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Violencia vicaria y que relación tiene con el caso de las niñas de Tenerife, Anna y Olivia

El jueves se cumplió el peor de los presagios tras el secuestro de las pequeñas Anna y Olivia a manos de su padre, Tomás Gimeno, el pasado 27 de abril. Los equipos de búsqueda habían localizado el cadáver de Olivia, de seis años de edad, según han confirmado el Tribunal Superior de Justicia de Canarias y la Guardia Civil. A raíz de este caso, resulta de especial interés conocer qué es la violencia vicaria.

Se trata de la forma más cruel de maltrato hacia una mujer. Fue la Junta de Andalucía la primera institución en España en definir la violencia vicaria, y lo hizo del siguiente modo: «Violencia ejercida sobre los hijos e hijas y utilizada como instrumento para dañar a la mujer». También se incluye la instrumentalización de otros colectivos vulnerables de los que la mujer víctima de violencia de género tenga la guarda y custodia, como personas con discapacidad, en situación de dependencia o mayores.

Consiste por lo tanto en convertir a las personas vulnerables más cercanas a la mujer víctima de violencia de género para aumentar su dolor hasta límites inimaginables y provocar en ella un sentimiento de culpabilidad por no poder protegerlas. Los expertos señalan que existen muchos tipos de violencia vicaria, y el más extremo y salvaje de todos es el asesinato de menores.

Otro de los ejemplos de este tipo de violencia en España fue el que tuvo lugar en 2011, cuando José Bretón asesinó a sus propios hijos, Ruth y José. La Audiencia Provincial de Córdoba condenó finalmente el 22 de julio de 2013 a José Bretón a 40 años de prisión.

Desde que se registran datos oficiales (2013), 39 menores han sido asesinados en nuestro país, 36 de ellos a manos de sus padres biológicos.

Indefensión aprendida y luz de gas, otras formas de maltrato

Además de la violencia vicaria, existen otras muchas formas de maltrato.

La indefensión aprendida es como se conoce a un estado psicológico en el que la persona empieza a sentir que no es capaz de cambiar una determinada situación, estado o comportamiento.

El maltrato psicológico conocido como luz de gas es uno de los más difíciles de detectar, tanto por quien lo sufre como por las personas de su entorno. Es una técnica empleada por el maltratador para anular a su víctima, provocando que ésta crea que se está volviendo loca.


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