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Vivir bajo una lluvia de ceniza

Aunque el volcán está al otro lado de la cordillera, en Santa Cruz de La Palma, la capital de la isla canaria donde se ha producido la erupción, se notan dos de sus efectos inmediatos. El primero es que se oye un retumbar sordo, pero continuo, que no para nunca y que recuerda a cualquiera que se detenga a escuchar lo que pasa en la otra parte de La Palma. El segundo es que se vive debajo de una verdadera lluvia de ceniza empujada por el viento desde el penacho de humo del volcán, situado a poco más de 10 kilómetros (en línea recta).

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De hecho, la ceniza acumulada en las pistas obligó el sábado a cerrar el aeropuerto de La Palma. Tras limpiarlas, ha vuelto a abrir este domingo, pero hay compañías, como la canaria Binter, que no vuelan aún porque consideran que la cantidad es todavía excesiva. Las carreteras que unen la isla también presentan un aspecto insólito, llenas también de capas de ceniza.

A simple vista no se ve caer, pero basta salir a la calle para notar los picotazos leves en los brazos, en la cara, en las partes descubiertas sin ropa. Aparentemente, tiene la misma consistencia que la lluvia normal, pero al momento se advierte que no enfría. Después, el pelo queda al instante embadurnado de esta especie de tierra que cuesta sacudirse, incluso bajo la ducha. Las aceras y la calzada se pintan enteramente de marrón muy oscuro, de negro. Los propietarios de las terrazas necesitan sacar las sombrillas ―que al poco tiempo quedan también tiznadas― y nadie se expone a tomar un café o una cerveza en el exterior sin estar cubierto. La gente va con gorras, sombreros y muchos tiran de paraguas, en el fondo lo más práctico para caminar este domingo por la mañana por Santa Cruz de la Palma y otros municipios de la isla como Breña Alta, Breña Baja, Villa de Mazo y Puntallana, debido a un viento en altura dominante que proviene del suroeste a partir de 1.400 metros, según ha explicado este domingo el director técnico del Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca), Miguel Ángel Morcuende.

En las faldas del volcán, según calculan los geólogos y los vulcanólogos, la capa de ceniza puede alcanzar ya medio metro de alto. En la ciudad, basta una noche para que el capó de un coche o el patio de una casa presente un dedo. Antes de entrar en las tiendas o en las casas es conveniente sacudirse los brazos y las manos y limpiarse los zapatos para no llenarlo todo de arena.

Personas con paraguas se protegen de la lluvia de ceniza en Santa Cruz de La Palma.Samuel Sánchez

“La calidad del aire sigue siendo buena”, ha subrayado Morcuende. “La caída de ceniza no afecta a la salud”. El portavoz ha advertido, eso sí, de que conviene extremar las precauciones con el manejo de cenizas para evitar problemas de afección a los bronquios y a los ojos.

Así, el Gobierno de Canarias recomienda mantenerse en el interior de las casas, con puertas y ventanas cerradas, especialmente a personas con enfermedades pulmonares o cardíacas, a mujeres embarazadas, a menores y a ancianos. Si se ha de salir a la calle, este mismo organismo recomienda llevar una mascarilla FPP2 y unas gafas de protección. Si el viento empuja la ceniza a los ojos, la irritación es verdaderamente molesta. Por su parte, el Cabildo pide a los vecinos que se limiten a barrer las cenizas sin mezclarlas con agua, ya que podrían atascar las alcantarillas. Después, deben depositarlas en una bolsa aparte para que se recojan convenientemente.

La ceniza también amenaza la cosecha de plátanos. Y buena parte del forraje para los animales se está echando a perder. De hecho, este domingo ha llegado un cargamento de este tipo de alimento procedente de otras islas.

La parte buena es que estas cenizas que por un lado arruinan cultivos fertilizarán después la tierra porque almacenan una gran cantidad de nutrientes. Un alcalde de un pueblo de la zona comentaba el viernes: “Esto es tierra de volcanes. Lo que el volcán te quita, el volcán te devuelve”.


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