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Rusia cancela el primer encuentro previsto con EE UU desde el inicio de la guerra de Ucrania

Rusia cancela el primer encuentro previsto con EE UU desde el inicio de la guerra de Ucrania

Todo estaba listo para celebrar la que estaba destinada a ser la primera reunión entre los gobiernos de EE UU y Rusia desde el inicio de la guerra de Ucrania el pasado 24 de febrero. Pero el Kremlin la ha cancelado a última hora del lunes unilateralmente. El esperado encuentro para reanudar la supervisión del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas New Start iba a tener lugar entre el 29 de noviembre y el 6 de diciembre en El Cairo, pero tendrá que esperar. Pese al plantón, la respuesta de Washington ha sido moderada y ha abogado por celebrarlo “lo más pronto posible”.

“La sesión de la comisión consultiva bilateral sobre el Tratado START ruso-estadounidense previamente programada en El Cairo no tendrá lugar en las fechas indicadas. El evento se pospone para una fecha posterior”, ha confirmado el Ministerio de Exteriores ruso.

Desde Estados Unidos, el Departamento de Estado ha confirmado la cancelación de las conversaciones para restablecer las inspecciones de los arsenales nucleares apenas un día antes de la fecha en que estaba previsto que comenzaran, y ha insistido en que la decisión ha llegado “unilateralmente” de Rusia, informa desde Washington Macarena Vidal Liy. La intención de Washington, ha asegurado un portavoz, es fijar una nueva fecha “para lo antes posible” para restablecer las consultas. La comunicación de Moscú que anunciaba la cancelación, ha indicado el portavoz estadounidense, se produjo “recientemente”.

Moscú no ha explicado los motivos de su súbita cancelación de la cita. Hace tres semanas, la portavoz de Exteriores, María Zajárova, reconocía que ambas partes han mantenido “contactos puntuales” desde hace meses y mostraba la disposición del Kremlin para “cualquier tipo de diálogo que sea beneficioso a ambos lados”, aunque recalcaba que ello “no tiene nada que ver con el concepto de unas relaciones en toda regla.”. Según reveló The Washington Post, el asesor jefe de Seguridad Nacional de Joe Biden, Jake Sullivan, y el secretario del Consejo de Seguridad ruso, Nikolái Patrúshev, habían conversado varias veces en los últimos tiempos para evitar una escalada militar entre ambas potencias.

El representante del secretario general de la ONU, Stephane Dujarric, también lamentó la noticia: “Obviamente, estamos preocupados por la dirección general de las negociaciones del desarme en los últimos tiempos; van en la dirección opuesta que nos gustaría”.

El tratado New Start fue firmado en 2010 por los entonces presidentes de Estados Unidos, Barack Obama, y de Rusia, Dmitri Medvédev, y fue prorrogado en 2021 otros cinco años. Es el único de los pactos que mantienen ambos países para evitar una carrera militar tras la ruptura en los últimos años al Acuerdo de Cielos Abiertos y al Tratado sobre Fuerzas nucleares de Rango Intermedio.

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Entre otros objetivos, Moscú quería abordar en estas nuevas reuniones si Washington había incorporado a su arsenal nuclear algunos misiles o los utilizaba solo para portar armas convencionales, mientras que el país norteamericano quería reanudar las inspecciones de las instalaciones nucleares rusas tras haber sido suspendidas desde el inicio de la pandemia a principios de 2020. El viceministro de Exteriores ruso, Serguéi Riabkov, tachó esta demanda como “un capricho” pese a que poder visitar los arsenales varias veces al año es una parte esencial del New Start.

En los contactos entre Moscú y Washington en torno a este tratado se descartó volver a celebrar sus reuniones en Suiza, donde se realizaba en el pasado, debido al alineamiento del país centroeuropeo con sus sanciones contra Rusia por la guerra de Ucrania.

Gas para Moldavia

La energía sigue siendo un arma, especialmente en invierno, y Moscú se comprometió este lunes a seguir enviando gas a Moldavia y a no cortar el grifo de petróleo kazajo a la Unión Europea.

El gigante gasista ruso Gazprom aseguró estos días que Ucrania se quedaba parte del gas que transita por su territorio hacia Moldavia, acusación que negaron los dos países afectados. Según Chisináu, ese gas era almacenado en depósitos ucranios porque Moldavia no cuenta con ese tipo de infraestructura.

Moscú señaló este lunes como fecha límite de su ultimátum antes de reducir su suministro a Chisináu, pero a primera hora de la mañana desistía de su amenaza. “La compañía Moldovagaz ha resuelto las irregularidades en el pago a Gazprom de los suministros de gas ruso de noviembre. Gazprom recibió los fondos por el gas depositado en Ucrania y que estaba destinado a los consumidores moldavos. En ese sentido, se decidió no reducir el suministro de gas para el tránsito a Moldavia”, comunicó la compañía del Kremlin

Por otro lado, el presidente ruso, Vladímir Putin, recibió este lunes en Moscú al recién reelecto presidente de Kazajistán, Kasim-Yomart Tokáyev, y se comprometió a no bloquear una de sus principales fuentes de ingresos: el envío de crudo a la Unión Europea.

El Kremlin no solo ha empleado la energía como arma contra Europa en el pasado, también recurrió a ella contra Kazajistán en verano. En julio, en plena tensión por las declaraciones públicas de Tokáyev a favor de acatar las sanciones contra Moscú, un tribunal ruso estuvo a punto de cortar el grifo del Consorcio del Oleoducto del Caspio (CPC) en su paso hacia el puerto de Novorossiysk, en el mar Negro, donde es cargado en petroleros en su rumbo hacia Europa. El juez arguyó supuestas irregularidades en la documentación del plan de respuesta de la petrolera estatal kazaja a un derrame, aunque finalmente la suspensión de un mes fue sustituida por una multa de 200.000 rublos (uno 3.140 euros, al cambio actual).

Kazajistán, que provee más de un 6% de la demanda de crudo total de la Unión Europea, decidió entonces negociar con Azerbaiyán para desviar parte de su suministro a un oleoducto dirigido al puerto turco de Ceyhan. Precisamente, tanto Bakú como Astaná han reforzado sus lazos con Bruselas en los últimos meses al aprovecharse de que la Unión Europea quiere reducir su independencia energética de Moscú.

En este contexto, Putin y Tokáyev han firmado este lunes no utilizar el paso del CPC como una herramienta para presionar a Astaná. Amos líderes se han comprometido a que la Federación de Rusia y la República de Kazajistán se proporcionarán mutuamente “unas condiciones técnicas y económicas favorables para que transiten los recursos energéticos a través de sus territorios hacia terceros países”.

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