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Mortadelo en la cumbre del clima

Los irreductibles galos, que resisten ahora y siempre al invasor romano, y Mortadelo y Filemón, los agentes de la TIA capaces de destruir el mundo con sus chapuzas, viven en universos paralelos. Sin embargo, han mantenido un insólito encuentro en la conferencia del clima (COP26) que se celebra estos días en la ciudad escocesa de Glasgow. El último tebeo de los personajes de Francisco Ibáñez se titula El cambio climático (Bruguera), mientras que la última aventura de los galos, Astérix tras las huellas del Grifo (Salvat), es una fábula ecologista. Su coincidencia en las librerías, y en las listas de libros más vendidos, demuestran hasta qué punto la crisis climática se ha asentado en la cultura popular.

El calentamiento global ya no se presenta solo en películas de catástrofes, como la pionera El día de mañana (2004), sino que se ha ido introduciendo en la trama de filmes, libros y series, como las últimas temporadas de The Affair, que transcurren en un mundo que sufre constantes inundaciones por el deshielo. “Se trata de una coincidencia muy significativa”, explica Adriana Vergés, ecóloga marina en UNSW de Sídney y divulgadora científica. “Creo que refleja el hecho de que la sociedad está realmente alarmada y preocupada, a pesar de que a nivel global nuestros gobiernos no están respondiendo suficientemente rápido a la crisis climática”.

Viñetas del tebeo de Ibáñez ‘Mortadelo y Filemón. El cambio climático’

El tebeo El cambio climático es un clásico Ibáñez: porrazos, disfraces, catástrofes… En su álbum número 211, Mortadelo y Filemón reciben como encargo probar diferentes inventos del profesor Bacterio contra la crisis climática. No hace falta decir que todos resultan un fracaso y los dos agentes de la TIA acaban siempre por ser linchados. Lo interesante es que recorren todos los frentes de la crisis global: calor, fenómenos climáticos extremos, inundaciones… Todo ello contado en el clásico lenguaje de Ibáñez: “Han de seguir con el asunto del cambio climático”, les explica el Súper. “En Valdeseca del Secarral llovió por última vez cuando pasó por allí Amalrico el rey Godo”.

Preguntado por qué ha elegido ese asunto para el nuevo volumen de sus personajes, que forman parte de la historia sentimental, y casi personal, de millones de españoles, Francisco Ibáñez responde por correo electrónico: “Sencillamente porque es un tema muy de actualidad y me gusta tratar temas que conecten con el público inmediatamente. Creo que la visión en clave de humor de Mortadelo y Filemón puede servir para acercar al público, especialmente a los jóvenes, a un tema tan delicado”.

Astérix tras las huellas del Grifo trata el asunto de forma más sutil: en este caso los dos galos, junto al druida Panorámix, acuden a ayudar a un chamán sármata, una tribu que vive en los confines helados del Imperio. El peligro reside en que los romanos han lanzado una expedición para apoderarse de las riquezas escondidas bajo el hielo, simbolizadas en el mítico Grifo. Aparte de mensajes feministas –las mujeres sármatas son las que luchan, mientras los hombres se quedan en casa cuidando a los niños–, se trata claramente de una metáfora sobre la explotación implacable de los recursos del planeta.

“Los romanos representan la actitud de Occidente hacia la naturaleza, la forma en que se ha apoderado de todo”, explicó a la cadena Euronews el guionista Jean-Yves Ferri, que junto al dibujante Didier Conrad ha continuado la serie que crearon Goscinny y Uderzo en los años cincuenta y que ya describieron la destrucción del medio natural en uno de sus tebeos más célebres, La residencia de los dioses (1971). “Los sármatas representan el respeto absoluto por la naturaleza y por los animales en particular, mientras que los galos están un poco en medio”.

Desde películas como Wall-E o Avengers Infinity Wars pasando por Ice Age: el deshielo o algunos episodios de South Park, la crisis climática está por todas partes, incluso en series como Juego de tronos o en la saga de El señor de los anillos. En El día de mañana, con la que se inauguró el género que ha acabado por recibir el nombre ficción climática –Cli-fi–, una clásica película de catástrofes dirigida por Roland Emmerich, el hemisferio occidental padecía una paradójica glaciación cuando se paralizaba la corriente del golfo en el Atlántico. Aquello, entonces, parecía ciencia ficción. El pasado marzo, este diario explicaba en una información que, efectivamente, han cambiado “la temperatura y la velocidad de esa corriente”.

Viñetas del tebeo de Ibáñez ‘Mortadelo y Filemón. El cambio climático’

“El número de libros, películas, espectáculos e incluso canciones que abordan el cambio climático o tienen un escenario de fondo inspirado en el medio ambiente ha aumentado definitivamente”, señala Theodore Vincent, graduado de la Universidad de California en San Diego y autor principal del estudio Narrativizing Climate Change Through Popular Culture (Narrar el cambio climático a través de la cultura popular). “Pero lo más importante es que la popularidad de estas obras culturales se ha extendido más. Avengers Infinity Wars & Endgame son dos de las películas más taquilleras de todos los tiempos, y la motivación del villano central se basa, al principio, en los recursos finitos y los planetas moribundos de todo el universo. El álbum más reciente de la trascendente cantante pop Lorde está plagado de temas climáticos”.

Una de las tendencias es que se ha pasado del cine de catástrofes a meter la crisis climática en la trama como un elemento más, con el peligro de una cierta banalización. “Es un equilibrio interesante”, sostiene Theodore Vincent, “porque una normalización del cambio climático podría dar lugar a mucha complacencia. Si la gente considera que el cambio climático existe en un segundo plano, es probable que haya menos urgencia por producir soluciones concretas en algo como la COP26″.

David Wallace-Wells, autor de El planeta inhóspito (Debate), uno de los ensayos que mayor impacto han tenido sobre el alcance de la crisis climática si no se toman medidas, se pronuncia en un sentido parecido: “El efecto, creo, es diverso. Es difícil argumentar que sea malo que más gente se comprometa con la crisis, con lo que nos pide y con lo que nos depara si no actuamos. Pero hasta cierto punto, las mismas historias también pueden endurecernos ante impactos que antes nos habrían horrorizado, convirtiendo futuros bastante sombríos en aceptables, incluso en éxitos”. En cualquier caso, cruzarse con la crisis global cada vez con mayor frecuencia en la ficción también puede aumentar la sensación de urgencia. Como ordena el Súper a Mortadelo y Filemón, “tiren para allá y averigüen qué narices pasa, si la cosa tiene algo que ver con el cambio climático”.

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Viñeta del tebeo ‘Mortadelo y Filemón. El cambio climático’, de Francisco Ibáñez.




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