La tregua de dos semanas acordada entre Estados Unidos e Irán no constituye un acuerdo de paz, sino una pausa temporal condicionada por factores estratégicos y presiones acumuladas sobre la administración de Donald Trump, advirtió Antonio Michel Guardiola, académico del ITAM, durante una entrevista con Aristegui en Vivo.
El especialista subrayó que el entendimiento anunciado debe leerse con cautela: “No es un acuerdo de paz, es una tregua provisional de dos semanas”, condicionada principalmente a la reapertura segura del Estrecho de Ormuz. En ese sentido, sostuvo que persisten focos de tensión, ya que “los riesgos siguen, no todos los frentes están incluidos”, además de que continúan incidentes aislados en la región.
Michel relató que incluso en las últimas horas se registraron nuevos episodios de violencia. “A las cuatro de la mañana hubo otra alerta de drones, de ataques, y fueron atacadas también partes de la infraestructura iraní”, señaló. Por ello, definió el escenario actual como “una desescalada frágil”.
El académico explicó que la tregua también responde a presiones económicas, políticas, militares y diplomáticas que enfrenta Trump. En el plano energético, recordó que el Estrecho de Ormuz pone en riesgo cerca del 20% del petróleo y gas mundial, lo que ya impactaba en precios y en las expectativas inflacionarias en Estados Unidos.
Indicó que, a nivel interno, el presidente estadounidense enfrenta un contexto adverso: “La popularidad de Donald Trump ya estaba en un 34% más o menos”, además de que el conflicto no generó el respaldo esperado. Según expuso, la estrategia de proyectarse como un líder fuerte en política exterior no rindió los resultados previstos y se combina con el aumento en los precios de la gasolina, lo que presiona a la población.
En el ámbito militar, advirtió que la ofensiva aérea contra infraestructura energética iraní no garantiza una resolución rápida ni sin costos, especialmente por el impacto en civiles, lo que ha generado cuestionamientos internacionales. A ello se suma la respuesta de Irán en la región del Golfo, donde, según su experiencia tras haber vivido en Emiratos Árabes Unidos, “recibíamos diario drones, misiles en Dubái”, aunque más del 92% fueron interceptados.
Michel añadió que la presión diplomática ha sido generalizada. “Europa, los países de la región, Pakistán, Naciones Unidas, todo el mundo ha mencionado” preocupaciones sobre la escalada, incluyendo señalamientos sobre posibles implicaciones de crímenes de guerra. En ese contexto, consideró que la tregua es “una salida administrada” que permite a Trump ganar tiempo y construir una narrativa de avance.
Respecto al frente interno en Estados Unidos, el académico señaló que el conflicto ha profundizado divisiones. Recordó que experiencias recientes como Afganistán e Irak generan reservas en la opinión pública, que teme los costos humanos y económicos de una nueva intervención. Además, apuntó que “no hay consenso necesariamente al interior de Estados Unidos sobre este tema”, incluso dentro del propio equipo del presidente.
En paralelo, destacó un cambio en la opinión pública estadounidense sobre Israel: “Es la primera vez en la historia en la que la opinión pública está dividida en 50-50 en cuanto si defender a Israel o no”, lo que podría incidir en las elecciones intermedias dependiendo de la evolución del conflicto y su impacto económico.
Al referirse a los 10 puntos planteados por Irán, consideró que reflejan una posición negociadora con margen de presión. Indicó que Teherán es consciente de su capacidad de influencia a través del Estrecho de Ormuz y que sus demandas -como el cese de agresiones y sanciones- evidencian que “tienen una carta de negociación muy importante”.
Aunque Trump presentó estos planteamientos como un avance, Michel concluyó que cualquier concesión respondería al reconocimiento de que Irán mantiene capacidad de afectar intereses globales, lo que lo posiciona como un actor relevante en el sistema internacional en esta coyuntura.
