de clase media”.

Desplazamiento Simbólico
Causa tensiones diarias a nivel de barrio y complica la vida cotidiana de los residentes al perder espacios y por la presión a ser expulsado.

Los residentes pueden sentir una pérdida de pertenencia debido al dominio del espacio por parte de los turistas.

Crea un nuevo contexto social y cultural que puede hacer que los residentes antiguos se sientan desposeídos de los lugares que habitan.

El autor resalta que uno de los efectos negativos de la gentrificación es el ruido, cuyo aumento perjudica la salud mental de los locales. Sin embargo, en el caso de Mazatlán ocurre el caso contrario: son los hoteleros quienes, para satisfacer al turismo extranjero, solicitan silencio y quitar a las bandas locales para poder descansar en la playa. 

No obstante, la defensa en redes sociales a los grupos musicales, así como la marcha de los artistas de sinaloense, puede entenderse bajo la óptica de resistencia contra el desplazamiento simbólico, pues, justamente, los defensores de las bandas rechazaban cambiar el contexto cultural de Mazatlán para satisfacer el consumo temporal de los turistas.

Otro aspecto sería el desplazamiento comercial, pues los músicos protestaban en contra de que les quitaran su forma de ganarse la vida, sobre todo durante Semana Santa, cuando Mazatlán recibe un gran flujo turístico.

Foto: Archivo Cuartoscuro

Efectos de la ‘turistificación’ especulativa

Ya en 2021, Tania Elizabeth Ceballos Álvarez, Doctora en Gestión del Turismo por la Universidad Autónoma de Occidente, alertaba en su artículo académico “Los desafíos del turismo en Mazatlán. Hacia una nueva estrategia de desarrollo local”, que “de avanzar las prácticas predatorias que acompañan a la turistificación especulativa que provoca gentrificación y destrucción del patrimonio, Mazatlán corre el riesgo de convertirse en uno de los ‘lugares donde el consumo voraz termina masticando los restos de la naturaleza y del pasado; es decir, donde se alimenta de los signos históricos u originales’”.

Si bien el turismo puede generar beneficios económicos para la población y mejoras de infraestructura, Ceballos Álvarez menciona que “el crecimiento no necesariamente se traduce en desarrollo”, e incluso puede afectar a la población local, así como al medio ambiente.

Por lo anterior, recomienda implementar estrategias de desarrollo que cubran  “de manera articulada las dimensiones: económica, ambiental, social y cultural”.

Foto: Cuartoscuro

“Guerra de signos”

En el artículo “Turismo y gentrificación: pistas teóricas sobre una articulación”, los académicos Daniel Hiernaux y Carmen Imelda González, explican que, a diferencia de la gentrificación clásica, la provocada por el turismo tiene como principal actor al turista bajo un modelo “criollo”.

La gentrificación “no la realizan tanto las clases pudientes locales como en el modelo clásico, sino habitantes no residentes: los turistas. Lo anterior sin excluir que fuera del recinto turístico, en una suerte de aureola en torno al mismo que se atreven a explorar algunos posturistas, pueda darse un gentrificación tradicional sustentada en el cambio de giros comerciales operados por los propios residentes o en la inserción progresiva de segundas residencias o de gentrificadores locales, entre otros”, resaltan.

Asimismo, ponen en el centro de la discusión el conflicto de apropiación de los espacios a mediano y largo plazo, nombrando al turista también como un habitante más de la zona, aunque sea de manera temporal.

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“Lo hemos ligado directamente al hecho de que el turista-habitante produce el espacio, particularmente por medio de la producción y apropiación de signos aunque también en la dimensión material del espacio. A ello hemos agregado que el espacio es también modelado por el papel de la publicidad y de mecanismos de difusión de imágenes de destino, gracias a una verdadera imaginería del destino, construida por el capital y por todo un sistema de organizaciones públicas”, escriben.

Esta construcción de imágenes de un lugar en específico lleva, según los autores, a una “guerra de signos enraizada en la oposición entre el sistema de espacios, objetos y signos que sustentan la vida cotidiana de los residentes versus la construcción fantasiosa de los turistas que ejercen otra lectura del espacio barrial; esta guerra facilita, define y perenniza los mecanismos de gentrificación”.

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Esto puede ejemplificarse con un Mazatlán vendido como espacio para descansar y estar con la familia, como dicen los hoteleros que debería ser, frente a la realidad de las bandas sinaloenses tradicionales y el “ruido” que generan. 


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