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Serbia y Kosovo se enredan en una escalada de tensión por la matriculación de vehículos

En 2017 fue un tren decorado con el lema “Kosovo es Serbia” y, un año más tarde, el asesinato en la ciudad dividida de Mitrovica de un político y la imposición de un arancel del 100% a las importaciones desde Serbia. Esta vez, es la decisión del nuevo Gobierno de Prístina de impedir a los vehículos el acceso con matrícula serbia la que ha originado una de las mayores escaladas de tensión de los últimos años entre Serbia y Kosovo, con la movilización de tanques, soldados y policías a la frontera, vuelos de cazas serbios cerca de la divisoria, bloqueos de carreteras y un ultimátum de Belgrado a la OTAN para que actúe. La polémica, que la mayoría de analistas considera tan artificial como peligrosa, es la última materialización de los riesgos de un statu quo insostenible, con el diálogo entre las partes que auspicia la UE estancado; una suerte de empate en torno al reconocimiento de la independencia kosovar (unos cien países) y un fuerte sentimiento de agravio tanto entre la mayoría albanokosovar como entre los serbios de Kosovo, cuyos intereses defiende Belgrado.

Mitrovica, el polvorín tranquilo de Kosovo

La medida, en vigor desde el pasado lunes, obliga a los conductores de vehículos con matrícula serbia a comprar una temporal kosovar para poder ingresar. Cada parte interpreta la decisión de una manera. Para Belgrado, es una vulneración de la serie de acuerdos que siguió a la declaración de independencia y por los que Belgrado aceptó la autoridad de Prístina sobre todo el territorio kosovar ―sin reconocerlo como Estado― a cambio de una amplia autonomía para las zonas de mayoría serbia.

El Gobierno de Prístina, liderado desde el pasado marzo por Albin Kurti, un nacionalista de izquierdas crítico con cómo se ha desarrollado hasta ahora el diálogo con Belgrado, la considera en cambio una medida de reciprocidad tras expirar el pasado día 15 el acuerdo de 2011 por el que se regía el asunto de las matrículas: si los vehículos con la matrícula RKS (República de Kosovo, el nombre oficial desde la independencia) no pueden entrar en Serbia porque Belgrado no reconoce el país―ni, por tanto, su legitimidad para emitirlas―, tampoco será así a la inversa a partir de ahora. Belgrado admite las matrículas con las siglas KS (un 1% del total), que datan de cuando el territorio estaba bajo administración de la ONU y son consideradas neutrales, pero Prístina ya no. En una entrevista con este diario tras su victoria electoral, Kurti defendió la necesidad de “revisar” el cumplimiento de los acuerdos firmados antes de avanzar en las negociaciones con Belgrado.

La OTAN, que supervisa la paz en la zona con unos 5.000 militares, ha anunciado este lunes un aumento del “número y la duración” de sus patrullas. El fin de semana, la tensión prendió de forma notable con el incendio, que la policía considera intencionado, de una oficina de matriculación en la localidad de Zubin Potok. En un centro similar fueron halladas dos granadas de mano sin explotar y la entrada forzada.

Este domingo, el presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, contó en un programa de televisión que había dado al secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, 24 horas para que la Alianza Atlántica evite ataques contra serbokosovares como los que viene denunciando estos días la prensa serbia. Vucic lanzó mensajes mixtos. Por un lado, advirtió de que “Serbia reaccionará” en caso contrario y se jactó de haber recordado a sus interlocutores occidentales que el país tiene 14 cazas MiG-29 (“creían que estaba bromeando”, agregó); por otro, aclaró que sus tropas no entrarán en Kosovo para no “hacer peligrar la paz”.

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Vucic ha incrementado a grado dos (en una escala de uno a tres) la alerta de las unidades militares cerca de la frontera y grupos de serbokosovares han bloqueado los cruces fronterizos con vehículos. El domingo, el ministro de Defensa serbio, Nebojsa Stefanovic, visitó las tropas junto con el embajador de Rusia, que expresó el apoyo de Moscú a Belgrado, igual que hizo este lunes con Kosovo el primer ministro albanés, Edi Rama.

Un serbokosovar ondea una bandera serbia en protesta por la decisión sobre las matrículas, el pasado lunes en Jarinje (Kosovo).LAURA HASANI / Reuters

Srdjan Cvijic, analista serbio del Open Society European Policy Institute de Bruselas, ha calificado esta crisis de “políticamente instrumentalizada y 100% evitable”, pero “extremadamente difícil” de gestionar. “Es la consecuencia lógica de la ausencia de una perspectiva creíble de ingreso en la UE para los Balcanes Occidentales”, los países de la región que aspiran a entrar en la UE, ha tuiteado.

Tanto la UE como la OTAN han llamado a la calma. El Alto Representante de la Política Exterior y de Seguridad Común comunitaria, Josep Borrell, ha pedido a las partes que “rebajen la tensión sin condiciones previas”, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, justo inicia este martes una gira por Albania, Macedonia del Norte, Kosovo, Montenegro, Serbia y Bosnia que estaba prevista desde antes de la escalada.

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