La ardua batalla contra la desinformación electoral en un Brasil enganchado a Internet

La ardua batalla contra la desinformación electoral en un Brasil enganchado a Internet

Las falsedades sobre las elecciones brasileñas que circulan por redes sociales casi cuatro meses antes de la votación son más sofisticadas que en los comicios de 2018. Entonces pillaron a casi todos desprevenidos. Y Brasil es terreno fértil porque pocos países están tan enganchados a Internet. Por eso, existen diversas iniciativas para impedir que se repita aquel escenario. El Tribunal Superior Electoral se ha aliado con WhatsApp, Facebook, Instagram, YouTube… e incluso con la inicialmente reticente Telegram para frenar la circulación de desinformación, medias verdades y mentiras que puedan interferir en los comicios.

El enemigo a batir es formidable porque las redes, además de omnipresentes, son para muchos brasileños el principal canal por el que se informan. Y ahora, como en 2018, la desinformación tiene la activa complicidad de Jair Bolsonaro, que dio la sorpresa al llegar a la Presidencia gracias al hartazgo popular y a una hábil estrategia de comunicación digital (infestada de falsedades).

Una mujer seguidora de Lula Da Silva usa su teléfono celular durante una protesta en apoyo del expresidente.Silvia Izquierdo (AP)

El periodista y analista de contenido digital Marlos Ápyus explica al teléfono que “las fake news ahora son más sofisticadas y más difíciles de desmentir (que en 2018). ¿Cómo pruebas que una carretera repleta de motoristas son, en realidad, 3.000 personas, que es un número pequeño?”, dice en referencia a las marchas moteras que Bolsonaro ha convertido en actos políticos. “Existe un duelo entre la realidad y la realidad retratada (por Bolsonaro) en el ámbito digital para contestar los resultados si pierde las elecciones”, añade. Sembrar dudas sobre las urnas electrónicas y sobre las encuestas es un pilar de la estrategia aunque el sistema de votación acaba de superar el asalto hacker al que ha sido sometido como parte de los test, según el tribunal electoral. La veintena de piratas informáticos contratados fracasaron en el intento de infiltrarse en el sistema.

La desinformación abunda. Un ejemplo reciente, denunciado por usuarios de Facebook. La agencia de chequeo de noticias Lupa rotuló con un FALSO un mensaje que decía que votar al presidente y dejar en blanco el resto de las opciones (gobernador y parlamentarios) invalidaba el voto, que iría a los nulos. Para darle verosimilitud, el anónimo emisario arrancaba así: “Un aviso, colegas, ayer hice por un cursillo para trabajar con la justicia electoral y…”. Mucho más burda era la mentira que triunfó en la recta final de las anteriores elecciones generales. El ultraderechista Bolsonaro, secundado por pastores evangélicos, decía que si ganaba el izquierdista Partido de los Trabajadores iba a implantar un kit gay en las escuelas para enseñar a los niños a ser homosexuales. Cientos de miles de electores compartieron la falsedad con sus allegados. Ahora circula otro en el que el gancho es que Lula confiesa que está poseído por el demonio.

Un estudio apuntaba el año pasado que, entre trabajo y placer, los brasileños pasan más de diez horas diarias conectados, solo por detrás de filipinos y colombianos. Eso incluye cuatro horas largas navegando por redes, sobre todo YouTube, Facebook e Instagram, o usando la mensajería instantánea de WhatsApp. Las tres últimas pertenecen a Meta, de Mark Zuckerberg.

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SuscríbeteEl presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, muestra los mensajes en su teléfono celular durante una conferencia en el palacio presidencial de Planalto, en Brasilia, Brasil.Eraldo Peres (AP)

La gerente de políticas públicas de Meta en Brasil, Monica Guise, explica la estrategia respecto a Facebook e Instagram. “La empresa elimina las noticias falsas que desalientan o interfieren en la votación o podrían dañar a personas en el mundo offline. Pero nuestro enfoque hacia la desinformación es marcar el contenido como falso y reducir su distribución. Entendemos que no debemos ser árbitros de la verdad”, dice en una entrevista por videollamada.

Explica Guise que en Brasil colaboran con cuatro agencias de verificación que analizan los post sospechosos, denunciados por usuarios, las autoridades electorales o detectados mediante inteligencia artificial. Si los verificadores dictaminan que el contenido es falso, Meta toma medidas: reduce su alcance, impide que se pueda pagar para promocionarlo y le coloca un filtro gráfico que alerta de que es falso. El usuario decide si pincha o no.

La aplicación de mensajes WhatsApp es considerada la principal vía por la que viralizaron las noticias falsas en 2018. Aquello supuso un trauma a la compañía, que tomó nota. Creó un equipo en territorio brasileño. “En 2018 nos consideraron los villanos”, recuerda el director para Políticas Públicas de WhatsApp en Brasil, Dario Durigan, durante una entrevista en su sede de São Paulo.

Explica Durigan que varias iniciativas puestas en marcha en las elecciones municipales de 2020 “sentaron las bases de la estrategia que ahora se refuerza”. Añade que, por sugerencia de la tecnológica, el Tribunal Superior Electoral brasileño prohibió los envíos de mensajes en masa. Han emprendido “la batalla contra las empresas de disparos en masa, hemos pedido a los candidatos que no las contraten porque va contra la ley y contra la democracia”. Denunciaron a Yacows y otras empresas, y por ahora han ganado todos los casos sentenciados. WhatsApp también ha decidido retrasar “como medida de precaución” la implantación en Brasil de una de sus novedades mundiales: la ampliación a 512 usuarios el tamaño máximo de los grupos, el doble que ahora, un cambio que aquí llegará tras los comicios.

Uno de los grandes atractivos de Telegram es que permite grupos realmente gigantescos. El otro es que sus reglas son más laxas que las de sus competidoras estadounidenses. Como explica el especialista Ápyus, “tiene menos usuarios que WhatsApp pero es un público más comprometido. Y puedes compartir mensajes con un millón de personas”. Esta red creada en Rusia y con sede en Emiratos Árabes finalmente se ha avenido a colaborar con las autoridades brasileñas tras recibir un aviso en forma de orden de bloqueo. Recientemente, suspendió durante unos días el super grupo B38 oficial, que con 67.000 miembros se presenta como “el mayor grupo de apoyo a Bolsonaro en Brasil”. Días antes del cierre, en la avalancha de mensajes había varios que alertaban falsamente de que no votar a gobernador o diputado invalidaba el voto a presidente. Este miércoles, seguían circulando teorías conspiradoras sobre la covid y la viruela del mono mientras los comentarios del canal de Lula estaban suspendidos porque alguien había publicado pornografía.

Más allá del impacto electoral —siempre difícil de medir—, difundir noticias falsas es lucrativo. La cantidad de vídeos en YouTube que se hacen eco la campaña de Bolsonaro poniendo en duda la seguridad de las urnas electrónicas se ha disparado. Con 60 millones de visualizaciones, sus creadores han facturado 200.000 dólares, según el diario O Globo.

Nadie niega en Brasil la eficacia de la estrategia de comunicación digital de Bolsonaro y los suyos. Dirigida por su hijo Carlos, concejal en Río de Janeiro, es un terreno en el que el presidente saca mucha ventaja a Luiz Inácio Lula da Silva, favorito en las encuestas de voto. Las cuentas del presidente han sido suspendidas varias veces. Y el bolsonarismo no le hace ascos a las mentiras si sirven a sus objetivos.

Destaca Ápyus que Bolsonaro ya no es el diputado de 2018 sino un presidente con enormes fondos federales y con un Gobierno en el que las Fuerzas Armadas están muy presentes. “Aunque su discurso es más frágil, su bolígrafo (su poder) es mucho más fuerte. Ha conseguido eliminar a los competidores de su campo (la derecha) con la difusión de una versión distorsionada de la realidad y ataques digitales que amplían el rechazo hacia ellos”. Primero cayó el juez Sérgio Moro, que encarceló a Lula, y después, el exgobernador João Doria.

En el radar está también la posible compra de Twitter por parte de Elon Musk, que quiere readmitir a Donald Trump y la semana pasada se reunió con Bolsonaro en São Paulo, y la posible interferencia rusa en la campaña. Resultó llamativo que cuando el mandatario brasileño visitó a Vladímir Putin en Moscú en vísperas de la guerra de Ucrania, para hablar de fertilizantes y de paz, su hijo Carlos, el estratega digital y edil carioca, estuviera en la comitiva.

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