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Nadal elige el riesgo: más velocidad, más faltas


“Rafa tenía la cara desencajada”.

Desde el equipo de Nadal se retrata la circunstancia en que terminó el partido de cuartos contra el canadiense Denis Shapovalov. Un martirio físico que le hizo perder cuatro kilos de peso debido al desgaste y a la sudoración, según explicó a la Cadena Cope su técnico, Carlos Moyà, en una información corroborada por este periódico. Ayer, el mallorquín (35 años) todavía se reponía en el hotel del golpe de calor a base de compuestos minerales y descanso, guiado por las directrices de su fisio, Rafael Maymò. La deshidratación hizo mella en su cuerpo, pero el día extra de descanso de cara a la semifinal que le enfrentará la próxima madrugada (4.30, Eurosport) con el italiano Matteo Berrettini le permitió restablecer el chasis.

Fue el peaje de un cruce extremo en el que al campeón de 20 grandes solo le quedó una escapatoria: servir o caer. Sin la movilidad ni la chispa deseadas, ya extenuado, Nadal salvó el quinto set gracias a su servicio.

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“Por suerte, me funcionó y me dio la victoria”, subrayó en varias ocasiones el balear, que dejó un borrón en la hoja estadística nada casual. Nunca había registrado 11 dobles faltas –el máximo eran 8, en tres ocasiones–, pero detrás de la mancha había una intención. Desde hace tiempo, el mallorquín es consciente de que los éxitos y la supervivencia en este tenis de pocos impactos y mucha potencia pasa por incrementar el rendimiento del saque, así que se aplica y ensaya, y los riesgos conllevan un precio.

Cuando Moyà ingresó en el equipo, en diciembre de 2016, el técnico se concentró en multiplicar dos apartados que posteriormente han ido proporcionándole a Nadal muchos réditos. Para no depender exclusivamente de la llave maestra del drive y aumentar las variables en la construcción del punto hizo hincapié en el revés, y con el objetivo de abreviar los duelos y de preservar un físico ya treintañero y desgastado, el preparador le hizo entender a su jugador que era necesario aumentar de manera considerable la velocidad en la bola de partida. Nadal no solo aceptó, sino que propuso una revisión que trajo consigo cambios: un salto menor, piernas menos flexionadas, postura más erguida y empuñadura algo más relajada.

Una “declaración de intenciones”

Pese a ofrecer buenos porcentajes, el español nunca se ha distinguido por ser un sacador, no al menos uno de esos especialistas que tanto abundan en estos días; sin embargo, los promedios han ido dibujando una línea ascendente que se explica a partir de la nueva mecánica que adoptó hace tres años y que estrenó, precisamente, en Melbourne.

Según un informe publicado por la ATP en su página web, el servicio de Nadal fijó el año pasado una velocidad media de 180 kilómetros por hora con los primeros saques durante Roland Garros –el último Grand Slam que disputó antes de aterrizar en Australia– y de 150 km/h con los segundos. Ahora, precisa la citada información, el velocímetro marca 187 y 162 km/h respectivamente. Es decir, el de Manacor ha aumentado de forma ostensible la pegada a la hora de servir. Todo ello, lógicamente, supone que la posibilidad de fallar crezca y que, como en el caso de la última aparición, las dobles faltas sean más recurrentes.

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“A su edad debe tender a jugar más partidos de este tipo. El partido contra Shapovalov es una declaración de intenciones de que Rafa está dispuesto a arriesgar, a aceptar la relación riesgo-beneficio. Hasta ahora el beneficio ha sido muy alto”, concede Moyà a la ATP, mientras los números dejan claro la nueva senda por la que progresivamente ha ido introduciéndose Nadal.

En el estreno contra Marcos Girón, el casillero de dobles faltas contabilizó solo 2 y en el compromiso posterior ante Yannik Hanfmann fueron 5; después 6 frente a Karen Khachanov y contra Adrian Mannarino en los octavos la dicotomía fue más palpable: 16 aces y 6 fallos. Unidas a las 11 de los cuartos, el total refleja 30, lo que le convierte en el cuarto que más ha cometido en el torneo, por detrás de Maxime Cressy (54), Shapovalov (36) y Benoit Paire (31).

En 2017, cuenta Moyà, el objetivo era pasar de 140 km/h a los 150 con los segundos y desde entonces incrementar progresivamente los porcentajes. Obligado a ser más valiente que nunca a estas alturas de su dilatada aventura profesional, Nadal explora nuevos parajes y se desafía a sí mismo: sin cañonazos, bien lo sabe, no hay paraíso.

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