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¿Puede ser una hamburguesa si es vegetal?

Promoción de hamburguesas a base de vegetales en un restaurante McDonald’s en London (Ontario, Canada).Moe Doiron / Reuters

“¿Un coche eléctrico debería llamarse coche?”. La pregunta ilustra de forma muy clara y sencilla un asunto que será objeto de votación la semana que viene en el Parlamento Europeo. ¿Se puede llamar hamburguesa a un producto con forma, textura y sabor de hamburguesa, pero hecho de vegetales? Los productores, entre ellos algunas empresas cárnicas, defienden que sí, pero la postura de la Comisión Europea, expresada en una enmienda a un reglamento, es que no, que hay ciertos términos —hamburguesa, salchicha, filete, etc— que remiten a la carne en el imaginario colectivo y que, para evitar confusión entre los consumidores, no deberían usarse en los envases de productos que no tienen carne en su composición.

La pregunta del coche eléctrico es de Santiago Aliaga, responsable de Zyrcular Foods, una empresa que produce y distribuye hamburguesas y otros productos de base vegetal vinculada a la cárnica Vall Companys. Ante la inminente votación, Zyrcular Foods y otras empresas —entre ellas algunas cárnicas, como Campofrío, Argal o Embutidos Espuña, y otras como Upfield (productor de la margarina Flora), Vicky Foods (Dulcesol) o Oatly (productor de bebidas de avena)-, enviaron este martes una carta a los eurodiputados españoles en la que expresan su “preocupación” por la eventual aprobación de las enmiendas 165 y 171 al reglamento 1308/2013. La 165 señala que “los nombres (…) que se usan para la carne y las preparaciones a base de carne se reservarán en exclusiva para los productos que contengan carne”. Entre esos “nombres” cita “filete”, “embutido”, “escalope” o “hamburguesa”. La 171 restringe aún más las denominaciones que pueden usarse para productos vegetales similares a los lácteos. Ya está vetado el uso de “leche vegetal” o queso vegano, por ejemplo, pero la enmienda amplía el veto a expresiones como “tipo”, “estilo”, “parecido a”, “sustituto de” y otros.

“El texto de estas enmiendas fue aprobado ya en la Comisión de Agricultura”, explica por teléfono la eurodiputada socialista Clara Aguilera. “Se aprobó que esas denominaciones cárnicas debían seguir ligadas a productos que tuvieran un porcentaje de carne procedente de animales [el matiz es importante ante la aparición de carnes producidas a partir de células madre] y lo mismo con la leche”. Con la votación de la semana que viene, cuyo resultado está en el aire, según Aguilera, el Europarlamento dará su “opinión”. Después, faltaría una última negociación con el Consejo Europeo, donde el asunto podría aún modificarse, para que la norma fuese definitiva. Aguilera señala que la posición de su grupo es a favor de las enmiendas, pero admite que desde que se elaboraron hasta hoy las alternativas plant-based se han popularizado y el debate ha evolucionado. Por ello, su grupo, junto con colegas italianos y franceses, intenta sacar adelante una iniciativa para que la Comisión analice el asunto en profundidad y decida en unos meses, dejando en el aire de momento las enmiendas.

Uno de los argumentos de los defensores de las enmiendas es el de evitar la confusión de los consumidores. Es el que aduce la Asociación Nacional de Industrias de la Carne de España (Anice), la patronal más importante del sector. Afirma Anice que usar términos de derivados cárnicos en productos de origen vegetal “puede inducir a error al consumidor” y por tanto rechaza “la utilización incorrecta y usurpación de las denominaciones de venta de las carnes y sus derivados”. En un documento remitido a EL PAÍS, recuerda Anice la normativa europea y española (decreto 414/2014) que lo regula y respalda la enmienda 165 “en su redacción actual”.

“Una hamburguesa es lo que es, nosotros proponemos ponerle un adjetivo (vegetal). Nuestro argumento es que el consumidor es suficientemente inteligente para identificar correctamente un producto si se lo describen” tercia Aliaga, de Zyrcular Foods. Una reciente encuesta elaborada por Proveg (una asociación que promueve el vegetarianismo) junto con Upfield, Heura y Oatly (productor sueco de bebidas de avena) con 3.000 encuestados españoles sostiene que “entre un 70 y un 80%” de los consumidores sabe diferenciar entre productos cárnicos y lácteos y sus alternativas vegetales”.

“No se pueden poner puertas al campo” afirma Bernat Anaños, fundador de Heura, una empresa que produce carne vegetal, una de las firmantes de la carta a los eurodiputados. “Si la Unión Europea apuesta por un horizonte más sostenible, esto sería una barrera, esa nomenclatura aleja esa solución”, razona, tirando de uno de los argumentos de la carta. Además, el documento subraya que la producción de “alimentos alternativos o análogos a la carne” “fortalece y diversifica” el sector alimentario español, “líder en Europa y en el mundo”, y más en un momento en que hay que afrontar retos como “la dependencia del sector servicios, la despoblación de zonas agrarias y el reequilibrio territorial”.

Recuerda el documento que muchas empresas cárnicas españolas ya producen productos con base vegetal y tienen “una presencia consolidada” en la distribución, “lo que “evidencia que hay un segmento próspero”. “Campofrío, Noel, Argal, Espuña… Las principales empresas tienen”, enumera Aliaga. “Vemos que hay una tendencia hacia reducir el consumo de carne y nosotros nos preguntamos: ¿podemos responder a esa necesidad, complementar nuestra oferta? Tenemos la tecnología y hay un mercado creciente, así que vale la pena intentarlo”, abunda Neus Frigola, directora de marketing de Embutidos España, que tiene una hamburguesa a base de proteína de guisante. No sabe cómo podría llamarla si el veto se hace definitivo. “Medallones, discos, tubos (para las salchichas)”, no le convencen.

En todo caso, cree Anaños, de Heura, que si las enmiendas salen adelante, solo se “ralentizaría el cambio”. Las proteínas vegetales serán la norma en el futuro, solo hay que ver cómo hacerlo accesible a todo el mundo”, señala. Coincide Aliaga: “La proteína vegetal es un paso, luego está la carne de laboratorio, etc. Somos un país con tradición cárnica, pero hay que abordarlo. Es un nuevo campo donde la industria de alimentación puede demostrar que hacemos las cosas bien. Si no, los que vienen de fuera no pararán. Tenemos que tener nuestra apuesta”.


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