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‘Road trip’ por el Motor Valley en busca de deportivos y la mejor gastronomía italiana

En poco más de 90 kilómetros, entre las ciudades italianas de Bolonia y Parma, se concentran los museos y las fábricas de algunos de los mejores coches del mundo. Constructores de leyenda como Ferrari, Lamborghini, Maserati, Pagani… e incluso Ducati, la mítica marca de motos, son iconos del diseño italiano y las referencias para seguir una ruta que se conoce como el Motor Valley. Y los motores pueden detenerse perfectamente para hacer un alto y disfrutar de la buena mesa. Porque este es un viaje que atraviesa Emilia Romagna, la región gastronómica italiana por excelencia, con paradas imprescindibles en Bolonia, Parma o Módena.

Viñedos de ‘lambrusco grasparossa’ en la localidad italiana de Castelvetro, en Módena. getty images

De Bolonia a Parma por la tierra de los deportivos

Los coches y la comida atraen a muchos aficionados hasta Emilia Romagna, una tierra prometida de magníficos deportivos y gastronomía exquisita. Las raíces de la economía supersónica de esta región del norte de Italia, que se extiende desde los Montes Apeninos hasta el río Po, no están en el motor de sus famosos ferraris, sino en una tierra excepcionalmente fértil. Las verdes llanuras del valle del Po han cosechado suficiente riqueza natural para alimentar a toda una nación y financiar una gran producción de productos de lujo: coches magníficos, palazzi grandiosos, catedrales románicas, ciudades prósperas, una sólida infraestructura industrial, un legado operístico —con el compositor romántico Giuseppe Verdi (1813-1901) y el tenor Luciano Pavarotti (1935-2007) a la cabeza— y una descomunal gastronomía. Es la región de la estudiantil Bolonia, con sus pórticos y su ragù alla bollognese (carne con salsa de tomate); de la elegante Parma, con su queso y su ópera; de Módena y su vinagre balsámico; de la micronación de San Marino, de Rávena y sus mosaicos…

Más allá de estos atractivos, los amantes de los buenos coches encuentran una querencia especial por esos nombres míticos que nos hablan de motores, carrocerías de último diseño y marcas que representan el lujo y la excelencia.

Calle céntrica de Boloña, la capital de Emilia Romagna, con la torre Asinelli, la más alta de la ciudad (97,6 metros), al fondo. getty images

Bolonia, la universitaria

Culta, elegante, amable, gourmet y roja. Bolonia es una ciudad a la que se le pueden atribuir todos esos adjetivos, además de ser un destino ideal para los aficionados a la ópera. Por sus calles se reparten palazzi (mansiones), largos soportales y piazze con grafitis que llenan animados grupos de estudiantes cada tarde. Su corazón está en la Piazza Maggiore, flanqueada por la quinta basílica más grande del mundo y por una serie de impresionantes palazzi renacentistas. Todos los caminos conducen hasta aquí, y aunque no entremos en la basílica de San Petronio (del siglo XIV), nos llamará la atención su fachada principal, incompleta, que nos avisa que no llegó a terminarse. Por eso nunca superó en tamaño a la de San Pedro, en Roma, como estaba previsto.

Casi todo el mundo se dirige al barrio de la Universidad, con sus pintadas reivindicativas adornando las paredes, sus vendedores de periódicos comunistas y sus descuidadas pero atractivas calles. Cerca de allí está el antiguo gueto judío de la ciudad, una comunidad que habitó Bolonia entre 1586 y 1593, momento en el que fue expulsada definitivamente. Pasear por sus callejones, con pasajes suspendidos de una casa a otra, puentes cubiertos, románticos canales y edificios con pequeñas puertas y ventanas provoca en el viajero una sensación de regreso al Medievo. 

Fundada en 1088, la de Bolonia está considerada la universidad más antigua de Europa, y cuenta con varios museos gratuitos que ofrecen un respiro entre tanto arte religioso y tanta iglesia oscura. Y si hay que elegir, dos imprescindibles serían estos: la Pinacoteca Nazionale, la principal galería de arte de la ciudad, con una gran colección de artistas boloñeses desde el siglo XIV, y el MAMbo, el Museo d’Arte Moderna di Bologna. Ocupa un profundo y oscuro local que antes fue la panadería municipal y que ahora brilla con las obras de los más prometedores y experimentales artistas italianos.

La capital medieval de Emilia Romagna es también uno de los grandes destinos gastronómicos en Italia: de esta tierra proceden el ragú (estofado), la lasaña, los tortellini y la mortadela. También es el corazón del Motor Valley, una extensión de 50 kilómetros en la que tienen su sede más de 9.000 empresas que están a la vanguardia del sector del motor y que dan empleo a más de 66.000 trabajadores. Entre comidas, por ejemplo, se puede visitar el motero Museo Ducati, en Borgo Panigale, a 6,5 kilómetros del centro de Bolonia. Y, por supuesto, acercarse a la otra gran exhibición sobre ruedas de la ciudad, el Museo Ferruccio Lamborghini.

Motos antiguas en exposición en el Museo Ducati, en Boloña. alamy

Curvas de vértigo sobre dos ruedas: el Museo Ducati

Los que disfruten con la sensación del viento sobre la piel y de la libertad que ofrece montar en moto no pueden dejar de visitar el Museo Ducati, donde se repasan los más de 90 años de historia de esta emblemática marca, desde que empezó fabricando aparatos radiofónicos hasta llegar a la producción y prestigio actual. La exposición incluye 18 motos de carretera y 23 de carreras, que recorren el pasado de la compañía desde 1946 a la actualidad, así como trofeos, monos de pilotaje originales y paneles ilustrativos. Se puede incluir la visita a la fábrica, donde se puede ver trabajar a los operarios en unas líneas de producción impecables.

En un guiño a la fidelidad de sus clientes, quien se presente en la fábrica Ducati subido a una de sus motos dispondrá de acceso a un aparcamiento reservado. Pero ni los más acérrimos seguidores de la firma italiana podrán acceder al sector de Racing durante la visita al taller, ya que es de acceso reservado al personal de la marca. Los que visitan la sede de Ducati suelen parar a comer en el restaurante Ballarini, a pocos kilómetros, para disfrutar de las especialidades clásicas boloñesas, como los tortellini y el surtido de carne cocida.

Un ‘lamborghini’ Aventador SVJ expuesto durante la exhibición ‘Motor Valley’, en la plaza de Roma, en el centro de Módena. alamy

El automóvil perfecto: fábrica Lamborghini y Mudetec

La perfección se hace coche en Sant’Agata Bolognese, a 34 kilómetros al norte de Bolonia y sede de Lamborghini. La visita a la fábrica de esta legendaria escudería discurre entre las líneas de producción de los superdeportivos biplaza Aventador y Huracán, síntesis perfecta de diseño y tecnología. Además de admirar la dedicación con la que los operarios se construyen cada pieza de estas dos joyas, y de escuchar las explicaciones sobre cada fase del proceso, se pueden ver los enormes motores y la sección de peletería, donde se descubrirá que el cliente de estos superdeportivos puede incluso solicitar que la tapicería tenga el color de los ojos de su pareja. Allí hay verdaderos artesanos cortando, cosiendo y sellando la piel a sus soportes. Si sobra tiempo, también se puede visitar el Museo de Tecnologías (Mudetec) de Lamborghini, donde se repasa la historia e innovación del sector y se exponen ejemplos.

El Museo Ferruccio Lamborghini, inaugurado en 2001, es el segundo de los dos museos Lamborghini que hay en el Valle del Motor, en Funo di Argelato, 25 kilómetros al sureste de Sant’Agata Bolognese. Se trata de una exposición que repasa la historia de esta gran casa automovilística nacida bajo el signo del Toro, símbolo de la marca por ser Tauro el signo zodiacal de su fundador, Ferruccio Lamborghini (1916-1993), un emprendedor con enorme talento que pasó de construir tractores a fabricar superdeportivos, su verdadera pasión. Hace falta reserva previa para dejarse impresionar por la colección privada de este hombre hecho a sí mismo: desde helicópteros a vehículos agrícolas culminando con automóviles legendarios como el Miura SV y el Countach, el primer supercoche de la historia, que protagonizó sueños, pósteres y películas, y creó el estilo aerodinámico y espectacular que se sigue aplicando hoy en los deportivos extremos.

Un espectacular modelo Huayra de la marca italiana Pagani, durante la exposición Motor Valley. alamy

Museo Horacio Pagani, el paraíso de lo exclusivo

Una vez llegados a Módena, si conducimos 24 kilómetros en dirección noreste, alcanzaremos San Cesario sul Panaro, localidad donde se puede visitar la fábrica y museo de Pagani, otro de los mitos de la automoción italiana, que solo fabrica 40 unidades al año, eso sí, con precios desorbitantes que pueden alcanzar los dos millones y medio de euros. En un museo no muy grande, está toda la historia de este diseñador italoargentino y también algunos ejemplares de sus dos modelos más icónicos: el Zonda, un superdeportivo construido desde 1999 hasta 2017, y el Huayra, que debutó en 2011 como el coche más caro del mundo.

La visita solo puede hacerse con guía (y con reserva previa a través del operador Modenatur; 18 euros adultos; gratis los menores de 12 años) y termina en la nave principal de la fábrica donde se montan los Pagani. Allí solo se pueden ver las piezas de los coches que se están fabricando en ese momento. No hay stocks en los almacenes y el plazo de entrega de cada unidad supera normalmente los dos años desde que se realiza el pedido. Al final de la visita se llega a la zona donde están los coches listos para entregar o los vehículos de clientes que los tienen allí para mantenimiento.

La Piazza Grande de Módena, donde se levanta la catedral, de estilo románico. En la foto, uno de los accesos al templo. alamy

Módena, la ciudad de Pavarotti y de Enzo Ferrari

Si Italia fuera un almuerzo, Módena sería el plato principal. En las llanuras del Po, esta ciudad es la otra capital culinaria de la región y uno de los grandes centros gastronómicos del país, sede la Osteria Francescana, del reconocido chef Massimo Bottura, entre los mejores restaurantes del mundo. Si no podemos aspirar a una de sus mesas, un generoso muestrario de la cocina modenesa está al alcance de la mayoría de bolsillos en el Ristorante da Danilo o en la Osteria Ermes, propuestas más sencillas pero igualmente asombrosas. Gastronomía aparte, la ciudad tiene otro legado muy valioso: los coches.

Módena es también célebre por ser la ciudad donde nació (y murió) el tenor Luciano Pavarotti y, sobre todo, por su famosa catedral, considerado el mejor templo románico de Italia, con un sombrío interior que queda presidido por el enorme rosetón gótico (un añadido del siglo XIII) por el que entra la luz. Inseparable de la catedral es la Torre Ghirlandina, de principios del XIII, rematada por una aguja gótica. Su nombre se lo dieron los exiliados judíos españoles, que la comparaban con la Giralda de Sevilla. Y enfrente, al otro lado de Piazza Grande, la elegante fachada del Palazzo Comunale (Ayuntamiento).

En la misma Módena encontramos el Museo Enzo Ferrari, que ocupa la casa en la que nació y se crio el fundador de la marca: el piloto y empresario Enzo Ferrari (1898-1988). El joven Ferrari vendió la casa para poder comprar el primer coche de carreras con el que compitió. Además del inmueble, se puede visitar el antiguo taller donde hay una exposición de motores y una gran superficie diáfana con verdaderas joyas de la automoción, como el 259 GTO, un icono de la marca construido entre 1962 y 1964 y que, actualmente, sigue ostentando el récord de ser el coche más caro vendido en una subasta (48 millones de dólares). No solamente hay modelos de la propia marca: también hay particulares que ceden en préstamo los suyos, como si se tratara de obras de arte. Y por el precio y la exclusividad realmente lo son.

El Museo Enzo Ferrari, en Módena, es uno de los dos museos consagrados a la mítica escudería italiana. alamy

Maranello: arquitectura de altura para conductores privilegiados

A solo 17 kilómetros al sur de Módena, está la prestigiosa sede de Ferrari, de peregrinación obligada, incluso para aquellos poco interesados en la vertiente más lujosa de la automoción. La fábrica de Maranello solo la pueden visitar los propietarios de un ferrari, pero cualquiera que tenga afición a la velocidad saldrá de aquí más que satisfecho.

La sede de Ferrari está formada por una serie de edificios muy diferentes, diseñados por arquitectos de fama mundial, que conforman una auténtica ciudad empresarial, junto a la carretera, como no podía ser de otra forma. Los visitantes acuden a Maranello a ver el Museo Ferrari, pero todos tratan de atisbar algo detrás de las vallas de la Ciudad Ferrari, sobre todo los jóvenes diseñadores que contemplan la nueva arquitectura que se ha ido levantando allí, como el túnel de viento, diseñado por Renzo Piano, los talleres de mecánica y la cantina de la compañía, obras de Marco Visconti, o el nuevo edificio de la línea de montaje, creado por Jean Nouvel.

Lo que sí se puede visitar es el Museo Ferrari, donde se descubren todos los secretos de una marca con 90 años de historia y, sobre todo, la mayor colección del mundo de ferraris, incluidos los monoplazas de Fórmula 1 con los que la escudería ganó varios campeonatos mundiales. Aquí se exponen sus 40 modelos más icónicos, divididos en áreas temáticas, con un amplio espacio para lo que, durante muchos años, ha representado el corazón de las actividades de Ferrari: la alta competición. De hecho, hay un salón dedicado a los logros deportivos con algunos de los monoplazas más emblemáticos de la escudería y un recorrido por los 70 años desde el primer triunfo en las carreras de Le Mans.

Un modelo clásico de Maserati, el 150S, construido en 1955, durante la competición Mille Miglia, en Brescia (Italia). alamy

Maserati, el pionero del motor

Cuando Ferrari hizo su aparición en escena, Alfieri Maserati (1887-1932) llevaba más de 30 años fabricando coches en Bolonia. En los albores del siglo XX se dedicaba solo a montar coches de carreras, pero en 1926 fabricó el primer maserati. Contaba entonces con solo cinco empleados, todos familiares del fundador. La compañía estuvo más de 20 años en Bolonia antes de trasladarse a Módena, donde ahora no se puede visitar la fábrica pero si un showroom que muestra todo el lujo y la sofisticación que representa la marca, con una personalización casi obsesiva de sus modelos.  Existen 40.000 posibilidades diferentes de configurar un maserati: colores y tipos de tapicería, colores de carrocería, volantes, asientos, piezas del motor… Casi lo de menos es conocer la historia de la marca, que también está al alcance del visitante. Lo más emocionante es sentarse en alguno de los exclusivos modelos a la venta.

Aquí no hay un museo propiamente dicho, ya que uno de los últimos presidentes de Maserati, Alejandro De Tomaso, separó la colección de coches de la fábrica. Y cuando se vendió la compañía a Fiat en 1993, los coches históricos no formaban parte ya de la misma. De Tomaso decidió subastarlos en Londres tres años después, decisión que no gustó nada en Módena. Umberto Panini (el de los cromos y los cómics) decidió entonces comprar aquellos automóviles excepcionales antes de que fueran subastados. Así, es posible contemplar verdaderas joyas en la Collezione Umberto Panini, en la que no solo hay maseratis, sino también coches clásicos y motos de otras marcas.

Conduce tu propio bólido en el Autódromo de Módena

No todo va a ser contemplar modelos y más modelos de los vehículos más caros y exclusivos del mundo. También es posible tener la experiencia de conducir uno. En algunos de los museos hay simuladores, pero nada como escuchar rugir los motores en directo en el Autódromo di Módena, a las afueras de la ciudad, donde uno puede subirse como copiloto de un espectacular ferrarilamborghini y dar unas vueltas acompañado de pilotos profesionales que imprimen al bólido una aceleración imposible de imaginar.

El autódromo cuenta con varias experiencias para saciar el hambre de conducción a altas velocidades. Es un circuito perfecto para liberar adrenalina, con una longitud de 2,5 kilómetros y con un ancho constante de 12 metros en todo el trazado, curvas emocionantes, rectas rápidas y pendientes pronunciadas.

La Via Cardinal Ferrari, con la plaza San Giovanni al fondo, en Parma (Italia). alamy

Parma: jamón, queso, música… y ‘lamborghinis’

Esta es la tierra del queso parmesano (Parmigiano-Reggiano) y del Prosciutto di Parma (jamón curado), pero Parma también es una encantadora y próspera ciudad. Además de ser la cuna de los  lamborghinis, también lo fue de Guiseppe Verdi y de uno de los más grandes directores de orquesta del siglo XX: Arturo Toscanini (1867-1957).

Se puede recorrer en bicicleta por calles adoquinadas, con paradas obligadas en el Duomo, de estilo románico lombardo clásico; el baptisterio, capaz de eclipsar a la catedral, con forma octógona en mármol rosa; o el Palazzo della Pilotta, un monumental palacio que domina el cuidado césped y las modernas fuentes de Piazza della Pace, y que hoy alberga varios museos. En la Galería Nacional hay obras de Fra Angélico, El Greco y una obra maestra: la Cabeza de muchacha, atribuida a Leonardo da Vinci.

Fachada del Museo Checco Costa, con un retrato de Ayrton Senna, una leyenda de la Fórmula 1 que perdió la vida en el circuito de Imola. alamy

MAICC: Fórmula 1 en el Museo de Imola

Los aficionados pueden dejar el motor en marcha en Imola, sede del circuito de F-1 de Emilia Romagna, 45 kilómetros al sureste de Bolonia. El legendario piloto brasileño Ayrton Senna sufrió aquí su fatídico accidente en 1994; y el famoso artista urbano Eduardo Kobra, también brasileño, lo homenajea en la fachada del vanguardista MAICC (Museo Multimediale Autodromo di Imola Checco Costa).

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