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Quién es quién en ‘El Madrileño’: el disco del año, analizado y explicado por el propio C. Tangana


El Madrileño ha sido un bombazo. La discográfica Sony no da cifras, pero algunos datos del nuevo disco de C. Tangana son públicos: más de cinco millones de streams en las primeras 24 horas lo convierten en el mejor debut de un artista español en la historia de Spotify. Las 14 canciones entraban en el Top 50 de Spotify. La trascendencia ha llegado a América, donde también acumula portadas y récords. A nivel mundial entró en el Top 50 en 10 países y ha sido el primer español que llega al Top 10 global de la plataforma.

Parte del tirón se debe a la amplísima lista de artistas invitados, hasta 14, de todo pelaje. Vocalistas con los que Tangana y su equipo musical, el guitarrista Víctor Martínez y el productor Alizzz, han emprendido un camino que intenta unir las músicas populares de España y América latina. “Yo componía primero y luego pensaba en quién podía cantar la canción siguiendo algunas normas que teníamos: que fuesen leyendas y que no pertenecieran al ámbito regular del mainstream, aunque hubieran llegado al público masivo. Que no le hablen a la gente por los canales habituales, sino que se hayan buscado su propio mundo”, contaba a ICON en conversación telefónica Antón Álvarez, alias C. Tangana, este miércoles.

Con canciones grabadas en países distintos, en mitad de la pandemia, en muchos casos por músicos sin contacto entre sí, el ensamblaje final fue complicado. “Ha sido un proceso agotador, pero se nos ha dado bastante bien. Hemos contado con muchos mezcladores distintos. Les dábamos el trabajo casi terminado, pero ellos tenían que darle el pulido final. Ha sido bastante locura… Si ves la lista de toda la gente que participa en el disco es un puto ejército de personas”, contaba. Lo que sigue es un quién es quién en El madrileño, los músicos invitados, las razones por las que están ahí, y las circunstancias en las que se conocieron, todo contado por su anfitrión.

Pasen y vean:

El vídeo de ‘Fuentes de Ortiz’, posiblemente lo primero que C. Tangana escuchó de Ed Maverick.

Ed Maverick: “Una noche de pedo en México llegó un momento en que me estaba poniendo emocional. Empecé a poner temas más tranquilitos, y Lalo, un colega que me ayuda con los bolos allí, puso uno de los temas de Maverick, no me acuerdo cual. Sería Fuentes de Ortiz o alguno así. Fue bastante revelador”, cuenta Tangana del músico de Delicias, en el estado Mexicano de Chihuahua. Maverick, que se llama realmente Eduardo Saucedo, tiene 20 años recién cumplidos y se hizo conocido en 2018, cuando solo llevaba un año de carrera, gracias principalmente a Spotify. “Cuando empezamos con El Madrileño, vimos que era un perfil que podía funcionar muy bien, por eso de haber llegado a un público masivo, pero ser bastante outsider. Le tiré a Instagram y le empecé a pasar música. Él ya me seguía, me había escuchado. Le mandé canciones cuando ya estábamos en el mundo pandémico y hubo mucho intercambio y mucha complicidad que se concretó en Párteme la cara”.

La Húngara: “La conocía de cuando era pequeño”, explica Tangana. Sonia María Priego Bárbara, La Húngara, nacida en Écija, Sevilla, en 1980, es una cantante de corazón flamenco que ha publicado 19 discos en 21 años de carrera. Todo un récord. “Mala, malita, mala o Todo tiene su fin eran canciones que escuchábamos los colegas. Y había unas versiones de ella con música electrónica de la época que eran muy de extrarradio. Siempre tuvo su encanto. Como Estopa, era música que la gente que se creía muy inteligente, muy cultureta, decía que era mala, pero que nosotros sentíamos dentro y que vinculo a la adolescencia, a los primeros amores… siempre ha tenido mucho peso. La llamé directamente y le dije: ‘Vente al estudio’. Ella siempre me cuenta que cuando recibió el primer mensaje se lo enseñó a su hija y le preguntó: ‘A ver, ¿Este me está engañando o es el Tangana de verdad?’. Fuimos a comer, le conté mi historia, le puse Tú me dejaste de querer y dijo: ‘Esto es un bombazo’. Ha habido mucha conexión y ha sido una de las colaboraciones que más ilusión le han hecho a mi círculo. Ella se ha sentido muy halagada de que yo, viniendo del urbano y teniendo éxito, le dijese que la escuchaba y nos ha devuelto mucho. Siempre que nos vemos sacamos la guitarra y cantamos con Víctor. Ella es muy cariñosa y ha surgido una relación muy bonita”.

Niño de Elche. “Coincidí con él en una charla cuando no escuchaba su música”; cuenta del más heterodoxo y discutido de los creadores flamencos del momento. Francisco Contreras, ilicitano de 1985, fue un niño prodigio del cante que decidió salirse del canon y ha desarrollado infinidad de proyectos que van del flamenco clásico a la música experimental pasando por el pop y la electrónica. “Volví a verle en el Reina Sofía, cantando delante del Guernica y me impresionó. Después me invitaron a un concierto en la Joy Eslava y era completamente ecléctico. De repente era un concierto experimental de la hostia, de repente sacaba a una folclórica… Me pareció asombroso. Siempre me ha interesado la gente que hace cosas nuevas con la música de raíz, con la identidad cultural española… Y él, con esa cosa de ser flamenco y exflamenco, de ser odiado por algunos puristas, pero muy respetado por otros me parecía muy interesante. Al principio nos veíamos en festivales y tomábamos unas copas, después quedamos en Madrid para comer. Al final nos hicimos colegas. Un día le propuse ir conmigo a Operación Triunfo a hacer Un veneno y a partir de ahí es muy amigo. Su idiosincrasia es tocar los cojones, quiere estar en misa y repicando. Y tiene un conocimiento de todo increíble. Es un académico”.

El vídeo de ‘Nominao’, de C. Tangana con Jorge Drexler

Jorge Drexler. “Le conocí en la alfombra roja de unos Grammy Latinos cuando le dieron como tres o cuatro por Telefonía”, recuerda de su primer encuentro con el cantautor y médico uruguayo de 56 años asentado en Madrid. Con una larga carrera, ganó el Óscar a Mejor canción original en 2005 con Al otro lado del río. Drexler editó un álbum de cierto parecido con El Madrileño en 2014. Un disco panamericano titulado Bailar en la cueva. “Me lo presentaron y fue increíble, porque en mi casa se le ha escuchado muchísimo. Hubo como tres años que uno de sus discos, Frontera, mi padre lo ponía una barbaridad y a mí se me quedó marcado. Se lo iba a decir, pero él se me adelantó y me recitó cosas mías. Se las sabía de memoria. Para mí fue muy impactante y contactamos en Madrid, porque él es un poco madrileño también. Según fue pasando el tiempo y me metí en El madrileño, le tenía en mente. Nos vimos unas cuantas veces hasta que me llamó para ver en el estudio la última entrega de los Grammy. Él estaba nominado, pero no quería tirarse toda la noche esperando a ver si se lo daban o no. Y como sabía que soy nocturno, me llamó para hacer algo en vez de estar rayado en casa. Cuando dicen su nombre y le enfocan salgo yo detrás, estábamos en el estudio escribiendo Nominao, que, por cierto, está grabada en directo, una cosa de la que la gente no se ha dado cuenta”.

Kiko Veneno. “Había estado de fiesta con un joven cantante español (cuyo nombre no diré) y terminamos en el estudio de madrugada. Y ya de mañana, muy, muy pasado de vueltas después de tres o cuatro horas bebiendo, gritando y creyéndonos que íbamos a cambiar el mundo estaba con ganas de escribir algo. Probé a llamar a Víctor y estaba despierto. Estaba pasando muy mal momento por unos asuntos familiares, pero me hizo un hueco, cogió la guitarra y por zoom compusimos dos canciones en tres horas, lo que yo tardé en quedarme dormido. Luego quedamos en el estudio con Kiko. Iba muy nervioso porque él está muy interesado en hacer música que no sea lo que se puede esperar de él. Quiere que a nivel de composición y de producción sea distinto y yo le llevaba una rumbita de toda la vida”. Kiko Veneno, un sevillano nacido en Cataluña en 1954, es una leyenda desde que en 1977 publicó Veneno, con los hermanos Amador. Pero nunca ha dejado de avanzar y de mirar hacia adelante. “Le enseñamos el concepto del disco y le fui poniendo canciones mientras le miraba a la cara a ver qué pensaba. Y cuando vi que miraba como diciendo, ‘joder, aquí hay material’, sacó Víctor la guitarra, y antes de que termináramos de cantar Los tontos ya estaba haciendo el solo de guitarra. Fue la única canción que llevé al estudio compuesta. Y eso que yo estaba acojonado y pensaba que Kiko que me iba a poner pegas porque es de los que mejor escriben de España”.

Uno de los vídeos de Adriel Favela, californiano de origen mexicano.

Adriel Favela y Carín León. “Ellos hacen regional mexicano: música de banda, corrido, música norteña… hay muchos matices que ellos distinguen pero para nosotros sería el corrido”. Los dos son miembros de una nueva generación que está renovando el la música regional mexicana. Un grupo de jóvenes con una perspectiva distinta del género. “Algunos están al otro lado lado de la frontera, Adriel es de San Diego, en California, de padres mexicanos. En realidad, las letras clásicas del corrido mexicano son de ambición y se parecen mucho a las del rap de la costa oeste. Carín León es de México, de Hermosillo. Allí les tratan como a pueblerinos y se alegró mucho cuando yo me acerqué a él. Con Adriel había coincidido en Miami y ya habíamos hablado de hacer algo juntos y nos habíamos pegado un par de fiestas. Cambia! la empecé yo, se la mandé y la fuimos terminando en la distancia. Pero es curioso, porque la compuse con Víctor y pensábamos que no iba, porque yo no había compuesto un corrido en mi vida y mucho menos interpretado. Se la mande primero a Adriel, porque hay confianza. No contestó y tuve la sensación de que no le había gustado y que tampoco me iba a decir: ‘Oye madrileño, que te peines, que esto es una mierda’. Pero cuando llegué a casa por la noche, me había mandado un mensaje. Cuando lo abrí era un vídeo. Estaba viajando por EE UU de gira con su grupo y el cabrón había parado la furgoneta, les había bajado a todos y les había puesto a tocar el tema como lo hacen ellos y a cantarlo él. En una gasolinera, el muy cabrón. Eso me llenó de energía y llamé a Carín: ‘Mano, te admiro, te respeto, vamos a hacer esto, tienes que subirte que ya está Adriel’. Y se subió”.

Eliades Ochoa. “Fue al principio de todo. Cuando empieza la pandemia yo estoy en Cuba grabando con Eliades. Todo empezó porque quería hacer referencias a músicas que nos habían dicho que no eran culturalmente valiosas. Sabía que lo iba a hacer en España, aunque no pensaba que iba a juntarme con leyendas latinas. Pero Cuba es fundamental en el puente que trazo entre España y América latina y hasta que no estuve en Cuba y Eliades y sus músicos se quitaron el sombrero con lo que hacíamos y le dieron un respeto artístico, que para nosotros significó la hostia, no tiramos adelante con el proyecto”. Eliades Ochoa, que tiene 74 años, se convirtió en una estrella mundial gracias a Buenavista social Club que en 1997 que descubrió a los anglosajones la existencia del son cubano. Desde entonces le reverencian artistas como Björk o Damon Albarn. “Le conocimos mediante un personaje muy importante en Cuba, Livia, que es directora de casting. Es como una gran madre cubana, que a todo el mundo que pasa por ahí le convierte en su hijo. Es extremadamente mandona y para trabajar con nosotros pedía que me pasara a cenar por su casa. Me sonaba superespañol eso de: ‘Tienes que traerme aquí al niño y que yo le vea y no se qué’. En una cena en su casa, en un pequeño patio al lado había dos señores jugando al dominó. El marido de Livia y otro con un sombrero de cowboy. Y en un momento dado descubrimos que el otro era Eliades Ochoa. Llevábamos cuatro horas y cinco rones y no nos habíamos dado cuenta. Hablamos con él, salió una guitarra, él cantó, nosotros también y allí empezó una relación con él, con su mujer y con su hija. Al principio se mostraron reacios. Yo creo que, pensando que no iba a pasar, nos dijo que si volvíamos a su Cuba, él entraba al estudio con nosotros. Poco a poco nos fuimos haciendo amigos y cuando volvimos, entramos al estudio a grabar Muriendo de envidia. Y pum, surgió la magia. Fue muy importante para mí.”

José Feliciano y uno de sus éxitos de su era dorada como cantante melódico, ‘Qué será’.

José Feliciano: “Fue la última colaboración. Pensando que era un disco en el que era muy importante la guitarra quería contar con él. Le enviamos un par de ideas, pero no funcionaban e hicimos una reunión por Zoom y hablamos con él y con un montón de gente que trabaja con él”. Puertorriqueño, ciego de nacimiento, virtuoso de la guitarra y cantante de voz de terciopelo, con 75 años ya no es tan popular, pero hubo un momento en que fue uno de los músicos más populares del mundo. “No es fácil llegar a él y además hay mucha gente en medio. Además, que sea ciego es un impedimento en el mundo de pantallas en el que vivimos. Yo con la mayoría de la gente contacto por Instagram. Pero con José Feliciano no te hablas ni por WhatsApp ni por insta ni nada. Pero creo que en aquella conversación hubo algo que le convenció. Él tiene su idea de lo que es la música urbana, que te la puedes imaginar, es como: ‘yo no quiero criticar, pero…’. Entonces surgió una idea. Yo le conozco por las versiones que hacía y pensé que podía hacer una especie de versión de una canción mía. Así que Un veneno, que fue la primera canción que escribí, fue la última en entrar en el disco y fue con la leyenda”

Toquinho y Vinicius de Moraes cantan ‘Insensatez’, el tema que inspiró ‘Comerte entera’.

Toquinho. “Para mí un grupo de referencia para este disco era Ketama, que ellos utilizan muy bien la bossa y yo quería hacer una muy inspirada en las suyas. Quería hacerla con una colaboración española, pero pensamos que la legitimidad española la daba yo y que lo suyo era tener a una estrella de la bossa. Y fuimos directamente a Toquinho”. Toquinho, compañero de Vinicius de Moraes y de Chico Buarque y compositor de la famosísima Aquarela es una figura indispensable de la música popular brasileña del último medio siglo. “La rueda armónica de Comerte entera se parece mucho a un tema de Tom Jobim que Toquinho canta con Vinicius, Insensatez. Le contactamos, fue difícil, pero más accesible que José Feliciano. Él hizo el arreglo entero de la guitarra. Hubo confianza y mucho trabajo conjunto”.

Andrés Calamaro. Uno de los grandes nombres del disco es este compositor superdotado. El que fuera líder de Los Rodríguez tras una larga carrera en solitario y a punto de cumplir los 60 cultiva una imagen de muy argentino, muy español y muy outsider. “El otro día confirmó Jorge Drexler que él fue quién le pasó mi teléfono a Calamaro. No recuerdo cómo empecé a hablar con él, pero comenzó como correspondencia cuando yo estaba viajando. Le dije lo que le respetaba. Él me escribió para decirme que había escuchado Un veneno y que le parecía una barbaridad. Yo me sentí superhalagado y le compartí las canciones del disco sin colaboraciones. Luego un periodista argentino, Bebe Cotemponi, muy amigo de Calamaro me dio otro impulso. Yo estaba en Buenos Aires, emborrachado un poco del ambiente, escuchando a Andrés de nuevo, tuve otra vez el enamoramiento y le escribí: ‘Andrés, tenemos que vernos, quiero que estés en el disco’. Le conseguí cazar en Madrid, porque no le conocía en persona. Borracho le mandaba audios de tres minutos y él me mandaba lo que estaba haciendo. Cosas de locos, que es lo que somos. Pero la primera vez que le vi conseguí meterle en el estudio con Drexler. Y esa fue la noche mágica. Llegó como tímido. Bueno, nunca es tímido, pero no venía a hacer nada, solo a conocernos y a escuchar música. Y a los dos minutos estaba en el piano, tocando con Jorge. Esa noche fue increíble y escribimos Hong Kong. ¿Que si el vídeo es realista? Bastante. Hay muy poco guion ahí”.

Omar Apollo con la filarmónica de Los Ángeles canta ’219′, el corrido que impresionó a Tangana.

Omar Apollo: “Me lo enseñó Kigo [Su mano derecha]. Yo era reticente, pero escuché un corrido que hizo y me flipó. Es lo único que canta en castellano, el resto lo canta en inglés”. Apollo es un músico de Indiana, de padres mexicanos que vive en Los Ángeles. “Enseguida entendí su vibe, que es muy r’n’b, muy Prince. ¡Y es jovencísimo! Dentro de El madrileño, tener a alguien de raíces latinas pero cuya primera lengua es el inglés hacía mucha justicia a la idea del viaje. Cuando me salió Te olvidaste que es un r´n´b pensé que era el momento de contar con él”.

La mítica escena de ‘El gran Lebowski’ en la que suena la versión de ‘Hotel California’ de los Gipsy Kings.

Gipsy Kings. “Estaban ahí desde el comienzo del disco. Fue de los primeros nombres que tuve claro. Es con los que menos relación he tenido porque dominan regular, tirando a mal, el español. Ha sido un diálogo muy complicado, pero al final lo entendieron perfectamente, porque Ingobernable es una rumba”. Rumberos franceses, los Gipsy Kings entraron como un ciclón en los ochenta con Djobi djoba y Bamboleo. Después conquistaron Europa y más tarde Estados Unidos con su adaptación de Hotel California incluida en la película El gran Lebowski. “Ellos tocan las guitarras, cantan en el estribillo y hacen los jaleos. Esa canción era blandita, no como ahora. El sonido ese maximalista que parece un avión fue a partir de las guitarras que nos enviaron. La colaboración es con dos, Nicolás y Tonino, porque ni siquiera ellos tienen muy claro cuántos son. De ellos me tira mucho la nostalgia, todos sus temas que ponemos en las fiestas. También entran mucho en la idea de El madrileño por esto de ser extranjeros, de no ser españoles, y haber llevado la rumba a un nivel estratosférico fuera de España y por lo de no ser muy admirados por los puristas. Eso que se nos ha dicho en España de que no era una música de calidad mientras fuera de España eran completamente admirados y reconocidos. Todo eso tiene que ver conmigo. Mucha de la música española que reivindico tiene que ver con que algún cultureta alguna vez ha dicho que eso no valía nada”.

Pepe Blanco interpreta en su estilo torero ‘Cocidito madrileño’ en el programa de RTVE ‘Cantares’

Pepe Blanco. “Ese monólogo que cada cual lo interprete como quiera”, dice el cantante. En Cuando olvidaré, una canción compuesta de fragmentos de otras muchas, se escucha una arenga que reivindica la canción española frente a lo anglo. “Creo que la canción española es del pueblo; es racial, es de raza”, así comienza el discurso de Pepe Blanco, fallecido en 1981. En los cuarenta, este coplista se hizo famoso por ser de los primeros hombres que entraba en un género tradicionalmente asociado con voces femeninas y tuvo una larga y exitosa carrera. Era un chulapón de Logroño que olía a posguerra, a pan y pimientos. “Yo le conocí porque me estaba interesando mucho por la copla. Y hubo un momento en los cincuenta en España en el que lo mainstream eran los fandangos. Esa música tan complicada, que parece que no cierra bien, hace no tanto era extremadamente popular. Nuestra mentalidad ahora es supercuadriculada. A mí, Cocidito madrileño o Madrid tiene seis letras me llamaban la atención y él fue uno de los que las popularizaron. Sin ser de Madrid, que es otra cosa que me interesa. Muchos de los personajes del disco reniegan de su lugar, no son de dónde son o hablan una lengua que no les es propia, pero lo es de alguna forma. Esa manera de crear una identidad dispersa, diluida, una identidad en lo otro, tiene mucho que ver conmigo. Él era un taxista riojano que se hizo famoso cantando Cocidito madrileño. El discurso lo descubrí porque yo veía en Internet el programa Cantares, que es increíble, y una noche, a las cuatro de la mañana, que es cuando solía verlo, de repente escuché a Pepe Blanco decir eso. Me pareció increíble y tenía una lectura posmoderna con lo que pasa ahora mismo con el reguetón en España, también con el complejo de inferioridad de la canción española y con el complejo de cualquier artista que sea un poco ignorante, como me siento yo al no haber estudiado. Había ahí muchas lecturas y me apeteció meterlo”.

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