Ni un paso atrás


Casi tres centenares de personas han muerto en Francia en la última década en atentados de inspiración islamista radical. Los últimos han tenido como víctimas a tres ciudadanos asesinados ayer en la basílica de Notre Dame de Niza por un atacante armado con un cuchillo. Este tipo de actuación individual representa una modalidad diferente de la de los grandes atentados de hace años. El Estado Islámico —la última gran organización en la que se vertebró este tipo de terrorismo, por lo demás antiguo— ha perdido su base territorial y la gran mayoría de sus militantes han sido detenidos o neutralizados. Pero sigue irradiando sus ideas destructivas, compartidas por parte del islamismo radical, y sustentadas además por quienes muestran comprensión ante la violencia bajo la excusa de las pretendidas ofensas a la religión islámica. No hay gran novedad en tales operaciones, conocidas desde 1989, cuando el ayatolá Jomeini profirió su fatua contra Salman Rushdie. El objetivo es conseguir el retroceso de la libertad y de los valores ilustrados por desistimiento y por autocensura. Bajo la excusa de la islamofobia, el terrorismo pretende encontrar escudos legales que erosionen el patrimonio de la libertad de conciencia, de creación y de expresión característico de la tradición cultural europea.

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