74% de subida en 2020: la cruzada de Argentina contra el precio de la carne

Un inspector supervisa carne de res en una planta frigorífica bonaerense, el pasado mes de julio.
Un inspector supervisa carne de res en una planta frigorífica bonaerense, el pasado mes de julio.DANIEL GARCIA / AFP

Cada fin de semana, miles de parrillas se encienden en Argentina para asar carne vacuna. El año pasado, cada argentino comió en promedio 49,7 kilos, diez veces más que en España (4,8 kilos). Con la excepción de Uruguay, el consumo es muy superior también al de otros países de la región, como Chile (29 kilos), Colombia (18,6) y Perú (6), pero para Argentina es bajísimo: el menor en cien años. El desplome tiene que ver con cambios de hábitos de alimentación pero también con su precio, que se encareció un 74% en 2020, el doble que la inflación. El Gobierno de Alberto Fernández ha comenzado por la carne de res la batalla para frenar la subida de la canasta alimentaria, un desafío al que se han enfrentado también con escaso éxito muchos de sus predecesores.

El acuerdo de precios en las carnes que comenzó a regir la semana pasada establece rebajas de hasta el 30% en ocho cortes populares. Los frigoríficos asumen la mitad del descuento y los supermercados la otra. Gracias al acuerdo, que se mantendrá hasta finales de marzo, la tira de asado, vacío, cuadrada, roast beef y carne picada, entre otros, volvieron a costar lo mismo que meses atrás siempre que la compra se realice en grandes superficies y ciertos días de la semana. Los tres primeros miércoles y fines de semana del mes es posible encontrar vacío a 499 pesos el kilo (5,3 dólares, al cambio oficial) y de carne picada a 265 pesos (2,9 dólares). A escasos metros, los mismos cortes no rebajados se venden entre un 50% y un 90% más caros.

“Nos toman por boludos [tontos]”, le comenta una mujer a otra al agarrar una bandeja de tira de asado a 489 pesos el kilo. “Este país es así, si no hay controles ponen el precio que quieren”, dice una de ellas, Yamila, al defender el programa estatal. Opositores al Gobierno difundieron días atrás imágenes de cortes vacunos que eran todo grasa excepto por un hilo de carne, pero no coincide con lo observado en los supermercados de Buenos Aires, sometidos a más controles que los de las provincias más alejadas. “[Los que critican] o tienen la billetera llena o son gorilas [como se conoce popularmente en Argentina a los antiperonistas]”, sentencia esta jubilada. “Con el asado no se juega”, se limita a responder poco después un hombre que elige una bandeja de vacío del sector no rebajado a 729 pesos.

Entre los motivos detrás del importante aumento de la carne en Argentina destacan dos: el crecimiento de las exportaciones de este producto en 2020 y el aumento de la cotización del maíz en los mercados internacionales. El año pasado, Argentina vendió al exterior más carne vacuna que nunca, un récord de 900.700 toneladas de res con hueso por un valor de 2.700 millones de dólares, un 6,5% más que el año anterior, según los datos de la Cámara de la industria y comercio de las carnes (Ciccra).

Al aumentar la demanda externa, encabezada por China, los productores se volcaron a comprar más cabezas de ganado, lo que presionó al alza su precio. Al mismo tiempo, el precio del maíz casi se duplicó y se disparó el costo del engorde del ganado vacuno en corrales. Argentina es el tercer exportador mundial de este cereal, pero a finales de año, el Ejecutivo de Fernández suspendió las ventas al exterior de forma temporal para garantizar el suministro interno. Dos semanas después, dio marcha atrás ante las protestas del sector.

“Estos planes actúan sobre el efecto y no sobre la causa. Este Gobierno repite el mismo error que el resto”, opina Miguel Schiariti, presidente de Ciccra. “El convenio de la carne es un convenio por 6.000 toneladas mensuales, cuando los argentinos consumimos 189.000 toneladas por mes. Es solo el 3%. Es prácticamente imposible que modifique el comportamiento del otro 97%”, agrega.

Argentina es un país productor de alimentos, pero los precios de los mismos son muy altos en relación con el poder adquisitivo. Hace más de medio siglo que gobiernos de distinto signo imponen controles de precios. Funcionan a corto plazo, pero los economistas ortodoxos subrayan que generan una distorsión de los precios relativos que tiene más perjuicios que beneficios a medida que se extienden en el tiempo y reclaman, en cambio, medidas fiscales y monetarias contra la inflación.

Para Schiariti, el acuerdo de precios beneficia poco al 40,9% de la población argentina que vive en la pobreza. “Se va a vender solo en el supermercado, cuando la gente que más necesita comprar carne barata no compra ahí, sino en la carnicería a la vuelta porque es quien les fía. Es un ejemplo más del relato de toda la vida. No es que la carne acá sea cara, en realidad lo que ocurre es que los salarios son muy bajos”, afirma. El salario mínimo en Argentina es de 18.900 pesos (203 dólares al cambio oficial). En 2010 era de 1.740 pesos, pero equivalía a 440 dólares.

“El objetivo de los precios es referencial, pretende que incida en el resto”, señala Mario Dario Ravettino, titular del Consorcio de exportadores de carne argentina, una de las entidades que participan del acuerdo. Explica que las carnicerías quedaron fuera del programa porque compran medias reses, no piezas ya fraccionadas, como los supermercados, y porque es más difícil supervisar que respeten el precio acordado.

El Gobierno busca que el acuerdo con la cadena de suministro cárnico sea “un punto de partida para encontrar consensos con más actores en cuanto a los precios”. El control de la inflación es clave para este 2021 electoral, en el que los argentinos están convocados a renovar parcialmente las cámaras legislativas, pero las expectativas del mercado van en dirección contraria. En 2020, los precios aumentaron un 36,1% en Argentina pese a una contracción estimada del 10,5% del PIB. Este año, con la reactivación económica, se prevé que la inflación roce el 50%.




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