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no sabías que los tenías y lo llevas haciendo mal toda la vida

La higiene personal es un aspecto fundamental para prevenir enfermedades y mantener una buena calidad de vida. Sin embargo, muchas veces descuidamos algunos hábitos de higiene que pueden tener consecuencias negativas para nuestra salud. Por ello es importante cambiar urgentemente estos hábitos: no sabías que los tenías y lo llevas haciendo mal toda la vida.

Hábitos que tienen que ver con la higiene y que es mejor evitar

Repasemos a continuación, algunos de los problemas de higiene más comunes y cómo evitarlos.

Utilizar el móvil mientras vas al baño

Este hábito puede parecer inocente, pero lo cierto es que el móvil puede estar lleno de gérmenes y bacterias que pueden contaminar tus manos y luego pasar a tu boca, nariz u ojos. Además, al utilizar el móvil mientras vas al baño, puedes distraerte y no limpiarte bien después de hacer tus necesidades. Lo mejor es dejar el móvil fuera del baño o limpiarlo con frecuencia con un paño desinfectante.

Usar bastoncillos

Los bastoncillos pueden parecer una forma efectiva de limpiar tus oídos, pero en realidad pueden ser perjudiciales. Al introducirlos en el canal auditivo, puedes empujar la cera hacia adentro y provocar tapones, infecciones o incluso dañar el tímpano. Lo más recomendable es limpiar solo la parte externa del oído con una toalla suave y dejar que la cera salga de forma natural.

Utilizar toallas sucias durante varios días

Las toallas son un caldo de cultivo para los microorganismos, especialmente si las dejamos húmedas en el baño. Al usar una toalla sucia, podemos transmitirnos bacterias, hongos o virus que pueden causar infecciones en la piel, el cabello o las mucosas. Lo ideal es cambiar las toallas cada dos o tres días y lavarlas con agua caliente y jabón.

Darse duchas largas con agua caliente

Ducharse es una forma de relajarse y limpiarse, pero si lo hacemos durante mucho tiempo y con agua muy caliente, podemos dañar nuestra piel. El agua caliente elimina la capa protectora de la piel y la reseca, lo que puede provocar irritación, picor o descamación. Además, al estar mucho tiempo bajo el agua, podemos favorecer la proliferación de hongos en las zonas húmedas. Lo más aconsejable es ducharse con agua templada y durante unos 10 minutos como máximo.

Lavarse el cabello todos los días

Lavar el cabello todos los días puede parecer una forma de mantenerlo limpio y sano, pero en realidad puede tener el efecto contrario. Al lavar el cabello con demasiada frecuencia, eliminamos los aceites naturales que lo hidratan y lo protegen, lo que puede provocar sequedad, fragilidad o caspa. Lo mejor es lavar el cabello cada dos o tres días, dependiendo del tipo de cabello y del nivel de actividad física.

No lavarte nunca el cabello

El otro extremo tampoco es bueno. No lavarse nunca el cabello puede provocar que se acumule suciedad, grasa y residuos en el cuero cabelludo y en las fibras capilares, lo que puede causar mal olor, irritación, infecciones o pérdida de brillo y volumen. Lo ideal es encontrar un equilibrio entre lavarse el cabello demasiado o muy poco.

No cuidar las pestañas postizas

Las pestañas postizas pueden ser un complemento muy atractivo para resaltar la mirada, pero si no las cuidamos bien, pueden convertirse en un problema para nuestra salud ocular. Las pestañas postizas pueden acumular restos de maquillaje, polvo o bacterias que pueden irritar los ojos o causar conjuntivitis u otras infecciones. Lo más importante es limpiar las pestañas postizas después de cada uso con un producto específico y guardarlas en un lugar seco y limpio.

No lavarse las manos con frecuencia

Lavarse las manos es uno de los hábitos de higiene más básicos y más importantes para prevenir enfermedades. Las manos están en contacto constante con todo tipo de superficies y objetos que pueden estar contaminados con gérmenes que luego podemos llevarnos a la boca, la nariz o los ojos. Por eso, es fundamental lavarse las manos con agua y jabón varias veces al día, especialmente antes y después de comer, de ir al baño, de tocar a alguien enfermo o de manipular alimentos.

Compartir tu cuchilla

Compartir la cuchilla de afeitar puede parecer un gesto de confianza, pero en realidad es un riesgo para la salud. La cuchilla puede estar contaminada con sangre, saliva o fluidos corporales que pueden transmitir enfermedades como la hepatitis B, el VIH o el tétanos. Además, al compartir la cuchilla, podemos provocar cortes o irritaciones en la piel que pueden infectarse. Lo mejor es usar una cuchilla propia y cambiarla cada cierto tiempo.

Lavarse los dientes de forma inapropiada

Lavarse los dientes es esencial para mantener una buena salud bucodental y prevenir caries, gingivitis o halitosis. Sin embargo, muchas veces no lo hacemos de forma correcta. Algunos errores comunes son: no lavarse los dientes al menos dos veces al día, no usar hilo dental o enjuague bucal, usar un cepillo de dientes viejo o inadecuado, cepillarse los dientes con demasiada fuerza o durante poco tiempo. Lo recomendable es seguir las indicaciones del dentista y revisar la boca periódicamente.

Guardar el cepillo de dientes cerca del retrete

Este hábito puede parecer inocuo, pero lo cierto es que al guardar el cepillo de dientes cerca del retrete, podemos exponerlo a las bacterias y los virus que se liberan al tirar de la cadena. Estos microorganismos pueden adherirse al cepillo y luego pasar a nuestra boca, lo que puede causar infecciones o enfermedades. Lo más higiénico es guardar el cepillo de dientes en un lugar seco y alejado del retrete, y taparlo con una funda protectora.

Usar demasiado enjuague bucal

El enjuague bucal puede ser un buen complemento para la higiene dental, pero si lo usamos en exceso, podemos causar problemas en nuestra boca. El enjuague bucal contiene alcohol y otros componentes que pueden alterar el equilibrio natural de la flora bacteriana y provocar sequedad, irritación o inflamación en las encías. Además, el enjuague bucal puede enmascarar el mal aliento sin tratar su causa. Lo más adecuado es usar el enjuague bucal solo cuando sea necesario y siguiendo las instrucciones del fabricante.

Utilizar cada tampón durante demasiado tiempo

Los tampones son un método muy cómodo y discreto para gestionar el periodo menstrual, pero si no los cambiamos con frecuencia, podemos poner en riesgo nuestra salud. Los tampones pueden acumular sangre y fluidos vaginales que pueden favorecer el crecimiento de bacterias que pueden causar infecciones como la vaginosis bacteriana o el síndrome de shock tóxico. Lo más seguro es cambiar el tampón cada cuatro o seis horas como máximo y alternarlo con otros métodos como las compresas o las copas menstruales.

Ducharse con poca frecuencia

Ducharse con poca frecuencia puede provocar que se acumule suciedad, sudor y células muertas en la piel, lo que puede causar mal olor, irritación, infecciones o acné. Además, al no ducharnos regularmente, podemos transmitir gérmenes a otras personas o a nuestro entorno. Lo más saludable es ducharse al menos una vez al día o cada dos días, dependiendo del nivel de actividad física y del clima.

No reemplazar la esponja de baño

La esponja de baño puede ser un buen aliado para exfoliar y limpiar la piel, pero si no la reemplazamos con frecuencia, puede convertirse en un foco de infección. La esponja de baño puede estar llena de restos de piel, jabón y agua que pueden favorecer el crecimiento de hongos y bacterias que pueden causar dermatitis o foliculitis. Lo más conveniente es cambiar la esponja de baño cada mes o cada dos meses y dejarla secar bien después de cada uso.

No limpiarse bien después de ir al baño

No limpiarse bien después de ir al baño puede provocar que queden restos de heces o de orina en la zona anal o genital, lo que puede causar mal olor, irritación, infecciones o enfermedades de transmisión sexual. Lo más higiénico es limpiarse con papel higiénico o con toallitas húmedas desde el frente hacia atrás, y lavarse las manos con agua y jabón después de ir al baño.

Compartir peine

Compartir el peine puede parecer un gesto inocente, pero en realidad puede ser una forma de contagiar o contraer piojos, liendres o caspa. El peine puede estar lleno de restos de cabello, grasa o suciedad que pueden pasar de una persona a otra y provocar problemas en el cuero cabelludo o en el cabello. Lo más prudente es usar un peine propio y limpiarlo con frecuencia con agua caliente y jabón.

Dormir con lentes de contacto

Dormir con lentes de contacto puede ser muy perjudicial para la salud ocular, ya que impide que el ojo se oxigene y se hidrate correctamente. Esto puede provocar sequedad, irritación, inflamación, infecciones o úlceras corneales que pueden dañar la visión. Lo más recomendable es quitarse las lentes de contacto antes de dormir y guardarlas en un estuche limpio con una solución desinfectante.

No lavar los alimentos

No lavar los alimentos antes de consumirlos o cocinarlos puede ser una forma de ingerir gérmenes, pesticidas o parásitos que pueden causar intoxicaciones, diarreas o enfermedades más graves. Lo más seguro es lavar los alimentos bajo el chorro de agua fría y frotarlos con las manos o con un cepillo para eliminar la suciedad. En el caso de las frutas y verduras con piel comestible, se puede usar también vinagre o bicarbonato para desinfectarlas.

Utilizar el mismo estropajo durante demasiado tiempo

El estropajo es un utensilio muy útil para limpiar los platos y los utensilios de cocina, pero si no lo cambiamos con frecuencia, puede ser una fuente de contaminación. El estropajo puede estar lleno de restos de comida, grasa o jabón que pueden favorecer el crecimiento de bacterias y hongos que pueden pasar a los platos y a los alimentos. Lo más higiénico es cambiar el estropajo cada semana o cada dos semanas y dejarlo secar bien después de cada uso.

Sobrehidratarse

Beber agua es fundamental para mantener una buena hidratación y un buen funcionamiento del organismo, pero si bebemos demasiada agua, podemos causar problemas en nuestro cuerpo. El exceso de agua puede diluir los electrolitos y alterar el equilibrio osmótico del plasma sanguíneo, lo que puede provocar hiponatremia, edema cerebral o insuficiencia renal. Lo más adecuado es beber entre 1,5 y 2 litros de agua al día, dependiendo del peso, la actividad física y el clima.

No lavar las sábanas lo suficiente

Las sábanas son un elemento muy importante para garantizar un buen descanso y una buena higiene, pero si no las lavamos lo suficiente, podemos exponernos a todo tipo de microorganismos que pueden afectar a nuestra salud. Las sábanas pueden acumular sudor, células muertas, polvo, ácaros o fluidos corporales que pueden causar alergias, asma, infecciones o mal olor. Lo más conveniente es cambiar las sábanas cada semana o cada dos semanas y lavarlas con agua caliente y jabón.

Caminar descalzo por las duchas públicas

Caminar descalzo por las duchas públicas puede ser una forma de contraer hongos en los pies o en las uñas, ya que estas zonas están expuestas a la humedad y al calor que favorecen su desarrollo. Lo más recomendable es usar chanclas o zapatillas de goma para proteger los pies y secarlos bien después de la ducha.

Descuidar las uñas y los cortaúñas

Las uñas son una parte del cuerpo que muchas veces olvidamos cuidar, pero que pueden reflejar nuestro estado de salud y de higiene. Las uñas pueden acumular suciedad, bacterias o hongos que pueden causar infecciones o enfermedades en las manos o en otras partes del cuerpo. Lo más importante es mantener las uñas limpias, cortas y sin esmaltes que las dañen. También hay que limpiar y desinfectar los cortaúñas o las tijeras que usamos para cortarlas.

No desmaquillarse al final del día

Desmaquillarse al final del día es un gesto imprescindible para mantener una buena salud e higiene facial, ya que elimina los restos de maquillaje, suciedad y grasa que se acumulan en la piel durante el día. Si no nos desmaquillamos, podemos obstruir los poros, favorecer la aparición de granos, puntos negros o espinillas, resecar la piel o provocar irritación o infecciones en los ojos. Lo más aconsejable es usar un producto adecuado para nuestro tipo de piel y de maquillaje y aplicarlo con suavidad.

No limpiar el mando a distancia de la televisión

El mando a distancia de la televisión es uno de los objetos más usados y más sucios de la casa, ya que lo tocamos con las manos, lo dejamos en el sofá, en el suelo o en la mesa, y lo compartimos con otras personas. El mando a distancia puede estar lleno de gérmenes, polvo o restos de comida que pueden contaminar nuestras manos y luego nuestra boca, nariz u ojos. Lo más higiénico es limpiar el mando a distancia con un paño humedecido con alcohol o con un producto desinfectante cada cierto tiempo.

No lavar los sujetadores o la ropa interior con regularidad

La ropa interior y los sostenes entran en contacto directo con nuestra piel y partes íntimas, por lo que es crucial lavarlos con frecuencia para prevenir enfermedades. Los sostenes y la ropa interior pueden acumular sudor, células muertas de la piel, fluidos corporales o residuos de productos de higiene, lo que puede provocar un olor desagradable, irritación, infección o alergia. Lo mejor es lavar los sujetadores o la ropa interior con jabón neutro y agua fría o tibia después de cada uso.

Reutilizar una botella de agua sin lavarla

Reutilizar una botella de agua puede parecer una forma de ahorrar dinero y cuidar el medio ambiente, pero si no la lavamos bien, podemos poner en riesgo nuestra salud. La botella de agua puede estar contaminada con saliva, bacterias o moho que pueden multiplicarse en el interior y pasar al agua que bebemos. Esto puede provocar diarreas, vómitos o infecciones. Lo más seguro es lavar la botella de agua con agua caliente y jabón después de cada uso y dejarla secar boca abajo.

Tocarte la cara

Tocarte la cara puede ser un gesto inconsciente que hacemos por aburrimiento, nerviosismo o cansancio, pero que puede tener consecuencias negativas para nuestra salud e higiene. Al tocarte la cara, puedes transmitirte gérmenes que hayas cogido con las manos y que pueden causarte granos, infecciones o enfermedades como el resfriado, la gripe o el covid-19. Lo más prudente es evitar tocarte la cara y lavarte las manos con frecuencia.

Estos son algunos de los problemas de higiene más comunes que podemos evitar con unos sencillos hábitos. Recuerda que la higiene personal no solo influye en tu aspecto físico, sino también en tu salud y en tu bienestar.


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