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Mohamed VI marca los tiempos y la escenografía de su reconciliación con España



El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el rey Mohamed VI de Marruecos durante el encuentro mantenido en el Palacio Real de Rabat en noviembre de 2018.Ballesteros (EFE)

Una llamada del rey Mohamed VI al presidente Pedro Sánchez, el jueves por la mañana, obligó a cambiar todos los planes. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, que tenía previsto desplazarse esa tarde a Rabat, canceló su vuelo. Y la Embajada de España en Marruecos tuvo que avisar a la treintena de empresarios españoles y marroquíes que iban a participar en un encuentro con el jefe de la diplomacia española y a los más de 1.000 invitados a la recepción organizada en la residencia del embajador de España en Rabat, Ricardo Díez-Hochleitner. No hay mal que por bien no venga, las invitaciones podrán trasladarse a mediados de la próxima semana, cuando está previsto que Sánchez visite Rabat, si su apretada agenda permite celebrarla.

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Mohamed VI, que marca los tiempos y la escenografía de su reconciliación con España, ha querido darle la máxima solemnidad a un acto que pone fin a una crisis diplomática de diez meses, trayendo al propio presidente del Gobierno a Marruecos. No en vano, el monarca ha conseguido que España sea el primer país en reconocer que el plan de autonomía marroquí es “la base más seria realista y creíble” para la resolución del conflicto del Sáhara y no una más entre otras. El viaje del presidente a Marruecos coincidirá con el debate y votación esta semana por el pleno del Congreso de una proposición no de ley de los grupos de izquierda y nacionalistas que rechaza el cambio de postura del Gobierno sobre el Sahara, ante la que el PSOE podría quedarse solo.

Ya estaba previsto que Sánchez acudiera a Rabat, pero no hasta dentro de unos meses, cuando echaran a rodar los mecanismos de cooperación previstos en la “hoja de ruta” negociada por Albares con su homólogo marroquí, Naser Burita.

Ahora, deberán hacerse las dos cosas a la vez. Mientras Sánchez será agasajado como invitado especial del iftar (la cena con la que se rompe el ayuno diario durante el mes sagrado del Ramadán), Albares y Burita repasarán la lista de comisiones bilaterales que, con participación de los ministerios competentes, impulsarán la cooperación entre los dos países en los campos político, económico, cultural o de seguridad. Aunque no se conoce la lista completa de las mismas, se da por seguro que estas comisiones se ocuparán, entre otros asuntos, de reforzar el control de la inmigración irregular, poner en marcha la Operación Paso del Estrecho 2022 (tras dos años de suspensión) y planificar la reapertura de los pasos fronterizos de Ceuta y Melilla, cerrados a cal y canto desde el principio de la pandemia. Esta reapertura, advierten las fuentes consultadas, no se hará de golpe, sino de manera progresiva.

En el comunicado conjunto que salga de la visita de Sánchez deberían reflejarse, además, las contrapartidas que España ha negociado a cambio del giro o “paso” adelante, en palabras de Sánchez, en su posición sobre el conflicto del Sáhara. El respeto a la integridad territorial de los dos países —que, para España, significa como mínimo aparcar la reivindicación marroquí sobre Ceuta y Melilla—, la cooperación en la gestión de los flujos migratorios y la renuncia a acciones unilaterales, como la delimitación de las aguas marroquíes en la zona de Canarias.

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Aunque la suspensión de la visita de Albares ha retrasado una semana la puesta en marcha de la nueva “hoja de ruta”, fuentes diplomáticas aseguran que los frutos de la nueva relación con Marruecos ya se están viendo. Citan, entre otros ejemplos, la reanudación de los vuelos de repatriación de inmigrantes irregulares, el restablecimiento de las conexiones marítimas entre ambos países; o el desbloqueo de la nueva sede del Colegio Español de Rabat. El edificio, con un presupuesto de 16,5 millones de euros, se construirá sobre un solar cedido por el rey de Marruecos y tendrá capacidad para casi 1.000 alumnos.

La cruz de la mejora de las relaciones con Marruecos es el deterioro de los lazos con Argelia. Tras haber llamado a consultas a su embajador en Madrid, Said Musi, Argel ha suspendido la repatriación de inmigrantes llegados a España desde sus costas, según adelantó El Confidencial, aunque Interior asegura que no se han solicitado nuevas repatriaciones en las últimas semanas. Además, ha denegado la ampliación de los vuelos entre España y Argel, una vez que se han relajado las restricciones impuestas por la pandemia, por lo que estos seguirán limitados a cuatro semanales: tres de Vueling desde Barcelona; y uno de Iberia desde Madrid. Otros países europeos —como el Reino Unido, Bélgica o Italia— sí han conseguido ampliar sus frecuencias.

Argelia no oculta su disgusto por el cambio de posición del Gobierno español y el secretario general del Ministerio de Asuntos Exteriores, Chakib Kaid, declaró el pasado lunes a El Correo que su país hará “una revisión de todos los acuerdos con España en todos los ámbitos, para ver en el futuro cómo se desarrolla la relación”. El primer aviso ha llegado este viernes, cuando Toufik Hakkar, presidente ejecutivo de Sonatrach, la empresa argelina de hidrocarburos, ha asegurado que, “a pesar de que el precio de gas y el petróleo se han disparado tras el inicio de la crisis de Ucrania, Argelia ha decidido mantener, para el conjunto de sus clientes, precios contractuales relativamente correctos”. Pero ha apostillado, en declaraciones a la agencia oficial argelina APS: “Sin embargo, no se descarta proceder a un recálculo de los precios con nuestro cliente español”. Argelia es el principal suministrador de gas del mercado español, con un 40% del total el pasado año.

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