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Rusia y Occidente compiten por ganarse el favor de África

Rusia y Occidente compiten por ganarse el favor de África

Occidente y Rusia compiten por seducir al continente africano. Por un lado, Moscú se ha lanzado a una ofensiva para reforzar sus vínculos con África y mostrar que está menos aislada de lo que parece; por el otro, Occidente trata de recuperar el terreno perdido y ofrecer sus servicios como socio fiable en la lucha contra el terrorismo y la inseguridad alimentaria. Con el telón de fondo de la crisis de los cereales que está provocando un aumento del hambre en el mundo, dicha competencia se escenifica estos días con las giras africanas del presidente francés, Emmanuel Macron, que visitará Camerún, Benín y Guinea-Bisáu; y la del ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov, que hará lo propio en Egipto, República del Congo, Uganda y Etiopía.

El avance del yihadismo en África, desde el Sahel hacia el Golfo de Guinea, inquieta cada vez más a Occidente, como se pudo comprobar en la reciente cumbre de la OTAN en Madrid y su referencia explícita al flanco sur, por lo que estará muy presente en esta gira de Macron. La retirada de las tropas francesas y europeas de Malí, donde las autoridades son cada vez más hostiles a la presencia occidental y han privilegiado sus relaciones con Rusia, ha cambiado todo el paradigma de seguridad en el Sahel. Francia y Occidente pretenden crear un cordón sanitario frente a los mercenarios de la compañía rusa Wagner, muy activos en Malí y con los ojos puestos en Burkina Faso, reforzando sus compromisos de defensa con países vecinos como Níger, Senegal o el propio Benín. La pugna entre Rusia y Europa por una mayor influencia en África se une a la que ha desplegado ya China, que en los últimos años ha logrado estrechar muchos vínculos, sobre todo económicos, en este continente.

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Macron tiene previsto reunirse con jóvenes de la sociedad civil, dando continuidad al formato de la última cumbre Francia-África celebrada en la localidad francesa de Montpellier en octubre pasado, e incluso mostrar su apoyo a la devolución de piezas de arte africanas, pero los intereses geoestratégicos planean sobre toda esta gira. Camerún y Rusia firmaron el pasado abril un acuerdo en materia de defensa y seguridad, circunstancia que inquieta a las cancillerías europeas con una Rusia firmemente situada como primera vendedora de armas al continente. La escala en Guinea-Bisáu estará presidida por el encuentro que mantendrá Macron con el presidente Umaro Sissoco Embaló, presidente de turno de la Comisión Económica de Estados de África Occidental (Cedeao).

Pero la batalla no solo se está perdiendo en el ámbito de la seguridad. En materia económica, Francia también retrocede en África. Camerún, adonde llegó este lunes el presidente francés en el inicio de su gira, es un claro ejemplo: en los años noventa las empresas galas tenían un importante peso en la economía de este país, mientras que hoy se han visto arrinconadas por la irrupción de compañías chinas, indias o turcas.

Sin embargo, la gran preocupación ahora es la crisis alimentaria por la subida de precios y el bloqueo de cereales procedentes de Ucrania. Macron, quien se reunirá este martes con el presidente Paul Biya, lleva dos propuestas bajo el brazo: la iniciativa Food and Agriculture Resilience Mission (FARM), para atender las necesidades más urgentes, y la coalición Global Business for Food Security para tratar de reforzar la agricultura africana y hacerla más resiliente, con el apoyo del sector privado.

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Por su parte, Lavrov traslada un claro mensaje de apoyo económico en su gira africana, que comenzó el domingo en Egipto. Al mismo tiempo, pretende ser una respuesta a la visita que realizó el presidente de la Unión Africana, el senegalés Macky Sall, al presidente ruso, Vladimir Putin, el pasado 3 de junio, en la que le pidió que permitiera la salida del cereal retenido en Ucrania. El reciente acuerdo entre Moscú y Kiev para desbloquear este grano fue aplaudido por África, pero el posterior bombardeo ruso del puerto de Odesa supuso un varapalo a las expectativas africanas.

“Las especulaciones de la propaganda occidental y ucrania de que Rusia supuestamente está exportando hambre son absolutamente infundadas”, insistió Lavrov en un reciente artículo publicado en diarios de los países africanos que va a visitar, en el que sostuvo que son las sanciones económicas impuestas a Moscú las culpables de los problemas en las cadenas de suministro y en el comercio agrícola.

La primera parada de la gira regional del jefe de la diplomacia rusa tuvo lugar el domingo en El Cairo, donde se reunió con su homólogo egipcio, Sameh Shoukry, y el presidente del país, Abdelfatá Al Sisi, que desde que el Kremlin decidió invadir Ucrania se han visto obligados a hacer malabarismos para mantener un difícil equilibrio diplomático entre sus socios occidentales y Moscú, ambos socios estratégicos para el país árabe. Para Egipto, el encuentro con Lavrov estuvo particularmente marcado por el futuro del comercio de trigo, que ha sufrido importantes perturbaciones desde el inicio de la invasión de Ucrania.

Egipto es el mayor importador mundial de este cereal, y en los últimos años la gran mayoría lo compraba de Rusia (60%) y Ucrania (22%), por lo que la guerra representa una amenaza para su seguridad alimentaria. Francia y Rusia son los dos países que más trigo han exportado desde el inicio de la guerra a Egipto, que se ha visto forzado a buscar a contra reloj proveedores alternativos a Ucrania.

La visita de Lavrov se produce apenas una semana después del primer viaje a Oriente Próximo del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, durante el que también mantuvo una breve reunión con Al Sisi a su paso por Yedda, en Arabia Saudí. Además, el ministro de Exteriores ruso se cruzó en El Cairo con el enviado de Estados Unidos para el Cuerno de África, Mike Hammer, que también aterrizó el domingo en la capital egipcia como parte de su propia gira regional, que le llevará igualmente a Etiopía, así como a los Emiratos Árabes Unidos. En su caso, se espera que aborde, entre otras cuestiones, el estado de la disputa entre El Cairo, Jartum y Addis Abeba por la gran presa del Nilo.

Lavrov también agradeció el tono de neutralidad exhibido por África respecto a la invasión rusa de Ucrania, que se visualizó en la votación de condena de Naciones Unidas a principios de marzo, en la que un tercio de los países africanos se abstuvieron. “Agradecemos la respetuosa posición africana en cuanto a la situación en Ucrania y sus alrededores”, escribió el ministro ruso de Exteriores, quien agregó que los gobiernos africanos habían tenido que soportar una presión occidental “sin precedentes” para unirse a las sanciones.

La neutralidad africana guarda un estrecho vínculo con la dependencia de Rusia en sectores clave como la alimentación, la seguridad y la energía, que ha ido en aumento en la última década. Moscú ha girado hacia África en busca de materias primas y nuevos mercados y los países africanos —muchos de los cuales mantienen muy vivo el recuerdo de la Unión Soviética, que apoyó luchas de liberación y acogió a decenas de miles de estudiantes y profesionales— han mostrado una gran predisposición a diversificar sus socios. El momento álgido de esta nueva etapa de buenas relaciones entre Rusia y África fue el éxito de la cumbre celebrada en Sochi en 2019, que está previsto viva su segunda edición este mismo año.

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