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Un precedente en Venezuela


El claro triunfo obtenido este domingo por la oposición en el Estado venezolano de Barinas identifica de forma clara una ruta fértil en las futuras contiendas electorales para las fuerzas democráticas contrarias al régimen de Nicolás Maduro. Tras la polémica e interesada repetición de los comicios ordenada por el Tribunal Supremo, la oposición logró formar un frente común en un territorio donde han gobernado durante 20 años distintos miembros de la familia Chávez. El resultado ha sido más contundente que en las primeras elecciones y el candidato de la Mesa de la Unidad Democrática, Sergio Garrido, ganó con el 57% de los votos (16 puntos por encima de su rival). A las urnas, además, acudió más de la mitad del electorado, un dato especialmente relevante en un país con muy altas cifras de abstención.

La victoria en un Estado de fuerte valor simbólico revela el fracaso de la estrategia del presidente Nicolás Maduro. De poco ha servido movilizar a 25.000 policías y militares para apenas mil mesas electorales, el reparto de neveras y electrodomésticos o el reabastecimiento de gasolina y gas tras meses de carestía. Esa estrategia pudo tener un efecto contraproducente para las aspiraciones del Ejecutivo al dar un rango excepcional a unos comicios locales: el fracaso atañe al propio Gobierno de Nicolás Maduro más allá de la dimensión regional de las elecciones, y convierte el resultado en una derrota gubernamental.

Las lecciones implícitas tanto para el Gobierno como para la oposición son múltiples y pueden significar un punto de inflexión en el futuro: los partidos contrarios a Maduro han comprobado los réditos de anteponer un objetivo común a las luchas intestinas que los dividen. Se ha mostrado la mejor vía para obtener algún resultado positivo en un hipotético revocatorio al jefe del Estado y, desde luego, ante las presidenciales de 2024. Para el Ejecutivo de Maduro, el ejemplo de Barinas contiene un mensaje poco optimista sobre la aceptación de sus políticas actuales. Aunque controla el grueso del poder estatal y nacional, sus medidas han sumido al país en una aguda crisis económica, expulsado a millones de ciudadanos y generado un enorme desapego social. En las elecciones de Barinas no ha tenido efectividad alguna el juego político de dar un paso adelante ante la comunidad internacional e inmediatamente después otro atrás.

La urgencia mayor en Venezuela sigue siendo el diálogo creíble entre la oposición y el Gobierno. No depende solo de la disposición de sus respectivos líderes, sino también de la presión exterior para que eso suceda y que tanto Estados Unidos como la Unión Europea alienten las condiciones para unas elecciones presidenciales libres y con garantías. La experiencia de Barinas puede darle una vida nueva a esa estrategia.

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