México

“En mis películas todo lo personal se vuelve político”: Johanné Gómez Terrero


La vida de la joven Makenya (Yelidá Díaz) cambia cuando descubre que está embarazada. A partir de ese momento ingresa a la vida adulta y deberá encontrar su nuevo lugar dentro de una comunidad que padece los estragos del colonialismo y la opresión, al mismo tiempo la menor de 14 años ve como su abuelo se manifiesta contra las injusticias y su madre busca respuestas en las tradiciones ancestrales.

Después de ocho años de trabajo y de una gira por festivales internacionales, llega a México, Sugar Island, la primera ficción de la cineasta dominicana Johanné Gómez Terrero.

¿Qué te lleva a filmar Sugar Island?

La película tiene varios inicios, pero la génesis más lejana es el embarazo de mi sobrina a los 13 años. Fue un momento que me marcó porque me di cuenta de que tanto mi madre como mi abuela habían gestado también siendo menores de edad, y que de alguna manera yo había escapado de esa situación. A partir de eso quise trabajar sobre el embarazo en adolescentes. Cuando hago una película, pienso en qué peso histórico puede tener en la República Dominicana, por eso hago un cruce entre el tema del embarazo con la comunidad de los cañeros que se encuentran en lugares periféricos. Es decir, parto de algo personal, pero lo inserto con fenómeno más general.

La realidad es que la película es muy social, ¿sientes algún tipo de compromiso político como cineasta?  

A mí no me gustaría hablar de racialidad, pero la vida me empuja a eso. Hablar de esto visibiliza el tema y permite imaginar otro mundo posible. Por otro lado, es agotador porque todo el tiempo tengo que hablar de opresiones que sufren las minorías, y pareciera que tengo cierta responsabilidad de educar cuando realmente es una responsabilidad que se debe asumir desde otras instituciones o desde personas que cuentan con privilegios, y no por parte de quienes padecen opresiones. En mis películas todo lo personal se vuelve político, pero no porque yo me proponga ser activista, sino porque la presencia en el mundo ya nos vuelve activistas.

Sugar Island se mueve al menos en tres planos: la historia de la joven embarazada, la realidad de los cañeros y también la relación con lo ancestral para subvertir el colonialismo. ¿Te lo planteaste así desde el principio?

Al principio la película se pensó como un documental y eso implicó una investigación que a su vez abrió muchas capas. Mi gran reto fue entretejerlas para que tuvieran sentido. Cuando piensas en una ficción lo haces de una manera aristotélica, es decir, con un personaje que va de un punto A a un punto B. En mi caso fue al revés, partí de un tema y una subjetividad, y después tomé conceptos como la interseccionalidad y de la necesidad de hablar de las opresiones que contiene un cuerpo negro adolescente. Todo esto surgió a partir de la investigación, ya después hubo que traducirlo al lenguaje de la ficción.

¿Cómo llevarlo a la ficción sin revictimizar en este caso a la joven?

Para mí era importante que la película estuviera acompañada por las personas que encarnan las opresiones y los temas de los que habla Sugar Island. Ese proceso de validación está atravesado por involucrar a toda la comunidad. Por supuesto, es una historia interpretada y contada por mí, pero me interesaba que la participación de la comunidad potenciara el relato. Algo que dignifica este tipo de historias es no mostrar una sola cara, sino dejar en claro que todos los personajes son poliédricos y tienen contradicciones. Si bien estoy hablando de una periferia, esa periferia también tiene belleza y profundidad. Era importante que los personajes y espacios fueran bellos porque casi siempre que se muestran cuerpos negros, racializados y migrantes, son de personas que son víctimas y están sufriendo. Creo que la dignidad que brindas a los personajes tiene que ver con esta multidimensionalidad.

Das mucha importancia a la espiritualidad a la película, ¿por qué?

Me inspiré en la revolución haitiana que fue guiada por dos servidores del misterio conocidos como houngans o sacerdotes del vudú. Y esa revolución está marcada por la espiritualidad porque en este sentido es una filosofía de vida. Haití fue la primera nación negra de este nuevo mundo. Hasta hoy pocas veces se nombra que la abolición de la esclavitud empieza en Haití y que ese hecho está marcado por un movimiento espiritual. Las naciones de África que llegaron a este lado del mundo no son homogéneas, pero se unen a partir de que encuentran una espiritualidad en común. Buscar caminos de fuga contra la opresión tiene que ver con eso, un despertar social es también un despertar espiritual.

Uno ve tu película y es notable la cantidad de temas que conectan con México, sin embargo, es poco el cine dominicano que llega. ¿Qué tan difícil es hacer cine en tu país y por qué hay tanta desconexión entre países cercanos?

No es casual que nuestras historias no circulen en la región. La maquinaría de la Conquista se encargó de fragmentarnos, incluso geográficamente el Caribe está más cerca y nuestras películas tampoco circulan. El Caribe finalmente es una frontera imperial, uno es anglófono, otro francófono y uno más de habla hispana. Es verdad que “celebramos un proceso de independencia”, pero la realidad es que crearon naciones ficcionalizadas que toman modelos coloniales para establecerse hasta hoy. Se propicia que nuestras historias no circulen porque eso nos fragmenta y nos impide ver cuánto en común tenemos. Ahora en Dominicana vivimos un buen momento de producción porque hay incentivos, lo que nos cuesta trabajo es distribuirlas y hacer que circulen. Soy consciente de que mi película ha logrado salir porque se estrenó en el norte global. Todavía necesitamos que el norte valide nuestras películas para poder abrazarlas, ahí tenemos un pendiente por hacer.

¿Piensas en los temas que interesan en el norte global al momento de hacer una película?

Sobretodo los productores. Las películas o son comerciales o te dan prestigio, lo ideal es circular en medio, pero no siempre se logra. Honestamente al hacer una película puedes pensar en estrategias y lenguajes, pero eso tampoco garantiza el recorrido. En mi caso, me costó tanto esta película que nunca pensé dónde iba a estrenar. Mi mayor preocupación era poderla terminar.



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