Isak no se hace el sueco


El invierno ha incordiado con toda su crudeza en la Real. Se las prometían felices en Anoeta, casi hubo que preguntar cuándo abre y cierra el mercado ante la previsible ausencia de movimientos y, de pronto, el subcampeón de Europa golpea la puerta con tanta fuerza que las consecuencias están a punto de ser devastadoras:
Willian
José pidió, según la versión oficial del club, no jugar en casa contra el Espanyol
mientras se resuelve la operación que tiene pinta de llevarle al Tottenham
. Es enero, hace frío. Mal momento para quedarse con las posaderas a la intemperie.



Con significar que la victoria sobre el Espanyol, sin género de dudas muy importante porque conduce a la Real a octavos de la Copa y no ensucia su maltrecho prestigio en esta competición, no ocupa todo el plano de la noticia, es suficiente para caer en que la inminente marcha de Willian
José será dañina. No será sencillo levantarse. Esto no es lo mismo que predecir un hundimiento del equipo, sino que será el turno de sobrevivir para que el adiós del delantero titular no sea traumático en el aspecto deportivo. Es imposible garantizar que la Real saldrá indemne de la maniobra. Enderezar el rumbo de la delantera no será un camino de rosas.

El punto más simbólico de la cuestión se recita de memoria. En el fútbol también está inventado que si un club de gran poderío como el Tottenham ahora ataca con todo y persuade a un futbolista que está forjando su carrera fuera de sus orígenes, no hay más que aceptar la realidad. Willian
José se dispone a irse en plena explosión de sus facultades, sí, siendo el máximo goleador del equipo, y también deja de pensar en la Real en su primera temporada amenazado por otro delantero. Como si no le estuviera gustando que le pongan en aprietos. Viene el Tottenham, hay partido de Copa y se hace el sueco.

Primera respuesta positiva

La vida en la delantera de la Real cambia repentina y radicalmente. Alexander
Isak no es Willian
José ni por asomo. No tienen nada que ver. La velocidad contra la potencia, el becario y la referencia, la posible estrella de mañana y la plenitud, la sonrisa inocente frente a la seriedad del asentado. Correr todo lo que sea en un partido o dosificarse. Sólo se parecen en que juegan de lo mismo, en la demarcación más complicada. La del encargo del gol.

La noche en que
Willian
José solicitó quedarse en casa
para meditar la oferta del Tottenham, Isak repartió razones para creer en que el futuro no tiene por qué apagarse, como cuando cae la noche. La más convincente, el decisivo gol que hizo, el 2-0 que cerró la eliminatoria. El público, sabio, le había animado con antelación, como si le empujara al cielo para que sea la estrella emergente. Como resulta lógico con 20 años, no bordó su primer partido sin Willian
José, pero, como si aparcara su nacionalidad, no se hizo el sueco.


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